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Jueves, 21 de julio de 2005 - 00:41 GMT
El hambre silenciosa de Níger
Hilary Andersson
Hilary Andersson
BBC, Maradi, sur de Níger

Una madre le da de cumer a su niño desnutrido.
Las agencias de ayuda están haciendo de todo para combatir la hambruna de los niños.
La gente escuchó que la ayuda había llegado. Estaban desesperados por hacer cualquier cosa para salvar la vida de sus hijos.

Viejos y jóvenes, mujeres y niños, lucharon para apoderarse de un poco de medicina, y fueron golpeados sin piedad por las autoridades.

Todavía no hay gran cantidad de alimentos en este pueblo.

Las agencias de ayuda están haciendo de todo para combatir la hambruna de los niños, considerada como "catastrófica" por las Naciones Unidas.

Las organizaciones no gubernamentales han acusado al mundo desarrollado de ignorar las tempranas advertencias y de dar la espalda a una crisis amenazante.

La larga sequía y la invasión de langosta han destruido la mayor parte de la cosecha del segundo país más pobre del mundo.

"Decisión de Dios"

Un niño desnutrido es pesado por Médicos Sin Fronteras.
La prioridad es para los menores de cinco años.
Unos kilómetros más allá, otro grupo espera que sus niños sean alimentados.

Por lo menos aquí, los doctores franceses tienen planeado dar raciones de emergencia a los hambrientos menores de cinco años.

La gente se encuentra en este poblado desde las seis de la mañana.

Los más débiles se desmayan del hambre y del calor aplastante.

Muchas personas han padecido la escasez de comida desde hace varios meses. Y es ahora cuando empiezan a ver las primeras señales de ayuda.

Un tercio de los niños aquí presentes están desnutridos, la mayoría gravemente.

Uno de los infantes tiene cinco meses de nacido y está tan raquítico que los médicos, cuando lo vieron por primera vez, pensaron que era un bebé prematuro.

"Nuestra cosecha fracasó y no tenemos comida. Es la decisión de Dios", dice su madre.

Un grupo de personas cuenta que les pidieron que se fueran a sus casas porque sus hijos no estaban lo suficientemente desnutridos como para ser alimentados en el centro.

Pobreza devastadora

Unos 150.000 niños en este país sufren de inanición. La escala de crisis aquí es vasta.

Un nigerino muestra los últimos granos para sembrar.
Afuera, en el desierto, la gente come hojas de los frágiles árboles.
"Entre enero y junio hemos recibido a 10.000 menores con desnutrición severa", dice Bernoit Leduc, de Médicos sin Fronteras.

"Estas cifras son enormes aún si las comparas con Darfur y Angola. Son gigantescas para una organización como MSF".

Afuera, en el desierto, la gente come hojas de los frágiles árboles que todavía sobreviven.

La tierra prácticamente no ha rendido nada.

Aún en los años considerados como "buenos", las personas obtenían lo mínimo de sus cosechas para sobrevivir.

Pero la sequía y la langosta barrieron los cultivos el año pasado.

Sólo una de cada diez personas hambrientas han podido llegar a las pocas clínicas que hay.

Por eso lo llaman el hambre silenciosa.



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