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Viernes, 16 de junio de 2006 - 15:07 GMT
"Soweto cambió todo"
Redacción BBC

Thabo Mbeki
Los disturbios en Soweto dieron impulso al movimiento contra el apartheid.

Hace 30 años un levantamiento en el poblado sudafricano de Soweto desató una ola de disturbios en otras poblaciones en un país que todavía estaba firmemente bajo el apartheid.

Hamilton Wende era en ese entonces un estudiante en una escuela blanca de Sudáfrica.


"Disturbios en Soweto". Las palabras se precipitaron ansiosamente a través del país en esa mañana fría del invierno del sur.

Nadie sabía en que creer al comienzo.

Yo tenía 14 años y estaba en un internado en Grahamstown, en la provincia oriental del Cabo, a cerca de 1.600 kilómetros de distancia de Soweto.

A medida que transcurría el día, crecía el temor acerca de lo que podría pasar.

Los profesores intentaron, sospecho, atajar los peores rumores, pero ellos también tenían poca idea de lo que ocurría.

Refractados a través del prisma estrecho de la culpa y el temor que definían nuestro mundo aislado y adolescente de privilegio blanco, los rumores se tornaron más y más frenéticos.

"Esta noche es la 'noche de matar un blanco'", alguien empezó a decir.

Al poco tiempo, el rumor se había propagado por los salones de clase y los campos de rugby: "Cada negro en el país tiene orden de matar a un blanco".

Oleada de rabia

Thabo Mbeki en marcha en Soweto
Thabo Mbeki es el segundo presidente negro de Sudáfrica.

En los dormitorios esa noche, se dieron discusiones entre los muchachos.

Aquellos con puntos de vista liberales decían que aquella historia era absurda.

Muchos otros se fueron a dormir aferrados a bates de críquet o palos de hockey, listos y dispuestos a despertarse y pelear con los negros.

Había conversaciones, con la respiración entrecortada, que insistían en que el equipo de tiro había sido puesto en "alerta especial" en caso de que los negros se abalanzaran en hordas contra nosotros desde los poblados cercanos.

Pero llegó el amanecer, y los bates fueron devueltos tímidamente a los armarios.

La portada de los diarios llevaba una foto de una columna de humo negro atravesando el horizonte de Soweto.

Los rumores eran exagerados, pero los disturbios y el derramamiento de sangre fueron reales.

La cifra de muertos entregada por el gobierno fue de 23, pero muchas personas en las calles de Soweto dijeron que fue mucho mayor.

Ese día presenció una oleada de rabia negra que atravesó al país.

Tarde en la noche siguiente, fuimos despertados por camiones del ejercito cruzando las calles de la ciudad blanca de Grahamstown para establecer un cordón de aislamiento alrededor del barrio negro.

La violencia persistió por cerca de un año y cerca de 500 personas murieron.

Fue el principio del fin para el apartheid... y nuestras vidas habían cambiado para siempre en Sudáfrica.

Piedras y ladrillos

Habitante de Soweto.
Soweto es un símbolo de la lucha contra la desigualdad racial.

Más o menos un día después, mi jefe de disciplina en la escuela me llamó a su estudio.

Había una llamada telefónica de mis padres en Johannesburgo.

Yo sabía que algo estaba mal.

La voz de mi madre era calmada pero podía darme cuenta que estaba ocultando sus pensamientos.

De pronto, sentí un mareo al recordar que ella y algunas de sus amigas trabajaban como voluntarias en una guardería infantil en Soweto.

Me dijo que ella había estado en Soweto la mañana en que comenzaron los disturbios, y que había sido confrontada por una multitud de jóvenes y exaltados estudiantes.

Sin embargo, uno de los dirigentes estudiantiles había tomado el control de la situación y había evitado que los otros la atacaran.

Su amiga Jen, la madre de mi amigo Chris, no tuvo tanta suerte.

Ella y dos mujeres blancas quedaron atrapadas entre una multitud.

Los estudiantes empezaron a golpear su auto con rocas y ladrillos.

Rompieron el parabrisas, pero en un acto de valentía extraordinaria, Jen se recostó sobre la mujer que conducía para protegerla de los escombros arrojados contra ellos.

Jen fue alcanzada por varios objetos pero la conductora permaneció ilesa y pudo conducir el auto fuera de la multitud.

Finalmente fueron rescatadas por la policía.

Enfrentando la realidad

Habitantes de Soweto.
Soweto queda a las afueras de Johannesburgo.

Unas semanas después, mis padres vinieron a visitarme durante las vacaciones.

Jen y mi madre nos sentaron a nosotros, los muchachos, en la cabaña al pie del mar en donde pasamos el fin de semana.

Quedé aterrado por la profunda herida que todavía desfiguraba la cara de Jen.

Tenía enyesados ambos brazos.

Por teléfono no había comprendido qué tan cerca había estado de la muerte, pero ahora lo podía comprobar por mi mismo.

Fácilmente habría podido ser mi madre la que estuviera tan golpeada y deshecha.

Inspiración personal

Niño habitante de Soweto.
Muchos habitantes de Soweto siguen en la pobreza.

No sabía qué pensar.

Ya no recuerdo los detalles precisos de lo que Jen y mi madre nos dijeron ese día.

Pero recuerdo que sus voces eran mesuradas.

Hablaron de la injusticia del apartheid y por qué había llevado a tanta violencia.

Y también de cómo esa mañana hubo hombres negros que trataron de protegerlas.

Jen y mi madre no eran heroínas en la lucha contra el apartheid, sólo mujeres normales de clase media que, hace 30 años, se encontraron inesperadamente frente a frente con el terror de una muerte horrible a manos de una multitud.

Fue la valentía y la sabiduría de lo que nos dijeron lo que marcó el tono en mi vida para guardar esperanza en la reconciliación de blancos y negros en el futuro, y no en un ciclo de violencia y contra-violencia.

Habría sido tan fácil para ellas recurrir a las feroces frases de cajón y defender el privilegio de los blancos pero, en cambio, escogieron mostrarle a sus hijos la posibilidad de ver más allá de sus temores.

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