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Jueves, 10 de mayo de 2007 - 09:50 GMT
Blair, el mejor amigo
Lourdes Heredia
Lourdes Heredia
BBC Mundo Washington

Tony Blair y George W. Bush
La lealtad a Washington ha sido una de las características del gobierno de Blair.
Tony Blair es uno de los pocos amigos que tiene Estados Unidos. Esta es la frase que repiten constantemente los estadounidenses cuando se les pregunta por el primer ministro británico.

Leal e inteligente son los calificativos que frecuentemente acompañan esta frase.

Él fue leal a Bush aún cuando esto le ocasionó tantos problemas en su país
Tim, ingeniero estadounidense
"Él fue leal a Bush aún cuando esto le ocasionó tantos problemas en su país. Creo que si no hubiera sido por nosotros, el legado de Blair sería distinto... ¡pobre!", exclamó Tim, un ingeniero de 30 años cuando salí por las calles de Washington a ver qué me decían del premier británico.

Los niveles de aprobación con los que cuenta Blair en Estados Unidos contrastan con la impopularidad en su propio país y en algunos países de Europa, particularmente porque su figura quedó irremediablemente unida a la guerra en Irak.

Su relación con Clinton

Los estrechos lazos de Blair con Washington se establecieron inmediatamente después que llegó al poder, en 1997.

En ese momento, al otro lado del Atlántico, el demócrata Bill Clinton era presidente de Estados Unidos y entre ellos todo parecía acoplarse sin dificultad.

Bill Clinton, ex presidente de Estados Unidos.
Bill Clinton sigue siendo un gran amigo de Blair.

Políticamente eran almas gemelas, intelectualmente estaban a la misma altura, su estilo, sus capacidades de liderazgo y oratoria eran afines, sus gustos eran compatible y hasta sus esposas, buenas amigas.

Su relación era tan cercana que cuando poco antes de que Cherie Blair diera a luz a su cuarto hijo en 2000 se rumoraba que estaba urgiendo a su marido para que se tomara su licencia por paternidad, en una rueda de prensa en la Casa Blanca a los periodistas les pareció válido pedirle una opinión a Clinton sobre la situación en la que se encontraba su amigo Tony.

"Me gustaría haber sido una mosca en la pared cuando lo discutieron -bromeó, y añadió- Pero ustedes saben que soy un amigo muy cercano de Tony y Cherie, así que no me quiero meter, pero creo que la señora Blair aceptó que puede haber una 'tercera vía'".

Lo de ellos, como luego se comprobó, no fue sólo una relación de conveniencia: lo que nació cuando Clinton aún ocupaba la presidencia de Estados Unidos, perduró, como comprueban sus palabras en 2006, en una de las varias intervenciones del ex mandatario estadounidense en las reuniones anuales del Partido Laborista:

"Quiero agradecerle a Tony Blair por su liderazgo, por la preservación de nuestra tradicional alianza transatlántica en medio de muchas tormentas y ocasionalmente sol. Quiero agradecerle la amistad durante mis períodos de tormentas y sol".

Pero después de cuatro años de gran amistad con Clinton, hubo cambio de guardia en la Casa Blanca y muchos se preguntaron en qué iba a quedar la alianza anglo estadounidense cuando la otra media naranja era un tejano de derecha como George W. Bush.

Algo en común

Los corresponsales recuerdan aún la primera reunión de Bush y Blair, en febrero del 2001 en Camp Davis, como un encuentro muy extraño.

Uno vestía su traje oscuro mientras el otro llevaba una chaqueta de cuero y el lenguaje corporal de ambos revelaba algo de incomodidad.

Son completamente distintos, pero con el tiempo fueron encontrando temas en común
Charles A. Kupchan, profesor de la Universidad de Georgetown
Incluso, cuando una periodista le preguntó si habían logrado encontrar algún punto en común, lo único que pudo responder el presidente estadounidense fue: "la marca de la pasta de dientes".

Los ataques del 11 de septiembre, sin embargo, cambiaron la dinámica de esta relación, y ambos mandatarios se convirtieron en uña y carne.

"Sí, son completamente distintos, pero con el tiempo fueron encontrando temas en común. Además Blair, al contrario de otros líderes mundiales, apoyó la decisión de Bush en Irak por convicción personal, más que por conveniencia política", explicó Charles A. Kupchan, profesor de Relaciones Internacionales de Georgetown University.

No es incondicional

Efectivamente, cuando el mundo mostraba su escepticismo frente a la invasión a Irak, Blair insistió en seguir luchando "hombro con hombro", como había prometido en septiembre de 2001.

White House
Hay una línea directa entre la Casa Blanca y Downing Street, que pocas veces se corta.
Pero no es extraño que un premier británico sea leal con Estados Unidos. De hecho, se habla de una "relación especial" entre Washington y Londres que se deriva de la íntima cooperación práctica que se desarrolló durante la II Guerra Mundial.

Eso, después de que se acabó la guerra, se tradujo en la continuación de lazos institucionales en las áreas de defensa e inteligencia, así como frecuentes y prominentes encuentros entre presidentes y premiers.

No obstante, esta lealtad no siempre se traduce en una unidad de opinión. Quienes se oponen a la guerra de Irak alegan que el gobierno de Blair habría podido decirle que "no" al de Bush cuando se embarcó en la invasión de Irak, así como lo hizo en 1964 el del laborista Harold Wilson al del demócrata Lyndon Johnson respecto a la guerra de Vietnam.

Un precio muy caro

No hacerlo le costó.

"Blair pagó un precio muy caro por su relación con Bush, y si vemos qué recibió a cambio, pues no mucho. Fue una relación más unilateral", explicó Kupchan.

Caricatura de Tony Blair y George W. Bush
La relación entre ambos mandatarios ha sido objeto frecuente de bromas.
Tras las elecciones de mayo del 2005, quedó claro que Blair había perdido el apoyo del electorado, a pesar de que su partido, el Laborista, logró ganar las elecciones.

"Escuché y aprendí. Y tengo una buena idea de lo que los británicos quieren de este gobierno en el tercer período. Y les quiero decir que yo, nosotros, el gobierno, se enfocarán en las prioridades que la gente nos impuso", señaló en esa ocasión.

En febrero del 2007, Blair anunció la reducción de tropas británicas en Irak. La Casa Blanca trató de poner buena cara a la noticia, diciendo, al igual que el primer ministro británico, que esta decisión "demostraba que las cosas no iban tan mal".

Bush sin Blair

Ahora que llegan las noticias de que Blair por fin ha tirado la toalla, los comentaristas políticos hablan del fin de una era y tampoco faltan las bromas.

Sin Blair, ¿quién va a traducir al inglés la política exterior de Bush?
Bill Maher
"Bush logró derrocar otro gobierno", bromeó sobre la renuncia de Blair, Jay Leno, un cómico estadounidense con uno de los programas de más audiencia en el país.

Lo que nadie duda, sin embargo, es que ahora Blair, debido a la muy buena imagen que tiene en este país, tendrá muchas oportunidades en el futuro para trabajar aquí, si es que así lo decide.

No por nada, los propios periodistas estadounidenses, durante las conferencias de prensa de ambos mandatarios, siempre comentaban con cierta envidia la claridad de Blair para comunicarse y hablar en público, sobre todo si se compara con el presidente Bush.

"Sin Blair, ¿quién va a traducir al inglés la política exterior de Bush?", se preguntó otro conocido animador, Bill Maher.

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