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Marta Miera
Franja de Gaza
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Las milicias se unen en la resistencia en Yabalia.
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En el campo de refugiados de Yabalia, en el norte de la franja de Gaza y la mayor concentración de refugiados palestinos en todo Oriente Medio, las milicias se reorganizan en preparación para un nuevo ataque israelí.
De madrugada aviones de guerra del Ejército han disparado al menos dos misiles contra una base de las fuerzas palestinas de seguridad, en el pueblo de Yabalia, al norte de la franja de Gaza.
Pero esta mañana el Ejército cambió el foco de sus actividades, del norte, en la zona de Atatra, al este de la ciudad de Gaza.
La fuerza aérea israelí ha segado hoy la vida de dos palestinos en un ataque contra una base de las fuerzas palestinas de seguridad al este de la ciudad de Gaza.
Los aviones han abierto fuego contra otro barrio al este de la ciudad de Gaza y poco después se han acercado a esa zona decenas de carros de combate y otros vehículos blindados del Ejército israelí.
La lucha de las milicias
Abu Haron, es el portavoz de las Brigadas del Mártir Ahmed Abu Rish, un grupo armado vinculado al movimiento de Al Fatah, liderado por el presidente palestino, Mahmud Abás.
La facción nació en memoria al mártir, Ahmed Abu Rush, que murió en Gaza a finales de la primera Intifada (1987-91).
Abu Haron de tez oscura, tuerto y poblada barba, explica que los milicianos han desarrollado un consejo en el que participan todas las facciones para coordinar las operaciones día y noche.
Lo primero que han conseguido es dividir la franja en cinco sectores.
Desde el sofá de su oficina, mientras observa los carteles colgados en la pared con los retratos de los mártires palestinos, Haron cuenta a la BBC la situación de la lucha armada palestina frente a Israel.
"A pesar de que tenemos que enfrentarnos a la inigualable maquinaria israelí, con nuestra modestia y potencial podemos encararles. Usamos la ventaja de los aspectos geográficos que disponemos como las callejuelas del campo de refugiados", explica.
Y continúa: "No nos preocupa si los israelíes se retiran o vuelven a entrar. La cuestión principal son nuestros prisioneros. Nuestra petición es totalmente humanitaria. De repente todo el mundo se preocupa por el alma de un soldado israelí mientras miles de prisioneros palestinos continúan en las cárceles israelíes".
Harón apunta que no tiene miedo a luchar y aunque sabe que "habrá muchísimas bajas, estamos preparados para pagar el precio que sea necesario por nuestra libertad. Si nos quedamos pasivos y no resistimos los israelíes harán de nuestra sangre una mercancía cada vez mas barata. Si resistimos los mantendremos lejos de aquí".
Los civiles en la lucha
Naser, del transporte a las armas en una lucha que considera "es de todos".
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Mohamed Naser tiene 60 años y hasta hace una semana trabajaba como transportista.
Ahora Naser lucha como miliciano junto al movimiento islámico Hamás.
"Todos, civiles y milicianos, formamos parte de la lucha contra Israel. Es la obligación de todo palestino defender sus tierras", dice Naser.
Cuando se le pregunta si está preparado a morir, exclama: ¡Claro que sí, por eso llevo un arma en la mano!
Naser tenía antes más afinidad por las Brigadas de Al Aksa, brazo armado de Al Fatah, pero hoy lucha con Hamás porque son "más fuertes, gozan de más popularidad en la calle y son más religiosos".
En Yabalia, un campo de refugiados con más de 100.000 habitantes, civiles y milicianos salen a las estrechas calles para asistir a los funerales de los muertos en ataques israelíes.
Sin diferencias y más unidos que nunca recorren las calles enarbolando las banderas de las distintas facciones, mientras gritan: "Vamos a luchar y todos juntos iremos al paraíso".
Fathiya Abu Uarda, tiene 52 años y apoya con fervor la lucha armada.
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Mi marido mató a nueve israelíes. Estoy contenta de ser la mujer de un mártir.
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Su marido murió en 1971 durante la época de los ataques de los Fedayin palestinos, poco después de la toma de la franja de Gaza por parte de Israel. Ella tenía entonces 17 años.
"Mi marido mató a nueve israelíes durante un ataque. Estoy contenta de ser la mujer de un mártir".
"Después de matar a mi marido el Ejército israelí me rompió una pierna, me dañaron los ojos y me golpearon con un palo. Ya he sufrido bastante como para tener miedo. Hoy mi única esperanza es la lucha armada de las milicias".