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Imogen Foulkes
BBC, Ginebra
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La utilización de bombas de racimo en Líbano ha reavivado el debate.
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Una nueva ley que obliga a que los países retiren las bombas sin explotar y las minas antipersonales que han colocado, o que paguen a un equipo para realizar este trabajo, ha entrado en vigencia.
El tratado sobre remanentes de explosivos de guerra incluye minas antipersonales y bombas de racimo.
Al mismo tiempo, se desarrolla en Ginebra la conferencia de la Convención sobre Prohibiciones y Restricciones del Empleo de Ciertas Armas Convencionales, en medio de una creciente presión sobre los estados miembros para que debatan la prohibición de la utilización de las bombas de racimo.
Las agencias de ayuda humanitaria dicen que no basta con exigir que sean retiradas, sino que deben ser prohibidas.
Mal momento
Se estima que hay miles de millones de bombas de racimo almacenadas en el mundo.
Sólo en Estados Unidos hay al menos mil millones.
Sin embargo, EE.UU. es una de las naciones -junto con China y Rusia- que prefieren no discutir el tema.
Las bombas de racimo existen desde hace décadas; se utilizaron en las guerras de Vietnam y Kosovo.
Muchos líderes militares creen que en algunas circunstancias son útiles.
Ronald Bettauer, director de la delegación estadounidense en la conferencia sobre armas de Ginebra, dice que éste no es el momento para iniciar un debate sobre su prohibición.
"Nuestros militares, así como los de otros países, creen que estas municiones son necesarias. Incluso consideran que el uso de esta clase de municiones en algunas situaciones es más humano que barrer la zona con explosivos poderosos".
Pero el conflicto en Líbano ha volcado nuevamente la atención sobre este tema.
Los encargados en desactivarlas sostienen que el millón de bombas de racimo sin explotar en Líbano representará una amenaza para la población civil durante años.
Panorama optimista
Ahora, el Comité Internacional de la Cruz Roja ha propuesto un tratado para prohibir las bombas de racimo poco confiables, así como la utilización de las mismas en áreas habitadas.
Se estima que en el mundo hay desperdigadas mil millones de bombas de racimo.
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El Secretario General de la ONU, Kofi Annan, también hizo un llamado para que se adopten medidas.
Al inicio de la conferencia, sólo media docena de países respaldaron las negociaciones sobre las bombas de racimo.
Pero apenas pasaron unos días, la cifra se triplicó y cada vez son más los países que se suman.
Las organizaciones no gubernamentales no contaban con semejante apoyo.
Se estima que, cuando termine la conferencia en los próximos días, los estados miembros acuerden comenzar el debate sobre estas armas.