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Barbara Plett
BBC Islamabad
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Estudiantes armados vigilaron la mezquita
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La decisión del presidente Pervez Musharraf de tomar por asalto la Mezquita roja en Islamabad, y sus declaraciones sobre el terrorismo, son un reto para el Talibán paquistaní y sus intentos de movilizar la oposición religiosa contra el gobierno militar.
Lo fácil era pensar que los estudiantes, muchos de ellos vestidos de burka, en la Mezquita Roja representaban sólo a un grupo de fanáticos, especialmente cuando comenzaron a hablar sobre sus sueños.
Me dijeron en una entrevista hace unos meses que el profeta Mahoma se les había aparecido, les había dado espadas y les había dicho que hicieran la guerra santa contra el general Musharraf.
"¿Cómo podíamos quedarnos sin hacer nada cuando recibíamos esas señales?", se preguntaban.
Los estudiantes -muchas de ellos jovencitas-, vinieron casi todos del conservador noroeste de Pakistán, cerca de las regiones tribales de la frontera con Afganistán.
Viajé allá para reunirme con un comandante del Talibán paquistaní, un movimiento religioso radical inspirado en su homólogo afgano.
Interpretación literal
Cuando estábamos por salir, mi colega, un periodista local, se quitó los calcetines y me los arrojó.
"Tienes que cubrirte", me dijo en respuesta a mi expresión confundida, y señaló mis pies desnudos. Después me puso una frazada sobre los hombros.
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Los clérigos que manejaban la madraza (o escuela islámica) de la mezquita coincidían claramente con lo que pensaban los estudiantes y sus familiares tanto como quienes viven en las remotas regiones tribales
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Vestida así en un calor asfixiante, me sentí aliviada cuando la entrevista no se pudo concretar.
El Talibán creen en una interpretación completamente literal del Islam. Y usa la violencia para aplicarla.
En el poblado fronterizo que visitábamos habían prohibido la música y vigilaban celosamente su decreto.
Todos obedecían.
Un artista que canta en bodas me habló sobre las dificultades que representaba perder su trabajo, pero no se quejó del Talibán. Tenía mucho miedo.
El dueño de una tienda de música comenzó a vender cassettes islámicos -pese a que perdía dinero- después de que arrojaron una bomba incendiaria a su negocio.
Pero nos dijo que conservaba algunas grabaciones prohibidas y las vendía a escondidas, como si fueran drogas.
Sentido del deber
Finalmente nos reunimos con un comandante Talibán.
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Hemos esperado 60 años a que la policía impida conductas anti-islámicas, y ahora nos vemos forzados a hacer su trabajo
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Él y sus hombres llegaron en medio de un gran estruendo por el lecho de un río seco en sus camionetas, y nos encontramos en un trigal.
No parecían bromear, con sus Kalashnikov (AK-47) al hombro y pistolas en fundas cruzadas sobre el pecho.
El comandante nos dijo que el Talibán tiene el derecho de imponer la ley islámica donde pueda, porque el gobierno no ha podido hacerlo.
"Hemos esperado 60 años a que la policía impida conductas anti-islámicas", dijo. "Ahora nos vemos forzados a hacer su trabajo".
Protección del gobierno
El sitio de una semana a la Mezquita Roja de Islamabad impulsó esta forma de Islam talibanizado a los titulares de prensa, y conmocionó al país con su violenta conclusión.
Sin embargo, los clérigos que manejaban la madraza (o escuela islámica) de la mezquita claramente tocaron fibras íntimas de los estudiantes y sus familiares, así como de quienes viven en las remotas regiones tribales.
Por supuesto que los jóvenes de la mezquita y sus familiares eran personas piadosas y conservadoras que implícitamente confiaban en sus líderes religiosos. Pero se trataba de algo más que eso.
Me sorprendió la reacción de un padre detrás de las barricadas durante el sitio.
Los radicales religiosos buscan aprovechar el descontento con el gobierno.
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Lo agobiaba la preocupación por sus hijas de 10 y 14 años. Le habían dicho que estaban dispuestas a quedarse y convertirse en mártires junto con sus maestros.
Pero también estaba furioso con el ejército.
"Este país sólo protege a la élite", dijo. "Los cuerpos de seguridad sólo protegen al presidente y al gobierno, pero no a las personas comunes y corrientes".
Control
Los clérigos aprovecharon ese fuerte sentido de injusticia y desigualdad.
Esa fue la línea que adoptó el imán Abdul Ashid Ghazi, quien sabía cómo funcionan los medios y murió durante el asalto del ejército.
"El nuestro es un sistema islámico que entra en acción cuando el Estado no actúa", me dijo. "El sistema de gobierno en Pakistán no funciona. Es corrupto, y el pueblo está cansado de eso".
Sus estudiantes armados no sólo secuestraban presuntas prostitutas, sino que también representaban a las víctimas de violaciones cuando sus agresores eran personajes ricos, poderosos y por encima de la ley.
Ese es el mensaje. El gobierno no funciona, el imperio de la ley se está desmoronando, y el Talibán tratan de tomar el poder por la fuerza.
Población intranquila
El presidente Musharraf afirma que el gobierno no puede tolerar tal desafío a la autoridad.
La debilidad de su argumento, por supuesto, radica en que él mismo tomó el poder por la fuerza en un golpe militar.
En ese tiempo declaró que estaba rescatando al país y que el gobierno civil había llevado a Pakistán al borde de la ruina.
Al principio los demócratas liberales lo recibieron bien porque estaban cansados de sus ineptos líderes civiles.
Pero ahora están cansados de sus gobernantes autocráticos.
Y en zonas tribales algunos aceptan a los talibanes como proveedores de una justicia violenta en ausencia de cualquier otro tipo de justicia.
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Cada vez hay más paquistaníes que se preguntan si puede haber alguna otra cosa mientras haya un general en la silla del Presidente
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El presidente insiste en que encabeza una democracia y señala por ejemplo instituciones civiles como el parlamento.
Pero sus críticos liberales lo acusan de concentrar el poder en sus propias manos y marginalizar a los partidos políticos moderados.
El vacío político, argumentan, lo han llenado los extremistas religiosos.
En la Mezquita Roja se usó la fuerza para reprimir a estos islamistas radicales.
Pero cuando caminaba entre los restos de la madraza, carbonizados por la batalla, me pareció claro que no puede haber una solución militar a los problemas de Pakistán.
Sin embargo hay cada vez más paquistaníes que se preguntan si puede haber alguna otra cosa mientras haya un general en la silla del Presidente.