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Gerry Simpson
Profesor de Derecho Público Internacional, London School of Economics
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¿Será acertada o no la decisión de acusar a Saddam Hussein de genocidio?
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Este 21 de agosto comenzó el juicio a Saddam Hussein por su presunta responsabilidad en los asesinatos masivos de kurdos iraquíes durante la brutal campaña de Al Anfal en los años '80.
La decisión tomada en abril de 2006 de acusar a Hussein de genocidio podría tener el efecto de añadirle legitimidad, desde la perspectiva de muchos iraquíes, al proceso judicial en su contra.
Al mismo tiempo, tiene una gran probabilidad de hacer el proceso inmensamente más complejo y largo, poniendo en peligro esta legitimidad.
Hay una ironía adicional en este punto. A principios de este año, muchos expertos pedíamos que a Hussein se le hiciera un juicio internacional similar al del ex dirigente serbio Slobodan Milosevic.
A raíz de la muerte de Milosevic en marzo, el proceso en su contra fue criticado por no haber hecho justicia de una forma rápida y efectiva.
Muchos observadores acusaron al tribunal de complicar innecesariamente el juicio al tratar de hallar culpable a Milosevic de genocidio.
Un mes más tarde, cuando todavía se escuchaban con fuerza los ecos de las acusaciones, se anunció que Hussein también sería juzgado por presunto genocidio.
Momentos determinantes
Para tratar de comprender qué significa todo esto para el juicio en Bagdad y para la justicia internacional en general, es importante comprender bien lo que implica el término "genocidio".
Cuando Rafael Lemkin, un asesor polaco del tribunal de crímenes de guerra de Nuremberg después de la Segunda Guerra Mundial, acuñó el término, no se podía imaginar que 60 años después un mandatario europeo moriría en un calabozo de La Haya cuando su juicio por genocidio estaba a punto de terminar y, al mismo tiempo, se acusaría de genocidio a un derrotado líder árabe en la capital del país que gobernaba.
Hussein se negó a declararse culpable o inocente durante la apertura del proceso.
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Estos son momentos determinantes para un concepto legal que fue introducido en la Convención de Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, de 1948, y que ha sido aplicado ante un tribunal en muy pocas ocasiones desde entonces.
No sólo Milosevic, en su caso ahora abandonado, o Hussein han enfrentado la justicia: en mi opinión, el propio delito de genocidio está en juicio.
¿Se puede hallar a alguien culpable de genocidio sin socavar todo el proceso judicial?
El genocidio es el delito supremo en el derecho internacional. Y con razón.
La destrucción total o parcial de comunidades humanas es sin duda un crimen único. Ser declarado culpable de genocidio es la máxima expresión de inhumanidad.
Definición legal
Sin embargo, hay una paradoja. El genocidio -casi por definición una atrocidad a gran escala, generalmente muy pública y visible- es muy difícil de probar como responsabilidad criminal individual.
En parte, es por eso que se han presentado un gran número de acusaciones de genocidio desde 1948, pero muy pocas personas han sido halladas culpables de ese delito.
Se han hallado muchas tumbas supuestamente relacionadas con la campaña de Anfal.
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Incluso en casos en que el genocidio no es muy difícil de probar, hay cierta renuencia a emplear el término.
Adolf Eichmann fue declarado culpable de facilitar el Holocausto judío, pero no se mencionó la palabra genocidio en la lista de acusaciones en su contra.
Una explicación para esto es que la definición popular de genocidio es mucho más amplia que la definición legal que aparece en la convención de 1948.
En derecho, genocidio es un tipo de delito muy específico que incluye tres elementos.
Para poder probar que alguien como Saddam Hussein es culpable de genocidio se debe demostrar que:
tenía intención de destruir total o parcialmente
un grupo racial, religioso, étnico o nacional determinado
mediante su participación en uno o más delitos, por ejemplo el asesinato, la deportación o el traslado forzado de niños desde sus casas.
En general, es muy difícil probar la intención en el derecho penal.
Y es mucho más complicado hacerlo cuando hay capas de jerarquía entre el acusado y quienes llevan a cabo los asesinatos específicos, en especial si los líderes tuvieron cuidado de no dejar evidencia documental por escrito que los vincule a los delitos en cuestión.
Estrategia de la fiscalía
Los fiscales en el caso de Milosevic tuvieron gran dificultad en acusarlo de ese delito en relación con los supuestos genocidios en Bosnia.
Los cargos contra Hussein relacionados con la campaña de Al Anfal pueden resultar igualmente complejos.
Eichmann fue secuestrado en Argentina y juzgado en Jerusalén en 1961.
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Tal vez no haya muchas dudas de que Hussein ordenó la destrucción de algunas aldeas kurdas, ¿pero significa eso que tenía la intención de destruir al pueblo kurdo?
Una posible pista para la estrategia de la fiscalía es el caso Krstic en el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia.
El general Radislav Krstic, subordinado inmediato del líder todavía fugitivo Ratko Mladic, dirigía el Cuerpo Drina, una fuerza serbiobosnia desplegada en Srebrenica y sus alrededores, cuando ese cuerpo participó en el asesinato de 8.000 hombres y niños musulmanes, después de la caída en 1995 de la "zona segura" declarada por la ONU.
En 2001, Krstic fue encontrado culpable de genocidio y sentenciado a 46 años de prisión. Después de su apelación, la sentencia se redujo a 35 años.
El tribunal determinó que Krstic tenía intención de cometer genocidio contra los musulmanes bosnios al tratar de destruir a una gran parte de esa población, en específico los musulmanes bosnios de Srebrenica.
¿Malas noticias para Hussein?
Este caso podría ser significativo en relación con la campaña de Anfal porque sugiere que el delito de genocidio incluye la destrucción de comunidades relativamente aisladas dentro de un grupo nacional más amplio.
De forma crucial, el tribunal dictaminó lo siguiente: "Cuando no hay pruebas directas de intención genocida, es posible inferir esa intención a partir de las circunstancias objetivas del delito".
Ese precedente podría ser una mala noticia para Hussein.
Pero incluso si es declarado culpable de genocidio, en el contexto de un juicio largo y complicado, ¿qué efecto tendrá esto en la legitimidad del proceso?
Hay dos escenarios. Por una parte, el problema de presentar pruebas relacionadas con el delito de genocidio puede demorar enormemente el resultado del juicio, lo que podría provocar el creciente descontento de los iraquíes interesados e incluso su total falta de atención al caso.
Por otro lado, la introducción del cargo de genocidio podría tener el efecto de galvanizar el proceso legal y reivindicar las reclamaciones de justicia de un número sustancial de víctimas de Hussein.
De una u otra forma, el delito de genocidio se somete a juicio en Bagdad.