Kotzián Tamás es un escritor y ex profesor universitario que vivió los acontecimientos de la revolución de 1956 y los anotó en su diario.
Durante el régimen comunista, tuvo que dejar de impartir clases en el Instituto de Cultura Italiana de Budapest y fue procesado por motivos políticos.
Sus textos nunca fueron publicados en la Hungría anterior a 1989.
Tamás ofrece a los lectores de BBC Mundo algunas de las notas que escribió en su diario aquel octubre de hace ahora 50 años.
MOTOSIERRA PARTE UNO: 24 DE OCTUBRE DE 1956
Estoy con algunos amigos y muchísima gente en Plaza Szent László en Kobánya (barrio de Budapest) donde se encuentra una estatua
dedicada a 'la amistad eterna entre los pueblos húngaro y soviético',
representada por un obrero húngaro y un soldado ruso que se dan la
mano.
Los libros de Tamás no fueron publicados en Hungría durante el régimen comunista.
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Diez personas están tratando de separarles las manos con una motosierra.
Cuando lo logran la gente empieza a aplaudir frenéticamente.
Se levanta un
coro de
voces gritando lo que será el eslógan del 1956: '¡Rusos,
váyanse a casa!

MOTOSIERRA PARTE DOS: 25 DE OCTUBRE DE 1956
La cabeza gigante de Stalin (tumbada de la estatua del
dictador destruida durante la noche antes) está en el medio de la Plaza Blaha
Lujza, en el centro de la ciudad.
Con una motosierra la gente está tratando
de
cortar pedazos de sus bigotes, que miden un metro, para guardarlos y
enseñar
a los nietos un 'souvenir' del odiado personaje.

IDILIO: 25 DE OCTUBRE DE 1956
Estoy, con mi cuñado y otras 300.000 ó 400.000 personas, en frente del
Hotel
Astoria, caminando hacia el parlamento.
Unas 200.000 personas escaparon de Hungría tras la revolución.
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Todo esta tranquillo; los
tanques
descansan pacíficamente en el medio de la manifestación.
Los soldados
rusos (que claramente lo único que quieren es irse a 'casa' lo mas temprano
posible)
hablan sonriendo a los jóvenes revolucionarios húngaros.
¡Esto podría de
veras
ser un ejemplo de fraternidad entre los pueblos!
El
idilio
dura sólo unos minutos: los soldados reciben órdenes del comando
militar
y tienen que dejar la plaza.
La gente sigue caminando hacia el
parlamento.

CONTRA-IDILIO: 25 DE OCTUBRE DE 1956
Gracias a Dios, mi cuñado y yo nunca llegamos al parlamento.
Los símbolos fueron derribados.
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Más o menos medio kilómetro más adelante la gente, de repente, se para. Las
personas
empiezan a correr hacia el Hotel Astoria, a contracorriente.
No entendemos nada.
Pasa más de una hora antes que nos enteremos de que la AVO (la
versión
húngara del KGB soviético) empezó a disparar del techo del Ministerio de la
Agricultura, que está frente al parlamento, y masacró cientos de
personas, muchas de las cuales sólo unos minutos antes habían
representado
la fraternidad entre los pueblos.
