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Viernes, 28 de julio de 2006 - 21:00 GMT
Camino al mismo callejón sin salida
Jim Muir
BBC, Tiro

Soldado israelí con bandera amarilla.
Israel esperaba establecer un gobierno amigo en Líbano en 1982.

Cuando Israel invadió Líbano en 1982, el pretexto inicial, reflejado en el nombre código dado a la operación, Paz para Galilea, era desplazar las armas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) a 40 kilómetros de distancia de la frontera, sacando al norte de Israel de su rango.

El objetivo suena familiar hoy, cuando los proyectiles de Hezbolá caen sobre las ciudades del norte de Israel.

Pero la agenda verdadera del entonces ministro de Defensa, Ariel Sharon, se hizo rápidamente evidente, a medida que las fuerzas israelíes avanzaron hacia Beirut y sitiaron a una capital árabe por primera vez.

Era mucho más ambiciosa: decapitar al movimiento palestino destruyendo a la OLP, sacar a las tropas sirias de Líbano, e instalar un gobierno amigo en Beirut que haría la paz con Israel.

Los israelíes fracasaron en destruir la OLP, pero consiguieron desplazarla.

Yasser Arafat y sus combatientes se vieron obligados a huir en buques y partir a Túnez.

Pero incluso esa fue una victoria pírrica.

Arafat terminó volviendo a su tierra natal y murió como presidente de la Autoridad Nacional Palestina.

Irán y Siria

Escombros de edificio en Beirut.
Líbano busca recuperarse después de décadas de violencia.

Los otros objetivos de Israel fueron neutralizados por una alianza de sus enemigos regionales estratégicos, Siria e Irán.

En 1982, la mayoritaria comunidad chiita de Líbano, hastiada de pagar el precio por las aventuras de guerrillas palestinas contra Israel, inicialmente dio la bienvenida a la intervención israelí.

Pero su creciente resentimiento contra la continua ocupación israelí le proporcionó terreno fértil a Irán y Siria para promover la formación de un vehículo que probaría ser mortífero y efectivo para sacar a los israelíes: el Hezbolá, que no existía antes de la invasión.

Utilizando ataques de bombarderos suicidas y otras tácticas, Hezbolá se unió a otros grupos respaldados por Siria para expulsar a la Fuerza Multinacional (MNF, por sus siglas en inglés) que había intervenido para reemplazar a los israelíes en el área de Beirut.

Es algo que pone a pensar a cualquier país que esté considerando unirse a la fuerza internacional propuesta para la zona fronteriza del sur de Líbano.

La MNF, encabezada por Estados Unidos, y que incluía a contingentes franceses, italianos y británicos, se retiró en 1983 al verse envuelta en una guerra de milicias y sufrir bajas sin un propósito claro.

Tomó 17 años sangrientos y cientos de bajas para que los israelíes, que se habían replegado a una amplia zona de seguridad fronteriza operada por sus subalternos locales del Ejército del Sur de Líbano (SLA, por sus siglas en inglés), llegaran a la misma conclusión.

En 2000 se retiraron, y el SLA colapsó, literalmente, de la noche a la mañana.

Hezbolá avanzó hacia la zona fronteriza sin ninguna resistencia.

Ahora, luego de la masivamente provocadora incursión transfronteriza de Hezbolá el pasado 12 de julio, en la que ocho soldados israelíes murieron y dos fueron capturados, la historia se repite, pero con muchas diferencias.

¿Misión imposible?

Sheik Hassan Nasrullah
Hezbolá ha dicho que siguen los ataques contra Israel.

Israel ha lanzado un ataque sorprendentemente violento contra Líbano con ambiciones flexibles pero amplias, que están parcialmente unidas a la percepción de estar combatiendo en parte de la "guerra contra el terror" de su socio estadounidense.

Le gustaría destruir a Hezbolá y a su dirigencia, o como mínimo, verlo desarmado y desplazado hasta donde no pueda alcanzar a Israel con sus misiles, ya sea con el ejército libanés o con alguna clase de "vigilancia" internacional asumiendo su lugar en la zona fronteriza.

Pero destruir a Hezbolá no es posible.

Está profundamente enraizado en la mayor comunidad libanesa. En alianza con el movimiento chiita más moderado, Amal, domina la política de los chiitas.

No importa qué tan fuerte presionen los israelíes, Hezbolá no puede ser embarcado y enviado a Túnez como hicieron con la OLP.

Al infligir daños masivos a la población civil e infraestructura de Líbano, los israelíes aparentemente querían ejercer presión sobre el gobierno de Beirut para que limitara a Hezbolá.

Pero eso tampoco funciona. La milicia de Hezbolá es poderosa, bien armada y altamente motivada, como lo han comprobado los israelíes a grandes costos, tanto ahora como antes de que partieran de Líbano en 2000.

El ejército libanés, reconstruido bajo los auspicios de Siria antes de la retirada de las tropas de ese país el año pasado, cuenta con muchos chiitas en sus filas.

Si fueran enviados a combatir contra Hezbolá, el ejército libanés casi con seguridad se desintegraría en facciones sectarias, como ocurrió en las décadas de 1970 y 1980, y haría resurgir el espectro de una guerra civil entre los chiitas y el resto.

