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Jueves, 19 de octubre de 2006 - 16:11 GMT
Hungría y sus ecos en Corea del Norte
MM
Martín Murphy
Redacción BBC Mundo

Desfile militar en Corea del Norte
En 1956, Kim Il Sung llevaba ocho años en el poder en Corea del Norte.

Miles de kilómetros separan a Budapest de Pyongyang, pero la revuelta húngara de 1956 sirve para explicar, al menos en parte, por qué Corea del Norte es uno de los países más cerrados del mundo.

Una investigación reciente surgiere que el entonces líder de Corea del Norte, Kim Il-sung, aprovechó que los soviéticos y los chinos estaban "distraídos" con los eventos de Hungría en 1956 para reafirmar su poder y repeler toda influencia exterior sobre su gobierno.

Con los soviéticos y los chinos ocupados con lo que sucedía en Hungría, Kim pudo deshacerse de sus opositores dentro del partido comunista norcoreano
James Person, universidad de George Washington, EE.UU.

"Con los soviéticos y los chinos ocupados con lo que sucedía en Hungría, Kim pudo deshacerse de sus opositores dentro del partido comunista norcoreano", dijo a BBC Mundo el historiador de la Universidad de George Washington, en EE.UU., James Person.

Según Person, los sucesos del 56 en Hungría reafirmaron el recelo que Kim tenía del "imperialismo soviético"; es decir, de la interferencia de Moscú, y en menor grado de Pekín, en los asuntos políticos de otros países del bloque socialista.

Coreanos soviéticos

En 1956 Kim Il-sung, el fundador de Corea del Norte y padre de Kim Jong-il, actuar líder norcoreano, llevaba ocho años en el poder.

Jóvenes norcoreanas visitan monumento a Kim Il Sung
Los pro-soviéticos" querían que Kim abandonara el culto a su personalidad.
Kim había creado un estado de corte estalinista y armado un culto a la personalidad en torno a su figura.

Pero para entonces en Corea del Norte, al igual que en otros países socialistas, comenzaba a ganar fuerza dentro del Partido de los Trabajadores (comunista) un movimiento reformista.

Este movimiento había surgido con la muerte de Stalin, tres años antes, pero principalmente a partir de las críticas que su sucesor, Nikita Kruschev, había dirigido contra él.

Kruschev se había referido a Stalin como un déspota que había gobernado por medio de la sumisión absoluta y no de la persuasión.

El historiador James Person hurgó en los archivos de la época soviética y descubrió unos 600 documentos que dan cuenta de las intenciones de este grupo reformista.

"El grupo estaba integrado por 'coreanos soviéticos': coreanos que habían vivido o estudiado en la Unión Soviética y que tenían un fuerte vínculo con Moscú", cuenta Person.

"Pequeño Stalin"

Estos coreanos consideraban a Kim Il-sung como un "pequeño Stalin" y criticaban en él lo mismo que Krushchev veía de mal en su antecesor.

Revolucionarios húngaros
A miles de kilómetros de Corea, las mismas voces reformadoras se hacían escuchar en Hungría.
Los "coreanos soviéticos" querían que Kim abandonara su culto a la personalidad e introdujera reformas democráticas en el partido comunista.

Estas diferencias salieron a luz en el plenario del Partido de los Trabajadores Coreanos de finales de agosto de 1956.

Días después, la Unión Soviética y China enviaron a sus representantes a Corea del Norte para convencer Kim de que introdujera las reformas.

Pero Kim no estaba dispuesto a llevar a cabo estas transformaciones, porque hubieran significado una reducción de su poder.

Sin embargo, su margen de maniobra era escaso frente a la presión de los soviéticos y chinos, que eran y siguen siendo (ya no la U.R.S.S. sino Rusia) sus principales socios políticos y comerciales.

Distracción

Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, las mismas voces reformadoras se hacían escuchar en Hungría.

Los líderes de China, Mao Zedong y de Corea, Kim Il Sung
Kim aprovechó la "distracción" de Pekín y de Moscú.
Pero si bien en Corea del Norte el cambio venía impulsado desde el interior del partido comunista, en Hungría el descontento, gracias a la apertura que se vivía desde hacía unos años, también se sentía a nivel de la sociedad.

Cuando estalló la revuelta en a finales de octubre del 56, el gobierno de Moscú se dio cuenta de que Hungría se le estaba escapando de las manos y se apresuró a reprimir el levantamiento.

Kim aprovechó la "distracción" de Moscú, que por esos días también estaba involucrada en la crisis del Canal de Suez, en Egipto, y se deshizo de los "coreanos soviéticos".

"Algunos lograron escapar a Rusia y China. Otros murieron y fueron encarcelados", comenta Person.

A partir de finales de los años 50, cuando la Unión Soviética y China rompieron su pacto comunista, Kim comenzó a aliarse con quien más le convenía para así evitar que se inmiscuyeran en sus asuntos.

Desde entonces no han existido voces de disenso en Corea del Norte.



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