La evaluación final de William Patey, al dejar la representación diplomática en Irak, contrasta con la retórica pública
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Escuadrones de la muerte, secuestros masivos; el último ataque: una bomba enterrada en un campo de fútbol que mató niños mientras jugaban. Este es el descenso de Bagdad a la locura.
Esto no tiene que ver, dice la línea oficial en Londres y Washington, con guerra civil. Pero en privado la evaluación es bastante más sombría.
Un memo confidencial -el último cable diplomático de William Patey, quien la semana pasada dejó de ser el embajador del Reino Unido en Irak- señala que la perspectiva de una guerra civil de baja intensidad y una división de facto de Irak es quizá más probable en este momento que una transición exitosa y substancial a una democracia estable.
Y continúa: aún la expectativa disminuida del presidente de EE.UU., George Bush, sobre Irak, es decir, un gobierno que pueda sostenerse por sí mismo, defenderse y gobernar por sí mismo, y ser un aliado en la guerra contra el terrorismo, debe ponerse en duda.
El alto diplomático escribe que la posición no es desesperada, pero en general es una evaluación oficial devastadora sobre las perspectivas de paz en Irak y se plantea en claro contraste con la retórica pública.
Militares de alto rango también advierten de más violencia. Miles de tropas estadounidenses extra serán desplegadas a partir de la próxima semana.
"Esto es decisivo", afirmó un alto funcionario. "La batalla por Bagdad es la batalla por Irak", dijo otro comandante de alto rango y los próximos seis meses decidirán el resultado.