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Viernes, 23 de marzo de 2007 - 16:11 GMT
Entre la muerte y la limosna
Karim Hauser
Karim Hauser
BBC Mundo, enviado especial a Siria

Familia Farhan
La familia Farhan llegó a Damasco desde Bagdad en junio del 2006.
Más de 1,2 millones de refugiados iraquíes han llegado a Siria y la mayoría vive en Damasco. La presión que esto significa para el estado sirio ha sido reconocida por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que pidió que la comunidad internacional haga más contribuciones.

"Hay buena voluntad. Sin embargo, el próximo mes de abril iremos a Ginebra, Suiza, para ver qué tipo de ayuda concreta ACNUR dará a Siria y Jordania. Aquí los iraquíes viven como en casa porque son nuestros hermanos, pero es una carga sobre nuestra espalda, entonces sin duda hay que tratar este tema a nivel de las Naciones Unidas", dijo a BBC Mundo Mohsen Bilal, ministro de Información de Siria.

Las autoridades de inmigración sirias calculan que 3.000 iraquíes entraron diariamente al país durante 2006.

"No podemos seguir absorbiendo estas cantidades, nuestra infraestructura no lo permite. Hay más de 75.000 estudiantes iraquíes de primaria y secundaria, decenas de miles en las universidades y más de un millón acuden a nuestros servicios de salud gratuitamente, como los sirios", dijo a la BBC Abdala Dardari, viceprimer ministro para asuntos económicos.

Trauma imborrable

Ahora estoy desempleada y me pregunto, ¿regreso a Irak con mis hijos para que nos maten o me quedo aquí a pedir limosna? Prefiero ir a un país occidental.
Iman Gatah, madre iraquí.
Es cierto que el país sigue dando abrigo a los desplazados iraquíes como lo hizo con los refugiados palestinos y quizás "vivan como en casa", comparado con las condiciones de los sudaneses de Darfur. Pero el trauma de la guerra no es fácil de digerir.

"Soy chiita y mi marido era sunita. Lo asesinaron los terroristas en el 2004, un día que regresaba del trabajo. Yo recibí amenazas, probablemente porque trabajaba con una compañía que trataba con estadounidenses y británicos", dijo Iman Gatah, madre de dos hijos.

"Ahora estoy desempleada y me pregunto, ¿regreso a Irak con mis hijos para que nos maten o me quedo aquí a pedir limosna? Prefiero ir a un país occidental".

Otro testimonio del sufrimiento de los iraquíes viene de Abbas.

"Escapé del infierno. Cada día aparecía un cadáver en mi barrio. Tenemos miedo del gobierno, de los estadounidenses, de las milicias. Ser un hombre es suficiente para que seas un objetivo para quien sea", afirmó el joven bagdadí a la BBC.

Familia deprimida

Abu Ahmad, padre de familia
Abu Ahmad, el padre de familia, se encuentra en Beirut renovando su visado.
La familia Farhan llegó a Damasco desde Bagdad en junio del 2006. Abu Ahmad, el padre de familia, se encuentra en Beirut renovando su visado.

Hoy admiten que su vida en Siria es mucho más segura, pero también incompleta.

Y de una casa de 600 metros cuadrados con jardín en Bagdad, hoy viven en un departamento que les cuesta US$500 al mes.

Como muchos iraquíes, están agotando los ahorros o el dinero de la venta de sus bienes.

Todos, en mayor o menor medida, han sufrido personalmente el impacto del llamado "nuevo Irak". Y la seguridad es sin duda el primer problema.

"Fui secuestrado durante 20 días y tuve mucho miedo de que me mataran", confesó Ahmad, de 21 años.

"Me vendaron los ojos y me ataron las manos. Era una banda de criminales en tres coches y nadie los detuvo en los retenes".

"Después de mi liberación tenía paranoia de salir y conducía muy rápido. Aquí en Siria estoy más tranquilo pero quisiera regresar a mi país", agregó el joven iraquí.

Safá, de la familia Farhan
Creo que mi vida se detuvo completamente, no tengo objetivos, no puedo planear para el futuro. Todo depende de la situación en Irak.
Safá
Su hermana, Safá, tiene 22 años. "Creo que mi vida se detuvo completamente, no tengo objetivos, no puedo planear para el futuro. Todo depende de la situación en Irak. Pensé en inscribirme a la universidad aquí en Siria pero, si hago la transferencia , pierdo mis derechos de continuar algún día mis estudios en mi país", explicó a BBC Mundo.

"Y si empiezo aquí en Siria, quizás haya que regresar sin mayor aviso a Irak. O sea que no estoy ni aquí ni allá. Y, además, estoy separada de todos mis amigos, unos en Turquía, otros en Jordania o en Líbano", dijo Safá mientras se le quebraba la voz.

La nostalgia del pequeño Ali

Ali tiene 10 años y, de escuchar a su hermana, también tiene lágrimas en los ojos.

"Llevo aquí 9 meses y no tenemos a nadie. Bueno, hice un amigo. Pero mi hermana mayor está allá y la extraño mucho. Y la escuela aquí es más difícil, porque llevan inglés desde el primer año y en Irak no".

Su hermana, Nada, me explica que Ali ha mejorado mucho, pero que padecía de una fuerte depresión y rechazaba hablar y comer.

Alí, de la familia Farhan
El pequeño Alí confiesa que extraña a sus amigos en Irak.
Um Ahmad, la madre de familia reconoce que su hijo pequeño era buen estudiante en Bagdad pero aquí le cuesta concentrarse. Y el vacío de no tener a sus amigos cerca lo desequilibró enormemente.

"Allá la situación es mala. Hay bombas, muertes y secuestros y entonces no podemos salir a jugar. Yo quiero regresar como cualquiera, y poder ver a mis parientes y mis vecinos", dice Ali.

Como a muchos iraquíes en el exilio, le gusta mucho la música del cantante Hossam al Rassam, pero lo hace llorar cada vez que la escucha, ya que hace referencia a la belleza de Bagdad, "la joya de los árabes", al sol sobre el Tigris y el Éufrates, y a Irak, la cuna de las civilizaciones.

Pesimismo ante el futuro

Toda esta nostalgia y dolor se acumula en los ojos de la madre de familia.

"No sé cual sea el futuro. Nosotros ya crecimos e hicimos nuestra vida, de alguna forma. Pero ellos, ¿qué futuro tienen aquí en Siria? No hay trabajo, no hay porvenir para mis hijos", admite de manera sombría Um Ahmad.

Nada dura, todo cambia.
Nada Farhan
"Destruyeron Irak y este gobierno traidor no está haciendo nada. ¿Ésta es la libertad que nos trajeron los ocupantes? Qué puedo decir, yo no tengo esperanza. ¿Hasta cuándo estaremos así sin regresar a nuestras escasas?", exclamó.

La última palabra para Nada, la hija mayor, quien cree que sus estudios no le sirven hoy de nada.

"Yo creo que estamos siendo prensados, como bajo un molino. Creo que el error fue hacer elecciones bajo bases sectarias, y eso nos ha llevado a una situación infernal".

"Apenas estamos despertando de ese error, yo creo en el proyecto político de una lista multiconfesional que represente a los iraquíes de verdad. Sólo así podremos deshacernos de las dos invasiones, la de Estados Unidos y la de Irán".

Entonces, ¿hay esperanza?

"Tenemos un proverbio difícil de traducir, pero significa que nada dura, todo cambia", concluyó Nada Farhan.



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