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Mark Gregory
BBC, Experto Asuntos Económicos
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Un aspecto fundamental del discurso del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, sobre Irak fue el económico.
En su discurso, Bush rechazó más ayuda estadounidense para la reconstrucción de Irak.
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Bush afirmó que "una estrategia exitosa en Irak va más allá de las operaciones militares" y sugirió que, para que ésta tenga éxito, los iraquíes "deben apreciar mejoras visibles" en sus comunidades.
Sin embargo, el presidente no mencionó ninguna nueva ayuda estadounidense a la reconstrucción.
En vez, pidió que el gobierno iraquí cumpla dos promesas que hizo: primero, nuevas leyes para garantizar que todos los iraquíes compartan la riqueza petrolera del país y, segundo, que Bagdad destine US$10.000 millones de su propio presupuesto a reconstrucción y creación de trabajo.
Sus comentarios deberían ser considerados en el contexto de las acusaciones que los ingresos del petróleo iraquí desaparecen en corrupción y que los ministerios del gobierno siguen siendo incapaces de gastar el dinero eficientemente.
Ayuda estadounidense
Bush a favor de proyectos de reconstrucción más pequeños con gran impacto local.
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Bush también presentó algunas novedades sobre la manera en que será distribuida la ayuda de EE.UU.
Los comandantes estadounidenses sobre el terreno tendrán mayor flexibilidad para gastar fondos de reconstrucción y así atender las necesidades locales. También se nombrará un coordinador de la reconstrucción en Bagdad y se doblará el número de equipos de reconstrucción provinciales.
Esto podría ser en respuesta a las críticas de que los esfuerzos de reconstrucción iniciales se concentraron en proyectos grandes que parecieron tener escaso impacto.
El énfasis actual es apoyar proyectos más pequeños que atiendan necesidades locales concretas y, sobre todo, seguramente crear trabajo para la gente joven que, de otra manera, se uniría a la insurgencia.
La realidad, no obstante, es que la contribución estadounidense a la reconstrucción de Irak está disminuyendo.
Se han gastado más de US$30.000 millones de dinero de los contribuyentes estadounidenses sin mucho que mostrar para justificar tamaño gasto.
Y existen muy pocas señales que indiquen que Washington vaya a contribuir con grandes sumas de dinero.