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Sábado, 30 de diciembre de 2006 - 11:31 GMT
¿Y ahora qué en Irak?
Jeremy Bowen
BBC, Medio Oriente

Saddam Hussein
Saddam Hussein fue presidente de Irak de 1979 a 2003.

Mucho antes de que Saddam Hussein fuera sentenciado a muerte ya se había convertido en un detalle histórico en Irak.

Un gran detalle, uno importante, pero parte del pasado iraquí más que de su futuro.

Su arresto y sentencia sencillamente profundizaron los sentimientos que ya existían hacía él.

La gente que pensaba que era un monstruo que trajo el desastre a su país confirmó su opinión.

Lo mismo pasó con quienes recordaban su reinado con nostalgia, como una época en la que Irak era estable y las calles eran seguras, bajo la condición de que uno apoyara su gobierno.

Hoy en día Irak está en medio de una serie de guerras terribles. La mayoría de la gente tiene otras cosas por las cuales preocuparse antes que por el destino de su antiguo dictador.

El pueblo iraquí, que sufrió penosamente durante el gobierno de Saddam Hussein, sigue sufriendo.

Momento de decisión

El asunto más urgente es ver cuál será el próximo paso de Estados Unidos, el país más responsable por el desastre en Irak.

¿Tiene EE.UU. el poder para hacer que las cosas mejoren? ¿Puede hacer que empeoren? La respuesta a la primera pregunta es quizás; a la segunda es definitivamente.

Explosión en Bagdad
El asunto más urgente es ver cuál será el próximo paso de Estados Unidos, el país más responsable por el desastre en Irak
En una cosa están todos de acuerdo en Washington y es que su posición en Irak es mala.

Incluso el presidente George W. Bush dice ahora: "No estamos ganando, no estamos perdiendo" en Irak.

Prometió que, en el año nuevo, tomará ciertas decisiones sobre qué hará EE.UU. respecto a Irak.

Todo parece indicar que no seguirá los consejos formulados en un informe reciente preparado por los grandes de la política exterior, encabezados por el ex secretario de Estado James Baker y el ex congresista demócrata Lee Hamilton.

La primera línea del informe era sucinta y más precisa que la descripción del presidente: "La situación en Irak es grave y se está deteriorando".

Inicialmente, el informe Baker-Hamilton parecía ofrecerles a los estadounidenses una salida.

Recomendaba cambiar la misión de las fuerzas de EE.UU. de combate a entrenamiento de los iraquíes y solicitaba una iniciativa diplomática que incluyera a todos los países de la región.

Pero el informe era también una cortés aunque firme denuncia de la política exterior del gobierno de Bush, con su gran carga ideológica.

Ya para la semana antes de Navidad se notaba que iba a hacer algo muy difícil de digerir para la Casa Blanca. Se empezó a hablar incluso de enviar más tropas a Irak.

Exportando inestabilidad

Lo que se hizo evidente con mucha más claridad hacia fines de 2006 fue la alarma de los vecinos de Irak por las matanzas que tienen lugar allí.

Irsurgente en Ramadi
La muerte de Hussein podría incrementar la insurgencia sunita.
Los sauditas estaban preocupados por el impacto de la invasión liderada por EE.UU. en 2003 incluso antes de que ésta ocurriera y ese sentimiento no ha hecho más que aumentar.

Varios informes recientes indican que Arabia Saudita intervendría en Irak para proteger a su minoría sunita, con la que tienen fuertes vínculos tribales y religiosos, si EE.UU. decidiera sacar sus tropas.

Éste podría ser un factor determinante para la permanencia de los estadounidenses en suelo iraquí.

Los sauditas están muy conscientes de que Irán ha sido, hasta ahora, el único gran beneficiado con la invasión y ocupación de Irak.

EE.UU., con gran amabilidad, sacó del poder a Saddam Hussein, el principal enemigo de Irán en la región, y puso fin al dominio sunita en Irak.

Gracias a EE.UU., el Irán chiita tiene ahora aliados musulmanes chiitas en los principales puestos del gobierno y el ejército iraquíes.

Irak se ha convertido en un gran exportador de inestabilidad.

La invasión encabezada por EE.UU. lanzó una gran roca contra las aguas del Medio Oriente que, más que suaves ondas, ha provocado olas enormes que seguirán batiendo en la región mucho después de la desaparición física de Saddam Hussein.

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