La valla de seguridad rompe la belleza del paisaje en Heiligendamm.
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Cuesta trabajo incorporar la valla de 12 kilómetros de largo en el paisaje de praderas, bosques y mar que rodea a Heiligendamm, en Alemania.
La valla circula implacable en medio de ellos, a unos 6 kilómetros del Gran Hotel Kempinski, donde el 7 y 8 de junio próximo será la reunión de grupo de naciones más ricas del planeta, el G8.
Pero la valla (que costó unos 17 millones de dólares) es sólo el ejemplo más visible y fotogénico de las inéditas medidas de seguridad que el gobierno alemán ha previsto para la cumbre.
Restricción de movimiento
La libre circulación entre los miembros y asociados de la Unión Europea, garantizada por el llamado Acuerdo de Schengen, será suspendida temporalmente.
La policía organiza lugares para mantener presos a masas de manifestantes y podrá detener además, preventivamente, hasta por 10 días, a personas que considere un peligro potencial para la reunión.
La prohibición de manifestaciones se extenderá los días de la reunión a 6 kilómetros detrás de la valla de seguridad, con lo cual las protestas serán confinadas, como mínimo, a 13 kilómetros de los miembros del G8.
Hasta prominentes políticos conservadores, como el ex secretario general del Partido Demócrata Cristiano alemán, Heiner Geissle, se quejaron por la medida.
"Cuando la gente protesta pero no pueden ser siquiera vistos por aquellos contra quienes protestan, entonces ese derecho se convierte naturalmente en una farsa", comentó Geissle, que inmediatamente se afilió a Attac, una de las principales organizaciones que se oponen al G8.
"Intimidar, fraccionar"
Nadie los podrá ver.
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Algunas de esas organizaciones intentan ahora reclamar ante el tribunal constitucional alemán el levantamiento de la medida, mientras que miembros de Attac, como Martin Schmalzbauer, creen que esas medidas son usadas para intimidar a posibles manifestantes.
"Muchas medidas se apoyan en una ley contra agrupaciones antiterroristas. El propósito de estas medidas es intimidar a la gente y fraccionar el movimiento", opinó Schmalzbauer a la BBC.
La ya tensa situación se agravó más hace dos semanas, cuando grupos de choque de la policía hicieron allanamientos en centros de organizaciones anti-G8 en varias ciudades alemanas. Muchos políticos criticaron la acción, mostrando que con eso sólo se conseguiría radicalizar a los grupos.
Diecisiete mil policías y 1200 soldados estarán vigilando la reunión, seguramente nada indiferentes para los apenas 4.000 habitantes del pueblo de Heiligendamm, que en sus épocas de gloria, a principios del siglo XX, sólo recibía a los esplendorosos bañistas de la nobleza europea.
Las protestas serán confinadas, como mínimo, a 13 kilómetros de los miembros del G8.