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Jueves, 10 de mayo de 2007 - 09:58 GMT
Al caer el telón
Nick Caistor
Analista, BBC Mundo

Tony Blair

Cuando en un teletón reciente el primer ministro del Reino Unido, Tony Blair, mostró sus dones de actor cómico, el público británico se quedó maravillado. Poco después, sin embargo, surgió una duda: ¿y si nuestro mandatario no es nada más que eso, un actor brillante?

Después de diez años en el poder, Tony Blair ha hecho mucho más que protagonizar un episodio cómico en un teletón.

Sus ya conocidas dotes de orador y carisma se hicieron aún más evidentes y memorables poco después de haber iniciado su primer período como primer ministro en 1997, cuando apareció ante las cámaras después de la muerte de la Princesa Diana para expresar la congoja pública ante la desaparición de una persona que él mismo bautizó "la princesa del pueblo".

Tony Blair en el Parlamento.
En la Cámara de los Comunes era sin igual.
Esta habilidad salió a relucir también tras los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos. El primer ministro británico supo expresar tanto el horror como la voluntad de las democracias occidentales a resistir al terrorismo con las palabras elocuentes que faltaban al presidente George W. Bush.

Asimismo, a lo largo de su década en el poder, Tony Blair ha demostrado en los debates parlamentarios que no tiene parangón en la lucha política en la Cámara de los Comunes.

Sin embargo, muchos observadores cuestionan la capacidad de Blair de ir más allá de estas actuaciones brillantes para realmente crear políticas sólidas.

Un balance agridulce

En temas de la política interna, Tony Blair intentó modernizar y reformar tanto el sistema de educación estatal como el sistema nacional de salud.

Puerta de Downing Street
Ahora empieza el proceso para decidir quién vivirá en la casa que ocuparon los Blair por 10 años.
En ambos casos, el eje central de su política fue hacer hincapié en los mecanismos del mercado, para que el consumidor de los servicios públicos tenga capacidad de elección.

Esta visión de reformas basadas en la competitividad fue muy polémica, sobre todo para el ala izquierda de su propio partido, para quienes la igualdad de oportunidad es mucho más importante que la posibilidad de elegir.

Además, el resultado de estas reformas, según observadores, como la profesora Celia Szusterman de la Universidad de Westminster, ha sido el opuesto de lo que buscaba el primer ministro.

"La sociedad británica se encuentra mucho mas polarizada después de diez años de Tony Blair -dice la experta en relaciones internacionales- No solamente hay una brecha más grande entre ricos y pobres, sino existe una distancia peligrosa entre la mayoría y las minorías étnicas, sean de origen asiática o del Caribe y África".

En otras áreas de la política interna, Tony Blair quizás ha tenido más éxito. Durante su década como primer ministro, tanto Gales como Escocia han establecido sus propias parlamentos, y este proceso de devolución de poderes ha revivido la participación política a nivel local.

También el mandatario puede estar complacido de que sus esfuerzos continuos por llevar a buen termino el proceso de paz en Irlanda del Norte parecen haber dado sus frutos esta semana con la reapertura del parlamento regional en Belfast.

Legado problemático

Sin embargo, no hay duda de que lo más importante y también más controvertido de su legado será su apoyo a la intervención armada para resolver problemas de índole internacional.

Protesta contra la guerra en el Parlamento británico.
"Tony ama las armas de destrucción masiva", dice este cartel de protesta.
Aplaudido por su defensa de los musulmanes en Bosnia y por su intervención para poner fin a la cruenta guerra civil en Sierra Leona, su decisión de seguir a George W. Bush en la invasión de Irak fue el momento crucial de sus diez años al frente del gobierno británico.

Para Blair, no había otra opción. Saddam Hussein tenía en su poder las famosas "armas de destrucción masiva", y había que derrocarlo. Pero, cuatro años después de la invasión, hay muy pocas señales de que una democracia viable esta surgiendo en Irak, y la gran mayoría de británicos quiere el retiro de las tropas inglesas sin más ni más.

Esta decisión será uno de los primeros retos para su sucesor, quien casi seguramente va a ser su fiel ministro de economía, Gordon Brown. Al parecer, los dos hombres definieron sus trayectorias políticas durante una cena en un restaurante londinense hace quince años: Blair estaría en el poder primero, Brown ocuparía el puesto número dos, y asumiría el mandato en el momento adecuado.

Todo indica, hasta el momento, que los planes se cumplirán: ahora le toca el turno al ministro de Economía. Muchos comentaristas en el Reino Unido opinan que Gordon Brown hará todo lo posible para distanciarse de las políticas de su colega. En este sentido, es posible que la herencia de Blair se disipe muy pronto, en cuanto su sucesor persiga nuevas metas e intereses distintos.

Quizás para consolar a Tony Blair, los críticos que notaron sus dones de actor en el teletón sugirieron una posible oportunidad para el ex mandatario, quien a los 54 años es todavía muy joven para jubilarse: podría quizás tener un futuro brillante como galán de telenovela.



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