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Martes, 18 de noviembre de 2008 - 12:32 GMT
Somalia o el conflicto permanente
Javier Farje.
Javier Farje
BBC Mundo

Guerreros en Mogadiscio.
El país africano parece estar en una guerra permanente.
Durante los últimos 17 años, Somalia no ha tenido un gobierno que sea digno de ese nombre.

La inestabilidad es un elemento de rutina en ese país mayoritariamente islámico de 10 millones de habitantes, situado en el cuerno de África, en el noreste del continente.

Nacida de la unión de varias tribus islámicas que formaron el Sultanato de Adel, en el Golfo de Adén, en el siglo VII de nuestra era, su posterior desintegración a raíz de las luchas interétnicas, facilitó su conquista por parte de Egipto en el siglo XVI.

Francia y Reino Unido, dos de las potencias coloniales que se repartieron el continente como la presa de un gran festín, obtuvieron diversas concesiones territoriales, el primero en la costa y el segundo en Somaliland, en el interior. Posteriormente Italia proclamó su presencia en el centro del país.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, italianos, franceses y británicos usaron el Cuerno de África como un gran tablero de ajedrez que abandonaron en 1960, cuando las porciones de territorio que habían dominado se unieron en un país independiente: Somalia.

Dificultades

Durante la segunda mitad del siglo XIX, italianos, franceses y británicos usaron el Cuerno de África como un gran tablero de ajedrez que abandonaron en 1960

Como ocurrió en más de un país africano, la independencia no trajo consigo el clima de prosperidad y desarrollo que sus fundadores esperaban. Por un lado, están las disputas interétnicas que prevalecieron en el país, mientras que las forzadas fronteras postcoloniales con los países vecinos crearon enfrentamientos con Kenia, en el sur, y Etiopía en el oeste.

En las elecciones de 1967, Abdil Rashid Ali Shermarke gana la presidencia, pero un golpe de estado, dirigido por Muhammed Siad Barre, lo derroca en 1969, proclamando un estado socialista un año después, nacionalizando la mayor parte de la economía.

A mediados de los años '70, Somalia, al igual que los demás países de la región, sufre una serie de sequías que dan lugar a una hambruna de proporciones apocalípticas, y aunque Etiopía se convirtió en el centro de atención del mundo, Somalia la sufrió con la misma dureza.

El fin del "socialismo"

Niño en las afueras de Mogadiscio.
La profunda pobreza en las afueras de Mogadiscio es otro elemento del conflicto.

Los conflictos territoriales con Etiopía, a los que Somalia se enfrentó con armamento soviético y asesoría cubana, además de la exclusión de las etnias Mjertyn e Isaq -dos de las más importantes del país- del gobierno de Barre dieron origen a una creciente oposición interna.

A pesar del acuerdo de paz con Etiopía, firmado en 1988, Barre fue derrocado tres años después, luego de una lucha inter-tribal que dejó decenas de víctimas mortales. Ese mismo año, Somaliland se declaró independiente.

Fue entonces que la inestabilidad creada por la incertidumbre somalí hizo que Naciones Unidas decidiera enviar un destacamento internacional de mantenimiento de la paz, pero su protagonismo no tuvo nada que ver con el logro de una clima pacífico sino el de infantes de marina estadounidenses arrastrados por la masa por las calles de Mogadishu. En 1995, la ONU reconoció su fracaso retirándose del país.

El independentismo unilateral de Somaliland y los intentos de Puntland, en el noreste de Somalia, por desgajarse de la metrópoli en 1998, hicieron que por mucho tiempo Somalia fuera una nación que desconfiaba de si misma, con señores tribales disputándose el control de un país sin un gobierno propio.

La estabilidad frustrada

Por ello, en un intento por otorgarle a Somalia un atisbo de integridad gubernamental, los líderes de la mayor parte de clanes eligieron, en 2000, a Abdulkassim Salat Hassan como presidente durante una reunión realizada en Djibouti. Ali Khalif Gelayadh es nombrado primer ministro.

Los intentos de Gelayadh por formar un gobierno de unidad nacional en 2001 sufrieron un serio retroceso cuando otro grupo de líderes tribales, con apoyo de Etiopía, decidió desconocer el gobierno de transición.

Las sequías han seguido sembrando la muerte, por lo que Naciones Unidas se vio obligada a hacer un pedido urgente de ayuda para evitar la desaparición de medio millón de personas en el sur del país

En 2004, un nuevo intento de búsqueda de estabilidad hace que Abdullahi Yusuf sea nombrado presidente.

Mientras tanto, las sequías han seguido sembrando la muerte, por lo que Naciones Unidas se vio obligada a hacer un pedido urgente de ayuda para evitar la desaparición de medio millón de personas en el sur del país.

Recién en 2005, el gobierno de transición empieza el lento retorno de su exilio keniano, poco antes de que el primer ministro Gelayadh fuera blanco de un intento de asesinato.

Entre marzo y mayo de 2006, cientos de personas murieron en enfrentamientos entre clanes rivales, y el surgimiento de una nueva organización rebelde, la Unión de Cortes Islámicas, que llegó a controlar Mogadiscio a mediados del año pasado, dándole a la capital un cierto clima de orden, complicó aún más las cosas.

El ingreso de las tropas etíopes en ayuda del gobierno provocó nuevos enfrentamientos, luego de la expulsión de Mogadiscio de la Unión de Cortes Islámicas a finales de 2006.

Fisuras

Desde entonces la inestabilidad ha aumentado en este país africano, a medida que aumentan los ataques de jóvenes milicianos islamistas llamados Al Shahab, el ala militar de la Unión de Cortes Islámicas.

Se oponen rotundamente a la presencia de las tropas etíopes y los 2.400 soldados de la Unión Africana cuyo primer contingente llegó a Mogadiscio en marzo de 2007, ante la indiferencia de una población demasiado preocupada por su propia supervivencia.

También rechazaron el acuerdo de cese el fuego firmado este año entre el gobierno de transición somalí y la principal coalición de la oposición, la Alianza para una Nueva Liberación de Somalia (islamistas moderados), para permitir la retirada etíope de aquí a principios del 2009.

Los islamistas insurgentes se han hecho con el control de los principales puertos del sur del país y el gobierno de transición está amenazado por el avance de grupos armados opositores.

Militantes islamistas somalíes
Los militantes islamistas ya controlan los principales puertos del sur del país.
Les ayuda que el país no tenga gobierno desde agosto de 2008 debido a las divisiones entre el presidente, Abdullahi Yusuf, y su primer ministro, Nur Adde, sobre la formación del gabinete.

El resultado ha sido una nueva catástrofe humanitaria. Cientos de miles de personas han huído de Mogadiscio en los últimos meses y, según las organizaciones internacionales, más de dos millones de somalíes dependen de ayuda alimentaria.

Debido a su fragmentación tribal, la falta de un estado de derecho establecido, y la ausencia de mecanismos constitucionales que le den a Somalia una identidad de país más o menos coherente, ningún gobierno ha podido lograr la unidad nacional. Somalia no tiene una administración pública ni edificios para alojarla, mientras que los clanes siguen disputándose el dominio de territorios propios.

Desde 1991, ha habido 14 intentos por establecer un gobierno central. Pero todos han fracasado.

Somalia parece haberse acostumbrado a su propia inexistencia como ente nacional propio, y esa parece ser la tragedia para la que nadie tiene, por el momento, una respuesta.



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