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Jueves, 10 de mayo de 2007 - 10:27 GMT
Irak, la gran incógnita
Javier Farje
Javier Farje
BBC Mundo

Casi desde el mismo momento en que Tony Blair anunció su intención de no presentarse a las próximas elecciones generales, las especulaciones sobre lo que hará el nuevo primer ministro con las tropas británicas en Irak han sido la comidilla en los pasillos del poder en el palacio de Wesminster, sede del Parlamento.

Gordon Brown
Si Gordon Brown es elegido líder del Partido Laborista, se convertirá en primer ministro.
Aunque su sucesor se decidirá oficialmente en las próximas semanas, se habla de un traspaso de poder y liderazgo, casi protocolar, a su ministro de Economía, Gordon Brown.

Si Brown se convierte en el próximo primer ministro, a juzgar por su actitud, tanto en la retórica como en el bolsillo, todo parece indicar que poco va a cambiar respecto a Irak.

Pero hay elementos en su discurso que no dejan demasiado espacio para la claridad de intenciones.

Lo que sí sabemos es que está prevista la retirada de 1.600 soldados británicos en los próximos meses y de otros 500 efectivos hacia finales del verano boreal.

Reducción de tropas

En la actualidad, el Reino Unido tiene 7.200 soldados en Irak, principalmente en Basora, y constituye la segunda fuerza militar extranjera en importancia, después de Estados Unidos.

La idea es que el Reino Unido continúe transfiriendo la responsabilidad por seguridad de las zonas en las que actúa a las fuerzas iraquíes, algo que resulta bastante difícil en este momento, a juzgar por los recientes casos de abuso de poder e ineficiencia en el combate a la insurgencia.

Manifestantes en Londres en 2003
En 2003 millones de británicos protestaron contra los planes de atacar a Irak.
Nick Robinson, editor político de la BBC, sostiene que se trata de una reducción de tropas menos ambiciosa de lo que los militares esperaban.

Brown no ha dicho si cambiará esa estrategia.

Tampoco ha dado a entender si el tesoro, de cuya custodia se seguirá encargando mientras Blair prepara su partida de Downing Street, va a dejar de financiar la presencia militar británica en Irak o si la reducirá.

Reconstrucción

En todo caso, parece que el posible sucesor de Tony Blair prefiere concentrarse en el desarrollo de la posguerra para dejar a los generales los asuntos bélicos.

Estamos comprometidos a apoyar a los iraquíes en construir una nación democrática que le dé seguridad y prosperidad a su pueblo
Gordon Brown
Durante su primera visita a Bagdad, en noviembre del año pasado, el ministro de Hacienda prometió US$188 millones para ayudar a la reconstrucción del país.

"Estamos comprometidos a apoyar a los iraquíes en construir una nación democrática que le dé seguridad y prosperidad a su pueblo y que tenga un papel importante en la economía regional y mundial", dijo Brown en esa ocasión, luego de entrevistarse con miembros del gobierno de Bagdad.

Algunos diputados laboristas que se opusieron a la guerra y que consideran que la invasión le ha hecho mucho daño a la imagen del Laborismo, esperan que Brown cambie de política.

Ambigüedades

Leer entre líneas los discursos y declaraciones de Brown requiere, en todo caso, un ejercicio de decodificación de ambigüedades.

Tony Blair y George W Bush
Brown no ha confirmado si tendría los mismos vínculos con EE.UU. que Blair.

Por ejemplo, antes de las elecciones generales de 2005, cuando un periodista de la BBC le preguntó sobre la guerra en Irak, Brown dijo: "Por supuesto que hay lecciones que debemos aprender, como dijo Tony Blair, sobre la forma en que hacemos las cosas...al fin y al cabo, queremos avances en la seguridad y en los intereses nacionales del Reino Unido".

Durante su primera entrevista con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, Brown se negó a decirle a la prensa si su relación con la Casa Blanca sería la misma que tuvo Blair.

Militares preocupados

En todo caso, Brown, o quienquiera que suceda a Blair, tendrá que tener en cuenta el creciente malestar que existe en los estamentos militares con respecto a la forma en que se está manejando el conflicto iraquí.

Militares con el ataud de un soldado británico caído en Irak
Unos 150 soldados británicos han muerto en Irak.

El mes pasado, durante una comparecencia ante el comité de defensa del parlamento británico, el mariscal del aire Jock Stirrup, jefe del Consejo de Defensa, dijo que las fuerzas armadas están "en el límite de su capacidad", debido a su presencia en Irak y Afganistán.

Stirrup sostuvo que necesitarán "en un futuro cercano reducir nuestros compromisos, sino vamos a tener que evaluar la estructura misma de nuestras fuerzas".

El alto oficial prefirió no entrar en el terreno minado de la especulación política, cuando le preguntaron si consideraba que el Reino Unido tendría que dedicar un presupuesto mayor para las fuerzas armadas.

Usted posiblemente piensa eso, pero yo no puedo comentar
Mariscal del aire Jock Stirrup
"Usted posiblemente piensa eso, pero yo no puedo comentar", sonrió, citando a un personaje de una sátira política británica.

Otros militares, sobre todo el general retirado Michael Jackson, ex jefe del comando conjunto de las fuerzas armadas, han sido menos diplomáticos en su evaluación de la forma en que el gobierno se ha conducido en Irak.

En una entrevista concedida a la BBC a comienzos de año, Jackson criticó lo que consideró la falta de recursos con los que cuentan los militares para cumplir sus tareas en Irak.

Factor político

Muchos observadores consideran que el factor político, en este caso, las posibilidades de recuperar la iniciativa en las encuestas de opinión, forzará a Gordon Brown a adoptar una actitud menos belicista y más pragmática con respecto a Irak.

A juzgar por los resultados de las elecciones autonómicas y municipales de la semana pasada, se trata de una tarea titánica.

Además, la guerra en Irak no es muy popular, por decir lo menos, con la opinión pública británica.

Casi desde el mismo momento en que Tony Blair decidió ir al combate, los observadores se han preguntado hasta que punto Gordon Brown mostró el mismo entusiasmo que su líder.

Primer discurso

En su libro de memorias, el ex ministro David Blunkett parece insinuar que Brown simplemente se acopló a la decisión colectiva de su gabinete sin la convicción de Blair.

Pero, según el analista político de la BBC, Nick Assinder, "si, en efecto, Brown se oponía a la guerra, su primer deber habría sido renunciar" al gabinete.

No lo hizo, como sí ocurrió con el fallecido Robin Cook, quien fungía como canciller, y quien era la ministra de Desarrollo Internacional, Claire Short.

Todo queda, por el momento, en el terreno de la especulación.

Nada se sabrá hasta que Gordon Brown no pronuncie su primer discurso como jefe de gobierno.

Y ser ambiguo es un lujo que no se podrá dar, por el bien de su propio futuro político.

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