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Jueves, 22 de febrero de 2007 - 18:02 GMT
Un año de desastre sectario en Irak
Karim Hauser
Karim Hauser
BBC Mundo, El Cairo

Templo chiita en Samarra
En el templo de Samarra están sepultados dos grandes figuras de la rama chiita del Islam.

Hace un año exactamente, en la madrugada del 22 de febrero 2006, la mezquita dorada de Samarra era destruida por militantes. La belleza de la cúpula, hecha de más de 72 mil láminas doradas, se venía abajo.

Pero debajo de los escombros quedaría también sepultado lo que quedaba de la convivencia milenaria entre chiitas y sunitas.

Esta fue la reacción del portavoz del parlamento en la época, Hussein Shahristani.

"Este día es una gran tragedia para todos los iraquíes. El crimen que tuvo lugar en Samarra fue dirigido contra Irak, contra uno de los lugares más sagrados del país, y toda la población está muy herida en cuanto se enteró de lo sucedido", dijo Shahristani a la BBC.

"Eso muestra que los terroristas internacionales llegaron a Irak para destruir todo lo noble, todo lo sagrado", agregó el parlamentario.

Samarra, símbolo de convivencia

El templo era un lugar sagrado para los chiitas ya que ahí están sepultados dos grandes figuras del Islam chiita: el imam o líder espitirual Hasan El Askari y su hijo, también considerado un iluminado. Por ello, el acto desató una ola de venganzas sectarias que continúa hoy en día.

Esto es fruto de la política del colonialismo en Irak, desde que empezó la ocupación y el señor Bremer pidió que el consejo de gobernación de Irak fuera por porcentajes entre las sectas
Khalaf el Manshadi
Pero lo que pocos recuerdan hoy, como señaló a BBC Mundo Yarub Ali, sunita originario de Samarra, es que antes del atentado las sectas siempre habían convivido en paz.

"Mi familia y yo somos de Samarra. Es un lugar un poco raro, porque la mezquita tenía los cadáveres de estos dos imanes chiitas, aunque la ciudad es completamente sunita. Y la tumba y la mezquita están allí desde hace más de mil años, y nunca tuvimos problemas, hasta hace un año. Lo extraño es que todavía no sabemos quien lo hizo", expresó Yarub Ali.

El gobierno en su momento indicó que el atentado había sido obra de Al Qaeda, sin embargo, varios observadores rechazan esta teoría puesto que normalmente el grupo radical se adjudica sin miramientos cualquier atentado y en el caso del templo de El Askari no lo hizo.

"Fruto del colonialismo"

Mapa de Irak
Para el analista Khalaf el Manshadi, chiita originario de Basora, el problema sectario tiene un origen claramente político y lo atribuye a los errores de la administración estadounidense.

"Esto es fruto de la política del colonialismo en Irak, desde que empezó la ocupación y el señor Bremer pidió que el consejo de gobernación de Irak fuera por porcentajes entre las sectas", explicó el editor del periódico Al Manara.

"Es decir tanto por ciento para los chiitas y tanto para los sunitas. De esto no hay precedente en la historia de Irak", afirmó Manshadi a la BBC.

Inclusive Basora, que aparenta tranquilidad debido a su mayoría chiita, no ha sido exenta de la espiral de violencia sectaria, aunque de dimensiones limitadas en relación con el resto del país.

Todo tiempo pasado fue mejor

En este contexto, abundan relatos espeluznantes de cómo se ha degradado el tejido social en la que alguna vez fuese una de las naciones árabes más modernas, por sus niveles educativo, científico e industrial.

Templo chiita en Samarra
El templo de Samarra quedó destruido en febrero del 2006.
El ambiente no podría ser más distinto de la época en la que se celebraban matrimonios mixtos entre familias chiitas y sunitas. Pero, entonces, ¿queda alguna esperanza de regresar a esa época de coexistencia que, a pesar de la dictadura de Saddam Hussein, muchos añoran?

"Nosotros los iraquíes sunitas y chiitas tenemos ese deseo. Pero al querer llevarlo a la práctica, hay muchos elementos en contra", expresó Yarub Ali, quien vivía en Irak hasta hace cuatro meses.

"Me parece que los estadounidenses y los iraquíes en el gobierno tienen un gran papel en esta división. También los clérigos tienen que ver y a los iraníes les conviene también esta lucha", dijo a BBC Mundo desde Damasco, donde hoy es refugiado.

Hasta el momento el templo de Samarra no ha sido reconstruido, precisamente por los desacuerdos entre ambas sectas sobre la forma en que se llevará a cabo la obra. Y los resultados de la investigación sobre el atentado de Samarra siguen pendientes, mientras la lucha sectaria no da tregua.

No es extraño que en este clima de adversidad, violencia y desesperanza se hayan producido casi 4 millones de desplazados, tanto dentro como fuera de Irak.

Para aquellos familiarizados con las consecuencias del cisma entre católicos y protestantes, quizás esta desgracia humana no resulte tan incomprensible.



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