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Lunes, 4 de diciembre de 2006 - 23:35 GMT
¿"La mitad" del trabajo cumplida?
Lyse Doucet
Lyse Doucet
BBC, analista del tema afgano

Presidente de Afganistán Hamid Karzai
A Karzai se le critica con frecuencia por adoptar decisiones erradas en la designación de autoridades.
En diciembre de 2001, un nuevo futuro para Afganistán se trazaba en una conferencia en Bonn, Alemania. Se inauguraba una nueva era con un gobierno interino que reemplazaba al régimen Talibán.

Hace cinco años, en un día frío del invierno afgano, se anunciaba la selección de un nuevo líder para regir el destino inmediato de ese país.

Utilizando un teléfono satelital me comuniqué entonces con Hamid Karzai, quien todavía batallaba contra las fuerzas del Talibán en su último reducto del sur del país.

Nuestro desempeño ha sido pésimo. Actuamos con retraso, nos afecta la burocracia, y francamente gastamos mucho dinero en nosotros mismos en lugar de invertirlo en desarrollar las habilidades de los afganos
Lakhdar Brahimi, un ex enviado de la ONU para Afganistán

"¿Yo soy ese nuevo líder?", lo escuché decir a través del sonido no muy limpio de la línea telefónica.

En una mañana en la que él había estado bajo el fuego errado de una aeronave estadounidense, Karzai todavía no había sido informado oficialmente de su designación.

"Estupendo", respondió con modestia.

Sólo "la mitad"

Los afganos habían, de algún modo, emprendido un trayecto impresionante desde que, con prisa, un grupo de enviados nacionales y extranjeros conformaron los que pasó a conocerse como "proceso de Bonn".

Tropas extranjeras en Afganistán
La lucha de la OTAN tiene también que ver con la construcción de infraestructura y el empleo.
Con demoras y algunas dificultades, se cumplieron los objetivos: una asamblea tradicional, o loya jirga, aprobó la conformación de un nuevo gobierno en 2002; una segunda loya jirga dotó al país de una nueva constitución.

Elecciones presidenciales y parlamentarias tuvieron lugar por primera vez en décadas.

Pero muchos afganos consideran que sólo se ha hecho la mitad del trabajo.

"Logramos una cantidad de objetivos, pero olvidando la calidad", expresó Nader Nadery, un observador de la conferencia de Bonn quien es ahora miembro de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán.

Todavía el país está inundado de pistolas, comandantes y señores locales actúan con impunidad y la vida de muchos afganos sigue siendo la misma de antes.

Más sorprendentemente aún, el Talibán ha vuelto en el sur, donde combate fuertemente armado con una ferocidad inesperada.

¿Por qué?

No hay dudas de que se observa cierto progreso, pero ¿por qué miles de millones de dólares en ayudas y miles de soldados extranjeros no han logrado mucho más?

Grandes fracturas han quedado expuestas en el ejercicio de edificación de un Estado, incluidas las fallas en priorizar el establecimiento de un sistema judicial y de la policía.

Le he formulado la pregunta en las últimas semanas a muchos de los actores que contribuyeron a dar forma a la realidad afgana en los últimos cinco años.

El ex ministro de Finanzas, Ashraf Ghani, insiste en que las organizaciones humanitarias internacionales simplemente no están equipadas para ayudar a establecer un Estado en un país empobrecido que emerge de un cuarto de siglo de guerras.

Incluso Lakhdar Brahimi, un ex enviado de la ONU para Afganistán, ofrece un veredicto cáustico sobre la actuación de Naciones Unidas y los donantes de la comunidad internacional.

Policía afgana
La reforma policial domina ahora la agenda estadounidense.
"Nuestro desempeño ha sido pésimo. Actuamos con retraso, nos afecta la burocracia, y francamente gastamos mucho dinero en nosotros mismos en lugar de invertirlo en desarrollar las habilidades de los afganos", dijo Brahimi.

Peor aún, en opinión de Brahimi y muchos otros, países que prometieron apoyar a Afganistán fallaron a la hora de enviar suficientes efectivos en 2002 para iniciar la reconstrucción del país, incluido el proceso de desarme.

Sólo 5.000 soldados de esos países fueron enviados a Kabul en momentos en que 8.000 efectivos estadounidenses se concentraban en derrotar los remanentes del Talibán y la red Al Qaeda.

Brahimi habla del "mucho resentimiento" que creó el hecho de que, de repente, aparecieran recursos para la guerra de Irak.

Reforma policial

"En 2002, los Señores de la Guerra y comandantes temían al desarme o la pérdida de influencia", dice el ex enviado de la ONU, Francesc Vendrell, quien ahora es representante europeo en Kabul, y agrega: "En estos momentos eso es más difícil".

Cinco años después, los poderosos líderes regionales no están ya al frente de ejércitos privados, pero en las provincias, pistoleros tienen acceso a recursos públicos y posiciones de poder.

Destrucción de ayuda humanitaria
La ayuda humanitaria "no ha sido efectiva".
Grandes fracturas han quedado expuestas en el ejercicio de edificación de un Estado, incluidas las fallas en priorizar el establecimiento de un sistema judicial y de la policía.

"Es mejor contar con diez buenos policías que con cien corruptos, y diez corruptos pueden hacer más daño que un talibán extremista", expresa Karl Eikenberry, general estadounidense.

Eikenberry ha puesto la reforma de la policía a la cabeza de la lista de prioridades, luego de años de concentrarse en el entrenamiento que estuvo a cargo de los alemanes.

Sobre el tema de la reforma policial, muchas veces se culpa al presidente Karzai por adoptar malas decisiones en el nombramiento de jefes policiales. Lo mismo cuando se trata de la designación de gobernadores provinciales.

Vacío de poder

En una entrevista en el fuertemente custodiado palacio presidencial, el mandatario admite que "hay cosas que hubiera encarado de otra manera".

Sin embargo, rechaza las críticas de que depende mucho de los consejos de antiguos líderes muyahidines acusados de la destrucción de Kabul durante la guerra civil de la década de los 90.

Combatientes del Talibán
El Talibán ha vuelto en el sur, donde combate fuertemente armado.
Su "sello político" ha estado marcado por el signo de la "inclusión", que Karzai ve como una estrategia para sumar, pero otros lo ven como una muestra de debilidad.

Aunque, en opinión de Lakhdar Brahimi, fue un error no incorporar al Talibán en el proceso político en fecha tan temprana como 2002.

El ex enviado estadounidense a Afganistán, Zalmay Khalilzad, me dijo que se debió haber dedicado más atención a los "santuarios" del Talibán en la frontera con Pakistán.

Después de cinco años, existe el consenso de que hay que adoptar medidas urgentes para controlar la situación.

Ésto es más difícil ahora con la aparición de una nueva "mafia": un nexo entre traficantes, delincuentes y el Talibán en algunas provincias ha llenado el vacío de poder dejado por el gobierno.

Las fuerzas de la OTAN están ahora muy claras de que su combate tiene también que ver con la creación de infraestructura y empleo.

Como dijo el general Eikenberry: "donde terminan las carreteras empieza el Talibán".



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