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Roger Hardy
BBC, analista sobre Medio Oriente
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Oficialmente, se reconocen 18 sectas religiosas.
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Líbano es el país más complejo de Medio Oriente desde el punto de vista político y el más dividido desde el punto de vista religioso, lo que lo convierte en un factor potencialmente muy explosivo en una región inestable.
Este país tan pequeño deja perplejos a los extranjeros. Incluso en Medio Oriente, a la gente le cuesta trabajo entender su sistema político.
Líbano fue establecido por Francia después de la Primera Guerra Mundial como un estado predominantemente cristiano, pero ahora cerca del 60% de su población es musulmana, mientras que el 40% es cristiana.
Tiene 18 sectas religiosas reconocidas oficialmente y la división del poder entre ellas siempre ha sido un juego complicado.
Los musulmanes libaneses suelen dirigir su mirada al oriente, en busca de apoyo de otros estados árabes y de Irán. Los cristianos, por el contrario, la dirigen a occidente, hacia Europa y Estados Unidos.
Su proximidad geográfica a Israel y la presencia de un gran número de refugiados palestinos en su territorio implican que también esté íntimamente vinculado a la disputa árabe-israelí.
Líbano tiene no pocos problemas propios, pero, además, se ha convertido en el escenario donde se disputan muchos de los conflictos y rivalidades de la región.
Influencia siria
El largo conflicto que devastó al país de 1975 a 1990 fue, a la vez, una guerra civil y una guerra regional.
Líbano ha sido escenario de varias guerras y muchas atrocidades.
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Dejó a Líbano bajo el férreo puño de Siria y con una franja de su territorio sureño ocupada por Israel, como "zona de seguridad".
Israel ha intervenido en Líbano en repetidas ocasiones para proteger su frontera norte.
La guerra civil también le dio pie a Irán para luchar contra Israel y apoyar a los chiitas libaneses.
En 1982, Irán creó a Hezbolá, el Partido de Dios, que se ha convertido en uno de los principales actores de la política libanesa y en un importante aliado de Irán y de Siria.
Eventualmente, las fuerzas israelíes se retiraron en 2000 y las sirias en 2005.
Pero aunque Siria ya no tiene una presencia militar, ha mantenido su influencia política, a través de su relación con Hezbolá.
Guerra reciente
Es contra este fondo de conflicto y polarización que se desarrolló la reciente guerra en la frontera libanesa-israelí.
Pierre Gemayel fue asesinado el martes.
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La captura de dos soldados de Israel por Hezbolá, en julio, desató la arremetida del ejército de ese país, que duró un mes.
Las áreas más castigadas fueron aquellas donde el movimiento chiita goza de mayor apoyo: el sur de Líbano y los suburbios sureños de Beirut, la capital.
Esto causó un gran número de muertes y destrucción, pero no logró la liberación de los soldados ni la derrota de Hezbolá.
Hezbolá dijo que había obtenido "una victoria divina".
Después de la guerra, el país comenzó el proceso de reconstrucción física, pero sigue plagado de problemas a causa de sus viejas divisiones.
En contra y a favor de Siria
El gobierno está muy dividido entre facciones en contra y a favor de Siria.
Han tenido lugar demostraciones masivas, tanto en contra como a favor de Siria.
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Las primeras integran una alianza de sunitas, cristianos y drusos (una rama heterodoxa del Islam), que cuenta con el apoyo de Estados Unidos.
Las segundas son esencialmente chiitas, dominadas por Hezbolá y respaldadas por Siria e Irán.
Un símbolo de la polarización es el hecho de que el presidente es pro sirio y el primer ministro, anti sirio.
Dos cosas han ayudado a elevar la temperatura hasta el punto de ebullición.
Una es la amenaza de Hezbolá de volcar a sus partidarios a las calles, si no hay un cambio radical en el gabinete que le dé el poder de vetar las decisiones gubernamentales.
La otra es la serie de asesinatos de políticos anti sirios, el más reciente de los cuales fue el del ministro de Industria, Pierre Gemayel.
Raras veces Líbano ha parecido más frágil.
El resultado de la crisis influirá no sólo en el destino de un pequeño país, sino también en el equilibrio de poder en Medio Oriente.