|
Jonathan Marcus
Analista de la BBC en temas diplomáticos
|
Hamas logró imponerse a Fatah y destruyó su cuartel general.
|
Medio Oriente corre el riesgo de verse envuelto en un ciclo de violencia cada vez mayor.
Los enfrentamientos en Gaza y el claro predominio de Hamás provocan muchas preguntas sobre el futuro de la lucha entre los palestinos e Israel.
Pero primero que nada hay que ver claramente qué pasa.
Esta no es una guerra civil palestina en la que una sociedad dividida apoye a cada uno de los protagonistas, sino una lucha desde arriba por el poder, protagonizada por elementos de las fuerzas de seguridad, milicianos y grupos armados vinculados a Hamas y a Fatah.
La mayor parte de los palestinos son espectadores de esta pugna.
Pero las consecuencias para la región pueden ser considerables, especialmente para las metas diplomáticas de Washington.
Magros efectos
Desde hace tiempo, Estados Unidos ha querido que Fatah detenga la creciente influencia de Hamas, y tenía planes ambiciosos para armar y entrenar a las fuerzas leales al líder de Fatah y presidente de la Autoridad Nacional Palestina Mahmoud Abbás.
Esos planes se han puesto en práctica pero han tenido magros efectos, porque Hamas parece haberse impuesto a Fatah en casi todos los enfrentamientos actuales.
Tampoco es claro qué resulta de esta violencia.
¿Pueden lograr Egipto y Arabia Saudita un nuevo acuerdo para compartir el poder?
¿O estamos viendo dos entidades palestinas distintas, una en la Franja de Gaza controlada por Hamas y otra en Cisjordania dominada por Fatah?
No hay guerra civil sino lucha por el poder.
|
Estas noticias van a moderar el entusiasmo de Washington.
El asesinato de un importante legislador antisirio en Líbano es una señal más de que las fuerzas que tratan de llevar al caos al país todavía están activas.
Y el bombardeo de la mezquita de Samarra amenaza con tensar la estrategia de seguridad en Irak, sobre todo ahora que muchos formadores de opinión en Washington han expresado escepticismo ante la situación en esa parte del mundo.