Proceden de toda África. Algunos llegan enfermos o deshidratados. Otros no llegan.
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España pidió ayuda a la Unión Europea para lidiar con la oleada de inmigrantes ilegales que llega a las Islas Canarias desde la costa africana. Mil quinientas de estas personas han arribado a Tenerife en menos de una semana en búsqueda de una mejor vida en Europa.
La mayoría de los inmigrantes paga a los traficantes de seres humanos en Mauritania para que los monten en barcas de pescadores o en pateras y así hacen una travesía peligrosa de unos 900 kilómetros. Muchos mueren. Otros llegan deshidratados.
Para responder al problema, el gobierno canario ha convertido barracas militares y estaciones de policía en centros de acogida temporales. Madrid dice que quiere enviar a los inmigrantes de vuelta a sus países pero necesita ayuda exterior.
Katya Adler, de la BBC, viajó a Tenerife.
No llevo siquiera una hora en Tenerife y ya veo a la guardia costera custodiando una frágil embarcación de pescadores abarrotada de personas con rostros ansiosos procedentes de África Occidental.
Viajes largos en embarcaciones frágiles. Su destino: las grandes ciudades de Europa.
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Es la segunda de estas naves que llega en las últimas horas. Más de 1.500 personas han arribado a Tenerife desde el viernes pasado, pero estos son sólo los afortunados. Cientos mueren en el intento.
Austin Taylor Wainwrights está a cargo del campamento de la Cruz Roja instalado en el puerto de Los Cristianos para proveer de asistencia básica a los recién llegados.
"Este es un trabajo muy difícil", dice Taylor Wainwrights y explica: "Atendemos a la vez a 80 ó 90 personas sedientas, hambrientas, a veces heridas. En ocasiones son niños pequeños. Hemos tenido hasta bebés de ocho meses".
Taylor Wainwrights añade que "hace dos días tuvimos a un niño de 13 años de edad que llegó sin familia y paralizado de miedo".
Los recién llegados han tenido que padecer viajes largos en embarcaciones muy frágiles, algunos de diez días, como manifiesta Taylor Wainwrights.
La mirada del turista
El comisario Luis Carrión, de la Policía Nacional, me dice que se trata de una catástrofe humanitaria, mientras observa cómo los inmigrantes ilegales llegan a la isla y son trasladados a centros de acogida frente a la mirada de los turistas.
La familia Cooper -británicos de Nottingham- se cuenta entre los vacacionistas que llegaron a las islas Canarias en busca de "un poco de tranquilidad".
"Es descorazonador. Uno no espera que esto ocurra, uno va de vacaciones para disfrutar, no para ver esto diariamente. Uno escucha las sirenas, ve los helicópteros y ya sabe automáticamente lo que va a ocurrir", dice uno de los Cooper.
"¿Y si repercute en el turismo?". Las autoridades están preocupadas.
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El vacacionista añade: "Tenemos que explicar a los niños lo que está pasando. Que algunas de estas personas están enfermas o deshidratadas. Algunos mueren en el intento. Tenemos que explicar a los niños que esto está ocurriendo aquí, frente a nosotros. No volveremos a este lugar si la situación continúa".
El turista apunta a una posibilidad que preocupa a las autoridades de las Islas Canarias, un popular destino de vacaciones de toda Europa: la caída en el número de visitantes.
Miguel Bejeda, portavoz del gobierno local, comenta: "Somos una pequeña isla turística. No podemos lidiar con esto. El gobierno de Madrid ha adoptado medidas pero necesitamos más. Esto es del interés del gobierno de Madrid y de la Unión Europea".
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Es descorazonador. Uno no espera que esto ocurra, uno va de vacaciones para disfrutar, no para ver esto diariamente
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Bejeda explica: "El destino de estos inmigrantes no son las
calles de las Islas Canarias. Ellos se dirigen a Madrid, a Londres, a París".
Las calles y el paraíso
Los periodistas no tenemos acceso a los inmigrantes ilegales ni en el puerto de Los Cristianos ni en los centros de acogida.
El problema se repite a lo largo de la línea costera frente a África.
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Por esa razón me trasladé a El Frilay, un pueblo satélite cerca del puerto, donde se reúnen los inmigrantes africanos.
Uno de ellos es Ibrahim Imborga, quien manifiesta: "Allá en Marruecos se dice que la gente poderosa se lo roba todo a los pobres. Por eso los jóvenes nos arriesgamos a ahogarnos. Hemos estado buscando el paraíso soñado pero hemos terminado durmiendo en las calles".
Para Aminata, una chica procedente de Senegal, venir a Europa representaba la oportunidad de encontrar un trabajo. Según me dijo, en su país no se halla empleo ni con un título universitario. Pero ella no quiere estar aquí. Extraña a su familia.
El problema con los inmigrantes no es único de las Islas Canarias, sino de toda la línea costera española frente a África y de los enclaves norafricanos de Ceuta y Melilla.
José Segura, delegado del gobierno español en las Islas Canarias, dice que este es "un problema creado por los países africanos".
"Europa necesita invertir recursos en esos países -explica- para que la gente deje de estar tan desesperada por emigrar. España es la frontera de Europa con África pero la inmigración ilegal no es un problema español".
"No podemos actuar solos", concluye.