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Lunes, 7 de agosto de 2006 - 22:55 GMT
Vida en suspenso
Kim Ghattas
BBC, Beirut

Un libanés pasa por un sitio destruido
La gente en Líbano se siente atrapada en la guerra.
Manejando de regreso de Baalbek en el este del valle de la Bekaa esta semana, me di cuenta de que nuestro conductor se ponía nervioso a medida que nos acercábamos hacia a las sinuosas carreteras montañosas que conducen a la capital libanesa, Beirut.

Carrocerías ya carbonizadas de camiones y camionetas, yacían a un lado del camino: los israelíes han atacado vehículos grandes a lo largo de Líbano, especialmente en esta área, argumentando que éstos transportaban armas para el grupo extremista Hezbolá.

Sin embargo, lo que provocó la inquietud del chofer fueron las noticias de última hora que interrumpían la programación regular de la radio cada cinco o diez minutos.

Primero una música rápida, mezclada con la voz de una mujer, anunciaba: "La información de última hora de nuestra redacción".

Se acababa de producir un ataque aéreo en el valle de la Beeka. Nos manteníamos bien informados y muy nerviosos.

Esa música rápida en la radio les recuerda a los libaneses la época de la guerra civil.

Durante la guerra, que duró de 1975 a 1990, muchas personas sobrevivieron gracias a los incansables presentadores de noticias, quienes recogían la información de los reporteros en el terreno y luego le decían a su audiencia cuáles eran las áreas a evitar debido al intenso bombardeo, o cuáles intersecciones tenían francotiradores.

Fuertes e ingeniosos

Escuchar la radio era entonces tranquilizador y desconcertante al mismo tiempo.

Ahora, nuevamente, los libaneses sintonizan la emisora y sienten que están en guerra.

En Beirut, todavía se puede encontrar algunos restaurantes abiertos, aún es posible ordenar una pizza desde la casa y los supermercados están relativamente bien abastecidos.

Un lugar destruido en Beirut tras un bombardeo israelí
Muchas áreas de Beirut han sido virtualmente aplastadas por los bombardeos israelíes.
No obstante, las provisiones podrían escasear pronto, las calles están en su mayoría desiertas, y durante la noche no hay luz en muchos vecindarios de la ciudad.

El combustible se acaba y una compañía de energía local impone un estricto racionamiento.

Los libaneses son fuertes e ingeniosos y saben cómo sobrevivir en una guerra.

Ellos saben qué tipo de alimentos almacenar. Conocen además, que necesitan guardar velas y muchos fósforos en un lugar accesible dentro de la casa en caso de que falte la electricidad y los generadores de energía de los vecindarios también dejen de funcionar.

Una guerra diferente

Los libaneses saben todo pero realmente no quieren tener que volverlo a hacer de nuevo, porque ya lo han hecho todo antes, demasiadas veces.

Esta guerra también es muy diferente.

Los libaneses son fuertes e ingeniosos y saben cómo sobrevivir en una guerra
Durante la década de los '80, si la guerra se agudizaba en Beirut, podías ir al norte para buscar refugio.

Si el aeropuerto estaba cerrado era posible dejar el país en barca. Si las montañas estaban ardiendo, te ibas a la costa.

Ahora, aunque el sur de Líbano sufre los bombardeos, todo el país parece inmerso en la violencia, y los libaneses comienzan a sentirse atrapados no sólo dentro del país, sino de sus propias regiones, con vías y puentes destruidos por todas partes.

Cuando los israelíes bombardearon cuatro puentes en el norte de Beirut, en la zona cristiana, cualquier impresión de que las áreas cristianas eran más seguras que el resto de la ciudad, desapareció por completo.

Rabia

Para aquellos que no son miembros de Hezbolá, para quienes no suscriben la ideología del Partido de Dios y para los que no tienen una fe ciega en el liderazgo del grupo, esta guerra les rompe el corazón.

Ellos están furiosos con Hezbolá por haber arrastrado a Líbano y llevarlo a esta destructiva guerra.

Soldados libaneses tras un bombardeo israelí en Tiro
La ciudad libanesa de Tiro ha sido blanco de varios ataques.
Pero también están indignados con Israel por imponer su castigo colectivo a todo el país.

Durante estas últimas tres semanas, ha sido doloroso observar la destrucción de la infraestructura de Líbano.

Cuando terminó la guerra, en 1990, los libaneses hicieron un trabajo asombroso al reconstruir su país, a pesar de los asesinatos políticos y los bombardeos ocasionales de Israel.

Este verano parecía prometedor, la economía estaba en auge y la alegría de vivir de los libaneses estaba por todos lados, pero quizás todo ello no les hizo ver los problemas reales que pululaban debajo de la superficie.

"Vida paralizada"

Una mañana mientras tomaba café, Jonny, el dueño de mi restaurante favorito en Beirut, me dijo que estaba esperando para ver cuál sería el resultado de los enfrentamientos, antes de decidir si era tiempo de dejar Líbano otra vez.

Luego de años en Nueva York, Jonny había regresado a Líbano a mediados de los '90, cuando nuevamente el futuro lucía prometedor.

Escuchar la radio era tranquilizador y desconcertante al mismo tiempo
Él tenía fe en el país y como muchos alrededor suyo, quería creer que a pesar de la desordenada política libanesa, todo estaría bien.

Esa ilusión se desplomó el 12 de julio, cuando Hezbolá capturó a dos soldados israelíes.

El dueño del restaurante me dijo que necesitaba ver un final. Una solución exhaustiva para decidir si se quedaba, significaba para él un desarme de Hezbolá.

Sin embargo, aquí todos tienen su propia visión de cómo se debe solucionar el conflicto.

Uno de mis amigos, un diseñador industrial, dirige una compañía que tiene unos 60 empleados. Toda la materia prima que utilizan allí es importada.

El bloqueo marítimo, terrestre y aéreo de Israel significa que sus máquinas están paradas, pero sus empleados aún necesitan cobrar sus sueldos.

Él puede pagarles un mes más antes de tener que tomar decisiones dolorosas.

Mi amigo también dijo que ya no importa si va a haber un cese el fuego o no, porque su espíritu estaba roto y su energía agotada.

Los libaneses siempre han sido optimistas, siempre listos para recoger las piezas y comenzar de nuevo, y mientras se aferran a la esperanza de que de alguna forma la cosas van a funcionar, es difícil hacerlo esta vez. Por ahora, la vida aquí está paralizada.

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