Mientras en Hungría la intervención soviética ponía fin a una revuelta popular, en Egipto se gestaba otra crisis que haría tambalearse la paz mundial.
Muchos historiadores se empeñan en ver una relación entre ambos conflictos a pesar de que tuvieron lugar en regiones del mundo con muy pocas similitudes.
Hungría pasó a ser vista como pieza clave en las relaciones Este-Oeste, según algunos historiadores.
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"Nos enteramos de la decisión catastrófica de ir a la guerra por el Canal de Suez, y ahí comprendimos que la causa húngara sería olvidada y que perderíamos", dijo a la BBC el doctor G.M. Barabas, quien como líder estudiantil intervino en los sucesos de la Revolución Húngara de 1956.
A la vez, Cecilia Curtis, descendiente de húngaros que se refugiaron en Australia, también declaró a la BBC que "cuando estalló la revolución todo el mundo creía que Occidente ayudaría, pero nadie lo hizo".
No sólo estuvo en juego la hegemonía sobre el estratégico Canal de Suez.
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Aunque la revolución húngara contó con el apoyo de los gobiernos occidentales (el presidente de EE.UU., Dwight D. Eisenhower, dijo estar "de todo corazón" con los revolucionarios) y causó una gran conmoción alrededor del mundo, la falta de apoyo efectivo occidental es vista como una de las causas del fracaso revolucionario.
En opinión de algunos historiadores, el estado de cosas surgido tras la Segunda Guerra Mundial determinó la existencia de un mundo bipolar con esferas de influencia muy demarcadas, e incluso "inviolables", como condición para la buena marcha de un proceso de "distensión" internacional.
Siguiendo este punto de vista, la insurrección de Hungría dañaba el equilibrio necesario para la relación Este-Oeste y la convivencia entre las potencias de la época.
Suez
A la vez que Moscú aplastaba el movimiento revolucionario húngaro, se desataba otra crisis internacional: la guerra del Canal de Suez, que contó con la alianza entre Reino Unido, Francia e Israel contra Egipto y pudo haber involucrado a la Unión Soviética y a Estados Unidos.
El fracaso de la revolución húngara pudo haber contribuido a consolidar una idea geopolítica del mundo.
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Además de la hegemonía sobre el estratégico canal, ese conflicto puso en el foco de la atención internacional el tema de las dos esferas de influencia en el mundo de la Guerra Fría y la intromisión de cada una de las partes, Occidente y la URSS, en el área correspondiente al adversario.
Aunque Moscú amenazó con tomar parte en la guerra de Suez e incluso con atacar a Londres y París, el conflicto se resolvió con respeto de las áreas de influencia de cada bloque.
Este hecho, como apuntan algunos historiadores, contribuyó a consolidar la idea de la exitencia de un mundo bipolar con fronteras "inviolables".
Así, tanto la insurrección de Hungría como la Crisis de Suez, acontecimientos de hace ahora 50 años, pueden ser vistos como hechos clave que ayudaron a dar forma a una concepción geopolítica del mundo que se mantendría, en esencia, vigente por las próximas tres décadas.