Küng se reunió con el Papa por primera vez en 20 años. (Foto cortesía: Fundación Ética Mundial)
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Hans Küng es uno de los más destacados teólogos católicos en la actualidad y fue uno de los más estrechos amigos del actual papa Benedicto XVI en su época de profesores de teología en Alemania.
El llamado giro conservador del entonces profesor de teología Joseph Ratzinger tras las revueltas estudiantiles del 68 terminó por quebrar la amistad con Küng, representante del ala de renovación radical del catolicismo.
En 1979, el Papa Juan Pablo II le prohibió a Küng enseñar teología católica por sus posiciones, entre otras, de rechazo contra la infalibilidad papal, al celibato y la negativa a ordenar mujeres. Muchos vieron en esto la influencia del entonces cardenal Ratzinger.
En setiembre del año pasado, Benedicto XVI se reunió con su ex colega en Roma, luego de casi un cuarto de siglo sin comunicación.
BBC Mundo habló con Küng sobre su percepción del nuevo Papa.
Después de un año del pontificado de Benedicto XVI, ¿se siente decepcionado o esperanzado?
Cuando fue elegido el actual Papa sentí, como muchos otros católicos en el mundo, una enorme decepción.
Para mí no fue algo que tuviese que ver con una aversión personal, sino con una constelación de la política eclesiástica, ya que Ratzinger siguió en la Congregación para la Doctrina de la Fe con una dirección de extraordinaria severidad.
Sin embargo, debo decir que, después de un año, muchos de los temores que teníamos no se han cumplido
¿En que sentido?
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El problema (de la Iglesia) es la monstruosa fijación con la tradición que hay en Roma, donde la curia tiene la sensación de hacer todo correctamente y donde no se piensa si lo que se hace concuerda con la esencia de Jesús
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Él ha intervenido de manera muy cuidadosa y reservada. El tono de la última encíclica, por ejemplo, no fue finalmente lo que habíamos oído antes del cónclave, sino que predicó el amor e intentó evitar la confrontación en sus apariciones públicas.
¿No lo sorprendió el llamado tono político del último discurso del Papa en el que habló de Irán y de Medio Oriente?
No, no me sorprendió. Le agradezco mucho que haya confrontado directamente a las dos partes, cuando ahora siempre son culpados sólo los palestinos o los iraníes.
El Papa les dijo a las dos partes que deben buscar las condiciones para la paz y también se pronunció contra una intervención militar en Irán. Eso fue muy importante.
¿Sigue eso el espíritu de la conversación que usted tuvo con el Papa en setiembre del año pasado?
En esa ocasión hablamos sólo lateralmente de política mundial. Conversamos sobre el diálogo entre religiones o culturas, con lo que esto tiene naturalmente que ver.
El Papa sostuvo la opinión de que no puede haber paz entre las naciones si no hay una paz entre las religiones; eso también tiene que ver con valores morales comunes, de cánones comunes que tenemos en la humanidad y que deben hacerse conscientes.
En tal sentido, él estuvo en favor de la idea de un ethos de la humanidad, una ética mundial.
Pero para Benedicto XVI la Iglesia Católica tendría en ello una posición privilegiada.
No hablamos específicamente sobre la relación de la Iglesia Católica con otras religiones, pero habría algo que corregir cuando se ven en las otros cultos determinadas "deficiencias" pero no en el propio.
Sin embargo, tiene mucho significado que bajo el actual pontificado ha continuado ese diálogo de las religiones. Espero incluso que el diálogo no se limite a rezar conjuntamente, como en Asís, sino que se piense que valores y principios hay en común.
¿Debe entonces renovarse la Iglesia Católica?
¡Por supuesto! Tiene que mirar un poco en América Latina; es igual que en Alemania: tenemos grandes actos colectivos, pero la vida interna de la Iglesia, como en la mayoría de los países, permanece en un estado completamente crítico.
Los temores de algunos grupos religiosos con respecto a Benedicto XVI no se han cumplido a un año de pontificado.
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Los cuadros de la Iglesia Católica están envejecidos, faltan sucesores; la juventud no está presente, también cada vez menos las mujeres...
En Alemania tenemos la desaparición de comunidades y aún la venta de iglesias, la disminución de misas y de casamientos.
En ese sentido espero que el Papa, después de un año de astuta espera, comience a desplegar poco a poco las esperadas reformas.
¿Dónde radica para usted específicamente el problema de la Iglesia Católica?
El problema es la monstruosa fijación a la tradición que hay en Roma, donde la curia tiene la sensación de hacer todo correctamente y donde no se piensa para nada si lo que se hace está en concordancia con lo que representa la esencia de Jesús, que es el Señor y medida de la Iglesia.
Se guían sólo según el propio punto de vista de la Iglesia, que ellos mismos han fabricado y se defienden normas que son antibíblicas, como el celibato, o posiciones inhumanas como contra la píldora anticonceptiva o el control de la natalidad.
Tales cosas se defienden, en lugar de someterlas a crítica.
¿Cree que habrá progresos en este sentido?
¡Tiene que haber, ya que la distancia que hay entre lo que se predica en Roma y lo que se vive en las comunidades es monstruosa! Hay muchas cosas que están en el catecismo y cosas parecidas, pero nadie piensa en seguirlas.
El Papa, ya en su época como cardenal Ratzinger, proclamaba que algunos de esos cambios podrían hacer perder su identidad a la Iglesia Católica.
Por supuesto, debemos proteger la identidad de la Iglesia, pero la identidad de la iglesia de Jesús se podrá mantener sólo cuando se siga a Jesucristo mismo y no con enseñanzas que vienen de las nociones de la Iglesia en la Edad Media, del siglo XI.
La Iglesia Católica necesita una renovación profunda, a juicio de Küng.
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La identidad con Jesucristo se alcanza en cuanto a que, como discípulo suyo, se pregunte que haría Jesús mismo en tales casos. ¿Le daría tal carga a los hombres como prohibirles usar preservativos o se comportaría de otra manera? Esto se puede deducir indirectamente de la Biblia.
¿Le parece a usted que la Teología de la Liberación sigue siendo actual?
Es hoy, como ayer, actual, pero hay muchas dificultades porque bajo el antecesor del papa Benedicto XVI muchos fueron castigados. Especialmente porque existió una funesta política de personal.
Fueron nominados muchos obispos que son enemigos de la Teología de la Liberación. Por eso, la situación es muy difícil para quienes siguen ese movimiento. Pero espero que mis amigos Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff mantengan su bandera bien en alto.
¿Cree que la Teología de la Liberación puede ayudar a la renovación de la Iglesia?
Sin duda, necesitan una reelaboración de su catálogo de temas; eso ya lo he dicho desde hace tiempo. No se deben dejar influr sólo por el marxismo.
Por otro lado, hay que considerar temas fundamentales en el mundo moderno como la lucha entre las culturas y la paz.
¿Como debería, para usted, ser la Iglesia Católica del futuro para mantenerse viva?
Hay muchas cosas que preocupan. Ya me he referido a los aspectos negativos en la vida de la Iglesia, pero sin duda un Papa cercano a los medios de comunicación y con grandes manifestaciones no alcanza para que la institución se salve en el tercer milenio.
Se trata de renovar la vida dentro de las comunidades y con este Papa la pregunta es cómo se logra.