Después de la suspicacia mutua durante los años de la Guerra Fría, los vínculos entre Estados Unidos e India se multiplican. De ahí la importancia de la primera visita del presidente de EE.UU., George W. Bush, al país asiático.
Después de años de mutua desconfianza, hoy los dos países se acercan.
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India es una potencia en crecimiento. Su economía se desarrolla aceleradamente y es la democracia más grande del planeta.
Tres buenas razones para que el presidente Bush se sienta a gusto con la visita.
Pero todavía hay una cuarta razón.
Mientras que los sentimientos negativos frente a Washington han ido en aumento desde la guerra de Irak, en India, la imagen de la nación más poderosa ha mejorado.
Según los resultados de una reciente encuesta del Centro de Investigaciones Pew, más del 70% de la población india tiene una opinión favorable de Estados Unidos.
Nuevos vínculos
Con creciente frecuencia, Washington se muestra dispuesto a reconocer a India como uno de los principales protagonistas en la escena global, que tendrá un papel determinante durante este siglo.
Pero todavía no estamos cerca de decir que Washington y Nueva Delhi son aliados estratégicos.
De hecho, la pieza central en la dinámica diplomática entre los dos países -un acuerdo nuclear según el cual EE.UU. se compromete a ayudar a India a cambio de que la nación receptora separe sus actividades militares y civiles en este campo- ya encontró serios tropiezos.
Sus críticos en India cuestionan el hecho que este acuerdo le da influencia a Estados Unidos en una área de vital importancia estratégica.
Sus críticos en Washington, acusan a Bush de estar premiando a esa nación a pesar de que ha desarrollado armas nucleares, con lo que además sabotea el Tratado de No Proliferación Nuclear.
El reto, tanto para Bush como para sus anfitriones indios, es evitar que las relaciones bilaterales estén definidas por las complejidades del acuerdo nuclear.
Pero del mismo modo, tienen que proceder con cautela, concientes de que su encuentro será seguido de cerca por Islamabad y Pekín.
La clave para los líderes de ambas naciones es reforzar sus vínculos de tal manera que ni Pakistán ni China se sientan amenazados por esta nueva amistad.