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Jueves, 11 de enero de 2007 - 15:19 GMT
Más soldados de EE.UU. para Irak
Un hombre mira por TV el anuncio de Bush
El anuncio de Bush fue seguido de cerca por muchos estadounidenses.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ordenó el envío de más de 20.000 soldados adicionales a Irak, como parte de su nueva estrategia para resolver el conflicto en ese país.

La mayoría de estos soldados serán desplegados en la capital, Bagdad, y en la provincia de Anbar, en el oeste del país.

El anuncio de Bush, que también incluye medidas de tipo económico, fue bien recibido por el gobierno iraquí.

Un portavoz del primer ministro, Nouri Maliki, dijo que el gobierno iraquí está "totalmente comprometido" con la nueva estrategia estadounidense.

Pero un miembro chiita del parlamento, Falah Shanshil, dijo el incremento en el número de tropas era innecesario.

"Situación inaceptable"

Hablando desde la biblioteca de la Casa Blanca, el presidente dijo que la situación en Irak es inaceptable y al mismo tiempo reconoció que cualquier error cometido en el pasado era su responsabilidad.

PRINCIPALES MEDIDAS
Elevar el número de soldados estadounidenses por más de 20.000
Mejorar la capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes para proteger a la población civil
Exigir progresos políticos al gobierno iraquí
Financiar un programa de reconstrucción y desarrollo avaluado en U$1.000 millones
Adoptar una política firme frente a Irán y Siria, a quienes Bush acusa de desestabilizar a Irak
Bush declaró que el desplazamiento de las tropas adicionales ayudaría a romper el ciclo de violencia y anticiparía el eventual regreso de los soldados a casa.

Asimismo, dejó en claro que a cambio de este incremento en el personal militar y en la ayuda económica, el gobierno iraquí debe cumplir con sus promesas: entre ellas, la principal es poner todo su empeño en acabar con la violencia sectaria.

Con estas palabras, Bush hizo referencia a lo que la Casa Blanca percibe como una falta de habilidad del gobierno del primer ministro Maliki (chiita) para controlar la tensión sectaria en el país.

La manera en que se llevó a cabo la ejecución del ex líder iraquí Saddam Hussein (sunita), por ejemplo, fue vista por muchos políticos y analistas en el mundo árabe como un acto de venganza sectaria contra los sunitas, de algún modo, "apoyado" por el gobierno de Maliki.

Insurgencia y al-Qaeda

Sin embargo, Bush tuvo que aceptar que los resultados no han sido los esperados y por eso propone la nueva estrategia.

El presidente Bush durante su discurso desde la Casa Blanca
Bush reconoció que los errores cometidos eran su responsabilidad.
El presidente insistió en que este nuevo esfuerzo tendría éxito porque, por primera vez, el nivel de tropas sería suficiente para controlar las áreas despejadas de insurgentes.

Bush señaló a la insurgencia y a los militantes de la red al-Qaeda como los grandes enemigos de la libertad y la estabilidad iraquí.

Igualmente, culpó a los vecinos, Irán y Siria, de fomentar y ayudar a la insurgencia.

El presidente recalcó que sus decisiones y estrategia se fundamentaron en varias ideas, consejos y propuestas, incluyendo el Grupo de Estudio encabezado por James Baker.

Pero la estrategia de Bush no incluyó una importante recomendación del Grupo de Estudio, que pedía estimular la participación de países como Irán y Siria para llegar a una solución política.

Respuesta demócrata

Después del discurso de 20 minutos, la oposición del Partido Demócrata -que contral ambas cámaras del Congreso- emitió su respuesta a la estrategia presidencial.

"Exigiremos respuestas a los difíciles interrogantes que aún no han sido formulados o respondidos hasta la fecha", dijeron los líderes demócratas en una declaración conjunta.

El senador demócrata Dick Durbin dijo que el escalamiento militar de la guerra no era lo que el pueblo estadounidense había pedido cuando fue a las urnas en las recientes elecciones parlamentarias.

El líder demócrata dijo que al enviar más soldados a Irak, el presidente estaba ignorando el consejo de la mayoría de sus generales.

Por su parte, países aliados de Estados Unidos en su llamada lucha contra el terrorismo, como el Reino Unido, Australia, Japón y Corea del Sur, apoyaron la nueva estrategia de Washington en Irak, si bien descartaron la posibilidad de enviar más tropas.



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