"Hay momentos en que se me corta la respiración", dice García, "sencillamente no puedo respirar".
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En el sexto aniversario de los ataques del 11 de septiembre de 2001 mucho se ha debatido sobre si tiene sentido o no conmemorar una fecha que todos los estadounidenses, de una u otra forma, quisieran olvidar.
Sin embargo, para los miles de voluntarios y empleados que participaron durante meses en las labores de limpieza y remoción de escombros en la Zona Cero y que hoy sufren algún tipo de enfermedad respiratoria, gastrointestinal o psicológica, olvidar, sencillamente, no es una opción.
Manuel García, un colombiano que llegó hace ocho años a buscar una mejor vida en Estados Unidos, es una de esas personas para las que el 11 de septiembre es un recuerdo permanente. "Hay momentos en que se me corta la respiración", dice García, "sencillamente no puedo respirar".
De acuerdo a las más recientes cifras del Mount Sinai Medical Center de Nueva York, casi un 70% de las personas que trabajaron en la Zona Cero los meses posteriores a los atentados desarrollaron enfermedades pulmonares por primera vez, o síntomas ya presentes se deterioraron.
Cientos de esos trabajadores y voluntarios son hispanos y no por casualidad parecen estar llevando la peor parte.
Hispanos en problemas
"La gente está afectada hasta para caminar", dice Joel Magallán, director de la Asociación Tepeyac, una organización que defiende los derechos de los inmigrantes hispanos en Nueva York y que se ha dedicado a ayudar a aquellos que trabajaron en la Zona Cero y que hoy están enfermos.
"Los pulmones no les funcionan bien por lo que no pueden trabajar, y lo peor es que no hay ninguna indemnización para ellos... realmente es una vida muy difícil", agregó Magallán.
"Muchos de los hispanos no recibieron compensaciones como consecuencia de su situación legal en EE.UU.", le dijo Magallán a BBC Mundo.
"En los programas de asistencia federal que se crearon en ese entonces no se consideró que los indocumentados fueran a ser objeto de esos beneficios. Incluso, en algunos casos aislados en los cuales hubo fondos disponibles, fue difícil comprobar técnicamente que éstos realmente trabajaban en el World Trade Center", agregó.
Ayuda
En los últimos años, organizaciones comunitarias como la Asociación Tepeyac han logrado canalizar recursos hacia los hispanos más necesitados mediante acuerdos con instituciones como el Mount Sinai Medical Center, uno de los cuatro receptores más grandes de ayuda federal para atender enfermedades vinculadas al trabajo en la Zona Cero.
Aunque no se habla de indemnizaciones ni de grandes beneficios, es una alianza que le ha permitido a cientos de personas como Manuel García recibir el máximo descuento posible en sus servicios de salud. Y aunque Joel Magallán lo considera un alivio que le cae muy bien al bolsillo de los hispanos, cree también que aun queda mucho por avanzar.
"Yo creo que la gente debería tener lo necesario para vivir mientras están en tratamiento médico", dijo Magallán, "y no lo tienen".
A Gelmer Rendón, un colombiano de 46 años de edad, se le han practicado ya dos cirugías en los discos de la columna, sufre de migrañas diariamente, fue diagnosticado con sinusitis y padece de una gastritis crónica.
"El Mount Sinai me ayuda con las medicinas", dice Rendón, "pero no con los tratamientos porque esos cuestan plata y yo no tengo cómo pagarlos. Lo único que tengo es una tarjeta de emergencia pero que no me cubre lo que realmente necesito".
Panorama poco alentador
A Epifanía Reyes le diagnosticaron sinusitis y un tumor en el pómulo a raíz de esa enfermedad.
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Epifanía Reyes es la prueba clara de que ni siquiera en los casos "exitosos" el panorama es halagador. Reyes trabajó luego del 11 de septiembre limpiando en oficinas y espacios residenciales en las zonas aledañas a la Zona Cero.
Recientemente le diagnosticaron sinusitis y un pequeño tumor en el pómulo derecho como consecuencia de la enfermedad. "Lo único que nos daban para protegernos del polvo era unas mascaritas que cualquiera podría tener en la casa", recordó Reyes.
Reyes ganó un caso de compensación en 2005 que le representa una asignación mensual de casi US$500 dólares. "Uno no puede vivir con eso y yo enferma no puedo volver a trabajar", le comentó Reyes a BBC Mundo, "además mi familia se ve afectada porque no puedo hacer nada para ayudarles, no puedo ayudarle a mi esposo y los gastos son muchos".
El Congreso de Estados Unidos ha prometido una ley para garantizar recursos y asistencia a las personas que están sufriendo de algún tipo de enfermedad relacionada con su trabajo en la Zona Cero. La gran duda que surge, como siempre, es qué tanto de esos beneficios llegarán a los hispanos de la forma en que lo necesitan.