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Miércoles, 1 de noviembre de 2006 - 11:35 GMT
Del campo de batalla a la taza de café
Amber Henshaw
BBC, Mekele

Zekele en su taller
De arma de guerra a instrumento de trabajo. Tornando lo negativo en positivo.
En tiempos bíblicos se decía: "Convirtamos las espadas en arados". En el norte de Etiopía, un comerciante se encarga de traer esa frase al siglo XXI.

En su taller en Mekele, a 200 kilómetros de la frontera con Eritrea, Azmeraw Zekele se dedica a transformar viejos casquetes de proyectiles en cilindros para máquinas de café.

La mayoría de los casquetes son el resultado de los proyectiles que se lanzaron durante la guerra entre Etiopía y Eritrea, de 1998 a 2000.

El taller donde se transforman las antiguas armas de guerra en instrumentos de trabajo está conformado por tres pequeños espacios maltrechos que llevan uno al otro, y en los cuales la luz exterior penetra por las ranuras de las paredes.

Son espacios llenos de la actividad de Zekele y de sus seis empleados.

Tradición

Los casquetes de morteros que usa Azmeraw Zekele miden un metro. "La gente los tenía en sus hogares y ahora los vende", explica.

Sitio de venta de café
"Precio justo". "Buen café".
La labor de transformarlos comienza cuando Zekele les corta los extremos puntiagudos, los sella y hace orificios en el cilindro de aluminio para canalizar el agua, la leche y el café.

Me dijo Zekele que se le ocurrió la idea de reciclar los morteros hace nueve años. "Las carcasas se vendían para varios propósitos, desde lavar ropa hasta triturar cosas. Yo las estudié y se me ocurrió usarlas para preparar café".

Como país exportador de café, el grano forma parte importante de la vida diaria de los etíopes.

Luego de las comidas, las familias y los amigos se reúnen en torno a tazas de la bebida para comentar los quehaceres del día a día, tanto en los hogares como en los cafés.

Precio justo

Haile Abraha, propietario de un café, compró hace unos meses unas de las máquinas provenientes del taller de Zekele.

"Otra de mis máquinas es importada, pero ésta (la fabricada por Zekele) es la mejor", dijo Abraha.

Zekele en su taller
Zekele ha vendido cientos de máquinas.

Además -añadió- "es relativamente barata. El precio es justo y hace buen café".

Sin embargo, Azmeraw Zekele comenta que es difícil convencer a la gente de que compre sus máquinas porque una vez fueron armas mortales.

"A veces pienso -me dice- en que las carcasas fueron usadas para la guerra, pero mi intención es cambiar ese hecho y utilizarlas para algo positivo. Ellas pueden ser un símbolo de la guerra, pero trato de tornar lo negativo en positivo".

Desde que comenzó la producción, hace cinco o seis años, Zekele ha vendido cientos de máquinas de café, aunque no puede recordar exactamente cuántas.

Cada uno cuesta unos US$1.300 y la mayoría ha sido adquirida por habitantes del área de Mekele.

En el futuro, Zekele aspira a poder llevar sus máquinas a otras zonas de Etiopía y -por qué no- también a Eritrea.



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