En Irak los dirigentes han insistido en que han realizado progresos en las ámbitos militar y político, una forma defender sus esfuerzos ante las críticas de la administración Bush este jueves.
Y si bien en Estados Unidos las palabras del presidente Bush fueron interpretadas como un fracaso de su estrategia en Irak, en las filas del gobierno de Irak se resiente que tanto partidarios como opositores del presidente estadounidense culpen principalmente a los iraquíes.
"Culpar al gobierno iraquí de todos los errores y dificultades -sí, por una parte es nuestro país y necesitamos arreglarlo-, pero creo que es injusto que se nos atribuya toda la culpa", aseveró el canciller Hoshyar Zebari a la BBC.
"Sí, el gobierno tiene sus defectos, está trabajando bajo condiciones difíciles, pero no significa que no estemos haciendo nada", agregó Zebari.
Reformas pendientes
El gobierno ha insistido que las reformas políticas indispensables para lograr la unidad nacional y reincoporar a los sectores sunitas al proceso político, serán terminadas antes del final del año.
Poco ha cambiado para los civiles con el operativo de seguridad.
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Pero para el iraquí promedio, sin interés en morder el pastel político, y quien vive a diario la falta de avance en la reconciliación nacional, el gobierno del primer ministro Nuri Maliki parece enfrascado en cizañas y pequeñeces.
"Estamos en un estancamiento total, porque el gobierno no piensa en el futuro de Irak sino sólo en la ganancia política de su coalición, de sus partidos", indicó a BBC Mundo Khalaf Manshadi, analista político en Basora.
Por ello hay poca fe en que en la situación actual las reformas avancen, debido a que no se ha establecido un diálogo frontal con la insurgencia, y las facciones permanecen en discordia.
"La guerra continuará. Esos cambios no sucederán ni al final del año, ni el año que viene, ni dentro de 50 años si esta política continúa, si el gobierno no toma el tema en serio", afirmó Manshadi.
Sueño de paz
Pocas cosas han cambiado para los civiles desde que inició un nuevo operativo de seguridad iraquí-estadounidense a inicios de este año.
Se percibe que las fallas provienen de la cúpula iraquí en el poder.
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Las prioridades hoy por hoy para los iraquíes siguen siendo los servicios básicos como agua, electricidad y la salud, pero sobretodo la reconciliación nacional, sin la cual los más básicos movimientos, como enviar a los menores a la escuela, no están garantizados.
Y existe la percepción de que las fallas provienen más de la cúpula iraquí en el poder, que de Washington.
"No defiendo en absoluto a Estados Unidos, pero están haciendo su trabajo en el aspecto de seguridad. Pero el gobierno de Irak no está haciendo nada a nivel político", dijo Khalaf Manshadi.
No sólo resulta indispensable necesario avanzar en las reformas a la constitución que siguen pendientes, sino que ahora el gobierno de Nuri Maliki ha sido debilitado por el boicot de los sunitas al gabinete y parlamento.
Cambio radical
Parece evidente que la retirada de los estadounidenses no mejorará la situación en el terreno. Al contrario, crear un vacío de poder podría eliminar la poca estabilidad que le queda al país de los dos ríos.
Pero entonces, ¿cómo vislumbrar una salida al problema tan complejo?
"Necesitamos un cambio radical, y no me refiero a que se instale un partido comunista. Es necesaria una coalición nueva, con una visión nacionalista abierta que incluya a todas las sectas", sugirió Khalaf Manshadi.
"Incluso iría más lejos, hacer elecciones nuevas para cambiar el parlamento actual, bastante inútil, cuya mitad está fuera de Irak y nunca hay una mayoría para votar", concluyó Manshadi.
Por su parte, el presidente de Irak, Yalal Talabani, señaló que se han dado "desarrollos positivos en el nivel político", particularmente en el esfuerzo para reconfigurar el gabinete y establecer "un frente de fuerzas moderadas comprometidas con el proceso político y la democracia en Irak."
Suena bien en teoría, pero en la practica los iraquíes esperan resultados rápidos y menos retórica por parte de un gobierno que consideran ineficiente y demasiado dependiente de Estados Unidos.
Sobretodo, porque los días del presidente George W. Bush están contados y el cambio radical que muchos desean podría ser, nuevamente, impuesto por Washington y en detrimento de la mayoría.