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Jueves, 28 de septiembre de 2006 - 23:20 GMT
Promesa de cambio

Frances Harrison
BBC, Teherán

Estudiantes defendiendo planta nuclear en Irán.
A menudo se ve a las estudiantes defendiendo los programas nucleares de Irán, pero poco se habla del cambio que implica su existencia.

La cantidad de mujeres que se están graduando de las universidades iraníes supera a la de los hombres, lo que promete un cambio en el mercado laboral y, con ello, un profundo cambio social.

Veinte estudiantes de postgrado están sentados en un salón de clase moderno escuchando una conferencia sobre gerencia medioambiental en la Universidad Islámica de Azad, una institución privada con 1,6 millones de estudiantes inscritos en todo el país.

El salón está a oscuras para que los estudiantes puedan ver las transparencias que el profesor usa para comparar el consumo de energía en el mundo.

El 75% de los estudiantes en esta clase son mujeres; los cinco hombres que asisten están sentados juntos en una esquina.

Como explica el profesor, Majid Abbaspour, la situación ha cambiado considerablemente.

"Cuando yo estaba estudiando en Irán, éramos 60 en el curso de ingeniería mecánica y sólo cuatro eran mujeres. Ahora los números han cambiado mucho. Creo que quizás es porque las actitudes de las familias han cambiado".

Mucho más de la mitad de los estudiantes universitarios en Irán hoy en día son mujeres. En el departamento de Física Aplicada de la Universidad de Azad, el 70% de los graduados son mujeres -una estadística de la que se enorgullecería cualquier universidad occidental-.

Es un inmenso cambio social que ocurrió desde la Revolución de 1979: el gobierno islámico iraní ha logrado convencer incluso a las tradicionales familias rurales de que está bien dejar que sus hijas dejen el hogar para ir a las aulas.

Alarma

No obstante, en algunas áreas el hecho de que sean tantas más las mujeres que los hombres que van a la universidad está empezando a alarmar a las autoridades.

Un sólo hombre en una clase en la Universidad de  Azad
En algunas carreras, el 70% de los graduados son mujeres.
"De hecho, empieza a ser preocupante... en algunos campos quizás les pondrán limitaciones", dice Abbaspour refiriéndose a las sugerencias de que debería aplicarse un programa de discriminación positiva a favor de los hombres en ciertas carreras.

"Por el momento no hay discriminación en las industrias del crudo y el gas pero cuando quieran trabajar en las plataformas de petróleo o gas en el Golfo Persa probablemente será difícil para las mujeres".

"Las mujeres tenemos que demostrar que estamos aquí y tenemos mucho que decir", señala Massoumeh Pahshahie Umidvar.

"Durante años vivimos bajo la pesada sombra de los hombres -nuestros padres y hermanos- y ahora queremos deshacernos de ella".

Massoumeh trabaja en una fábrica, tiene un hijo y está haciendo un postgrado. Su vida es completamente distinta a la de su madre, quien se quedó en casa cocinando y cuidando a los hijos.

Massoumeh le advierte a su esposo que no pasará mucho tiempo antes de que los hombres iraníes tengan que quedarse en la casa mientras las mujeres gobiernan el país.

"Oportunidad histórica"

En parte, el que haya más mujeres recibiendo educación universitaria se debe a que muchos hombres jóvenes están más interesados en hacer dinero.

Mujeres en la Universidad de Teherán.
Las mujeres con educación universitaria rechazan los roles tradicionales que se les asignan.
"Antes de la revolución, todo el mundo suponía que si uno quería ser rico y tener un buen nivel de vida tenía que educarse", explica el periodista y comentarista social Sayed Laylaz.

"Pero después de la revolución, tras tantos cambios -particularmente los que trajo la guerra entre Irak e Irán- la mentalidad cambió.

"Ahora los chicos no creen que para ser exitosos deben estudiar y por ello le dejan más puestos libres a las chicas para que vayan a la universidad".

Laylaz describe ésta como una oportunidad histórica para las mujeres, y apunta que la están aprovechando con avidez. Su esperanza es que esta nueva generación de mujeres iraníes educadas forjen un cambio social en las próximas décadas.

Pronto, argumenta, las mujeres estarán a cargo de la contratación en las oficinas. Y él ya ha notado que los políticos están empezando a reconocer la importancia del voto femenino.

Matrimonio o carrera

Otro cambio social se evidencia en el hecho de que las jóvenes educadas están empezando a dudar de la conveniencia del matrimonio. Cada vez es más problemático para la mujeres graduadas encontrar hombres que tengan el mismo nivel de educación.

Y, según las leyes iraníes, las mujeres necesitan el permiso de sus esposos para poder ejercer sus profesiones.

Sudabeh Shahkhudahee acaba de terminar su turno nocturno como enfermera y se relaja frente a la televisión, mientras lee el horóscopo.

Quizás, en el futuro cercano, logremos que se reconozcan nuestros derechos... al menos esa es mi esperanza
Estudiante
Habiendo completado sus estudios y después de encontrar un empleo que le gusta, el futuro le causa ansiedad: podría perderlo todo si se casa con el hombre equivocado.

"Escogería a una persona que me deje trabajar pues amo mi trabajo" dice. "Nunca lo dejaría por estar casada".

Ésta es una opinión que cada vez se expresa más en una sociedad en la que una mujer soltera ni siquiera puede rentar un apartamento sola con facilidad.

Sudabeh sabe que será difícil encontrar a un hombre al que no le importe que tenga que cumplir con turnos nocturnos y ausentarse de la casa por períodos largos, especialmente cuando tenga hijos.

Que existan madres que trabajen es un fenómeno relativamente nuevo en Irán, pero las actitudes están cambiando entre la nueva generación de mujeres que trabajan, muchas de las cuales ya no aceptan a un esposo que no comparta las responsabilidades en el hogar.

"Nuestros hombres están saliendo de esa caparazón de machos y volviéndose más cooperativos", asegura una joven estudiante casada.

Muchos creen que las iraníes que han hecho un gran esfuerzo por superar a los hombres serán las que impulsen los cambios sociales y políticos.

"Quizás, en el futuro cercano, logremos que se reconozcan nuestros derechos... al menos esa es mi esperanza", dice otra estudiante.

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