Las protestas anti-globalización se asemejan a un carnaval.
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Unos 20 mil manifestantes se reunieron para la marcha anti-globalización el pasado sábado en Rostock, una ciudad a orillas del mar Báltico y a 30 kilómetros de Heiligendamm, el centro de la reunión del G8.
Hay muchos disfraces coloridos, uno particularmente extraño: una suerte de pollo gigante.
"¿Que representa usted?", pregunto.
La mujer se asoma a través de su traje y responde: "represento a un pollo de Camerún".
"Significa que acá en Alemania comemos sólo lo que nos gusta del pollo, la pechuga, y el resto lo vendemos baratísimo a Camerún, donde se termina así por destruir la industria del pollo en ese país".
Es un poco extraño que las acusaciones a los países ricos de causar explotación, hambre, miseria y muerte se den en un ambiente de carnaval, por habitantes de países ricos.
Los autónomos y la violencia funcional
Esa misma tarde un grupo de militantes de extrema izquierda anarquista llamado "Autónomos" se enfrentó con la policía.
Los manifestantes recurren a la violencia para llamar la atención de los medios.
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Más de mil personas resultaron heridas en uno de los peores enfrentamientos de los últimos años entre la policía y manifestantes.
El sábado y el domingo siguieron los disturbios y previsiblemente continúen durante las reuniones del G8 este jueves y viernes.
"Sin violencia ninguno de ustedes publicaría algo" me comentó uno de los integrantes de "Autónomos" hace algunas semanas en Berlín.
"La violencia que usamos es funcional y sirve para llamar la atención a problemas que de otra manera no interesarían a ningún medio internacional".
La punta del iceberg
"El sentido es comunicar un 'no' a los miembros del G8, que es un club ilegítimo, donde representantes de ocho países ricos se reúnen para tomar decisiones que afectan a todo el mundo" le comentó a la BBC uno de los organizadores de la protesta, Martin Schmalzbauer.
Los líderes del G8 son el blanco de las críticas y burlas de los activistas.
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"Se ha simplificado la diversidad del movimiento y se reduce a la violencia en las manifestaciones, que también viene preparado por una política: el cercamiento a Heiligendamm señala una concepción del 'enemigo' frente al cual hay que protegerse", comenta a la BBC el filósofo Mauro Basaure, director del Grupo Internacional de Estudios de la Teoría Crítica en Frankfurt.
"Otra reducción de los medios es cubrir sólo las manifestaciones contra la cumbre, cuando se trata de todo un ciclo de protestas y discusiones que es un relanzamiento de la crítica al capitalismo. Se reduce a las manifestaciones callejeras, pero eso es sólo la punta de iceberg; son la manifestación de algo mucho más basal y menos visible" comenta Basaure.
La otra cumbre
En Rostock se desarrolla paralelamente una "cumbre alternativa" donde activistas, profesores e intelectuales discuten los temas del G8 bajo una perspectiva crítica.
Sin duda el aspecto simbólico de los enfrentamientos entre manifestantes y policías es lo que queda grabado en la memoria de la mayoría de la gente que sigue a esta reunión del G8, pero parece ser que mucho del descontento internacional por el proceso de globalización actual también ha comenzado a llegar a sus líderes.