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Jueves, 27 de julio de 2006 - 21:04 GMT
La otra guerra en Afganistán

Pared de escuela bombardeada.
Una guerra silenciosa que busca acabar con las estructuras de poder.

La intensidad de los combates en el sur de Afganistán ha aumentado dramáticamente en los últimos meses.

Pero hay otra guerra desarrollándose a nivel más local, cuyo blanco es la infraestructura gubernamental del país.

Políticos, jefes de policía y jueces están siendo asesinados, y las escuelas están cerrando ante la intimidación o están siendo incendiadas, como informa el enviado especial de la BBC, Alastair Leithead.


Las notas fueron dejadas durante la noche, clavadas en los árboles afuera de la escuela. Eran para el director de la escuela.

"Sabemos quién eres", decían. "Sabemos que en tu escuela están educando a niñas. Deja de hacerlo o mataremos a tus hijas y a tu familia".

Están atacando específicamente las escuelas porque saben que una vez que la gente aprende a pensar por sí misma no puede ser presa fácil de sus adoctrinamientos
Hassina Sherjan, Afganaid
El director de la escuela había recibido antes este tipo de advertencias, pero no lo llevaron a cerrar el colegio.

Su respuesta la clavó en los mismos árboles: "Ustedes hagan lo que tienen que hacer y nosotros haremos lo que nosotros debemos hacer", decía.

A los pocos días, tres cohetes cayeron sobre la escuela, y habían plantado explosivos alrededor del edificio externo.

Esto sucedió hace unas pocas semanas en la provincia de Wardak, vecina de la capital, Kabul.

Al sur del país, lejos del poder central, la situación es todavía peor.

Objetivos fáciles

Niña afgana en escuela.
Durante el gobierno Talibán era prohibido que las niñas fueran a la escuela.
En la provincia de Helmand, en los últimos ocho meses, casi la mitad de las escuelas han sido quemadas o han asustado tanto a sus profesores que se vieron obligados a cerrar.

Son ecos de un gobierno Talibán que fue derrocado hace casi cinco años, pero los motivos hoy en día no son sólo reflejo de su extremismo religioso sino también de su intención de crear inestabilidad.

Y es que las escuelas son blancos fáciles. El objetivo final es erosionar el poder del gobierno elegido democráticamente.

Más allá de los fuertes enfrentamientos en Helmand, de las bombas y los atentados suicida en Kandahar y en otras partes de Afganistán, en los que mueren soldados de la coalición, milicianos talibanes y civiles, esta es una campaña que busca traer caos y miedo al país.

Cuán coordinada es la campaña, es difícil de medir, pero todos los días el saldo de muertos y heridos aumenta.

Hay días en los que en Afganistán hay más atentados que en Irak.

"Están matando a los líderes de la provincia", le dijo a la BBC Rahman Ibrahim, ex jefe de policía de la provincia sur oriental de Paktia.

"Trataron de asesinar al gobernador, al jefe de policía, al director de los servicios de inteligencia, al comandante del ejército. También a empleados gubernamentales.

"Pagan a quienes incendien escuelas y organicen bombas en las carreteras: pagan por desestabilizar la región", agregó.

Los funcionarios gubernamentales saben que su cabeza tiene precio; se paga por cada asesinato cometido.

Se sabe incluso que los comandantes del Talibán pagan más a su gente de lo que ofrecen las fuerzas de seguridad afganas.

"Ideologías"

Niñas afganas en escuela.
La educación es el objetivo de muchos de los ataques.
La educación ha sido alabada por la comunidad internacional como uno de los más grandes éxitos del Afganistán después del Talibán.

Millones de niños que no habían podido ir a la escuela durante el gobierno Talibán empezaron a recibir educación, particularmente niñas.

Pero con el resurgimiento de la insurgencia, todo esto ha empezado a cambiar nuevamente en algunas partes del país.

Un estudiante que no quiso dar su nombre describió la situación en su distrito: "había unos 2.000 pupilos estudiando conmigo en el colegio pero ahora todo eso se ha perdido".

"La gente con dinero se ha ido a la capital de la provincia y van al colegio allá pero el resto se quedó y no recibirán educación".

En algunos colegios quemados las copias del Coran no han sido retiradas, evidencia -argumentan algunos- de que no fue un acto de extremistas religiosos, pues ellos habrían sacado primero todos los textos sagrados.

Una escuela, vacía en la noche, no sólo es un blanco fácil sino también un fuerte símbolo del Estado.

"La educación es la base de cualquier sociedad. No puedes empezar a reconstruir un país después de una guerra sin educarlo antes", dijo Hassina Sherjan, quien dirige una escuela para niñas de Afghanaid.

"Están atacando específicamente las escuelas porque saben que una vez que la gente aprende a pensar por sí misma no puede ser presa fácil de sus adoctrinamientos", comentó.

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