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Roger Hardy
BBC, especialista en Medio Oriente
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Los militantes que secuestraron a un soldado israelí amenazan con una contraofensiva.
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El ultimátum de los grupos militantes palestinos, más allá de simplificar la crisis en el Medio Oriente, la torna más complicada cada día.
Los representates del gobierno israelí insisten que su único interés es el retorno de su soldado en captura. Pero es mucho más lo que está en juego.
El primer ministro Ehud Olmert necesita mostrar a una nerviosa opinión pública de Israel que pueden frenar los ataques palestinos así como detener los secuestros de soldados y civiles.
Si no lo hace, su plan de retirada de áreas de Cisjordania -eje de su estrategia de gobierno- perderá credibilidad.
Con esta idea en mente, podría creerse que estaría buscando nada menos que la caída del gobierno liderado por Hamas.
Pero mientras las medidas que adoptó bien pueden responder al estado anímico de los israelíes, al mismo tiempo significan un error de interpretación de la psicología palestina.
En efecto, hay pocos indicios de que los palestinos estén volviéndose en contra de Hamas o de los grupos militantes que se cree retienen al cabo israelí.
Con pocos resultados aún para ver de los esfuerzos hechos por los mediadores egipcios, sólo queda seguir observando la continuidad del lúgubre juego de estas relaciones políticas suicidas entre israelíes y palestinos.