"Contradicción" estadounidense

Tanque israelí.
Israel ha enfrentado gran resistencia en el sur de Líbano.

En contraste con varios rebrotes previos de violencia, ha habido una extraordinaria ausencia de presión estadounidense sobre los israelíes para restringirlos.

Esta vez Israel ha seguido un curso de acción más violento que cualquier cosa que hayan empleado antes contra Líbano.

Washington no ha dicho nada mientras aviones israelíes destruyen objetivos que van desde el aeropuerto internacional de Beirut hasta carreteras, puentes, fábricas, estaciones de gasolina, y otros blancos no militares alrededor de todo Líbano, además de ataques contra áreas y vehículos civiles que han cobrado muchas vidas.

Estados Unidos está atrapado en una contradicción aquí. Está comprometido con el gobierno elegido, mayoritariamente antisirio, encabezado por Fuad Siniora, quien está siendo visiblemente debilitado cada día que pasa por la avalancha de ataques contra objetivos económicos y de infraestructura que no tienen asociación obvia con Hezbolá.

Por lo tanto, es una táctica que puede estar cerca de llegar al límite de su utilidad y que será cada vez más difícil de seguir, con una creciente preocupación internacional sobre los daños militarmente irrelevantes y bajas que ha causado, aparte del hecho que no está funcionando.

Es similar a las tácticas empleadas por Israel en la arena palestina, urgiendo a Yasser Arafat y luego al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas a reprimir a Hamas y otros grupos radicales, mientras simultáneamente destruía su capacidad para lograr tal objetivo.

El resultado fue el ascenso de Hamas.

Resultado desconocido

Soldados israelíes
Tropas extranjeras enfrentarían grandes problemas para controlar el sur de Líbano.

¿Qué otras opciones tiene Israel?

Pese a la masiva destrucción infligida en los suburbios del sur de Beirut, donde está basada la dirigencia, hay poca evidencia de que Hezbolá haya sido afectado operativamente.

Aún si los israelíes consiguen su objetivo de matar al carismático jefe de Hezbolá, Sheikh Hassan Nasrallah, y otros dirigentes, no hay garantía de que sus muertes tengan un efecto funcional sobre el conflicto.

Su antecesor, Abbas Musawi, murió en un ataque de un helicóptero israelí contra su auto en una remota carretera en el sur de Líbano en 1992, sin beneficio discernible alguno para Israel.

El bombardeo masivo del sur tampoco ha logrado evitar que cohetes y misiles de Hezbolá lluevan sobre la población civil de Israel.

Los dirigentes de Hezbolá, dicen que sólo han usado una fracción de sus inventarios.

En su más reciente mensaje televisado, Hassan Nasrallah advirtió que los ataques llegarían hasta Haifa, y más allá.

Hasta el momento han cumplido todas sus advertencias.

Con los ataques aéreos aparentemente incapaces de silenciar los misiles, los israelíes recurrieron a incursiones terrestres, pese a un consenso nacional de que Líbano es un pantano peligroso en el que se pueden quedar atascados.

Esa presunción fue inmediatamente validada por los resultados de la incursión hasta el momento.

En la batalla por la pequeña población fronteriza de Maroun al-Ras, los israelíes reconocen que al menos 7 de sus soldados murieron.

En su esfuerzo por llegar a otra ciudad, Bint Jbeil, perdieron aún más por cuenta de emboscadas y contraataques cuidadosamente planeados de Hezbolá, pese al masivo volumen de fuego dirigido a apoyar sus fuerzas terrestres.

¿Control fronterizo?

Soldados en Líbano.
La guerra civil podría estallar si el ejército libanés se enfrenta con Hezbolá.

Los dirigentes israelíes hablan de establecer alguna clase de cordón de seguridad a lo largo del lado libanés de la frontera, una idea intentada en muchas permutaciones con resultados dolorosos desde la invasión del sur en 1978 hasta la retirada final en 2000.

A menos que haya una significativa degradación de las capacidades de Hezbolá, al actual ritmo de progreso en la región de Maroun al-Ras/Bint Jbeil, le tomaría a Israel varias semanas y muchas bajas militares asegurar una franja continua de cualquier profundidad a lo largo de la frontera completa, para no hablar de la región completa hasta el río Litani, lo que parece ser el plan.

Pero aún si lo consiguieran, ¿qué sigue después?

Los funcionarios israelíes han sugerido que entonces le entregarían la franja a una fuerza internacional robusta, con una "tarea de control", como lo presenta el primer ministro Ehud Olmert.

¿Una fuerza de paz sin paz alguna para mantener?

Si no hay un acuerdo de cese el fuego con respaldo político, ¿qué nación ofrecerá tropas para reemplazar a Israel en sus peleas, para enfrentarse a Hezbolá en una lucha que los mismos israelíes no han podido ganar?

Lo más probable es que los israelíes serían dejados ellos mismos en control de aquella franja fronteriza.

Cualquier presencia fija claramente actuaría como un imán para más ataques por parte de Hezbolá y tal vez otros grupos libaneses y palestinos, contra una nueva ocupación de tierra libanesa, que fortalecería aún más la razón de ser de Hezbolá como un movimiento de resistencia.

La historia se repite, de nuevo.

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