Cuando en enero el presidente de Estados Unidos, George Bush, inició su segundo período traía el impulso de convincente triunfo electoral de noviembre del 2004. Hoy esa fuerza se ha diluido.
El ex premier británico, Harold Wilson, dijo: "en política, una semana es mucho tiempo... seis meses, más.
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La reelección del republicano se debió en buena parte a que muchos electores consideraron apropiado el manejo de la llamada "guerra contra el terrorismo", que busca garantizar la seguridad interna, tema sensible tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
A tan sólo seis meses de aquel momento triunfante, el gobierno de Bush no parece contar con el mismo respaldo a causa, en buena medida, a la guerra en Irak.
Muchos observadores aseguran que esa situación ha servido de catalizador para precipitar el natural desgaste que implica el ejercicio del poder y que se refleja en la pérdida del apoyo popular al mandatario que muestran las encuestas.
En un reciente sondeo de la televisora NBC y el diario económico, Wall Street Journal, presentado la semana pasada, el 55% de los consultados desaprobaba el manejo que hace el gobierno de la situación en Irak.
Cifras similares de rechazo se registraron en cuanto a la política exterior (51%) y al manejo de la economía (54%).
"La fuerza de este gobierno en este año se ha perdido bastante, hasta tal punto que ni siquiera sus propuestas domésticas (sic) se están debatiendo", le dijo a la BBC Ian Vásquez, analista del Instituto Cato, un centro de estudios basado en Washington.
Opinión y acción
En general, el 46% aprueba el trabajo que Bush viene haciendo como presidente, un 4% menos de los que lo hacían al empezar este año y casi la mitad de los apoyos con que contaba en noviembre del 2001 (88%), tras los atentados del 11 de septiembre.
Ese deslizamiento gradual que se registra en los índices de popularidad puede complicar la acción de gobierno, según muchos analistas.
"Es difícil que un presidente que esté alrededor del 50% del apoyo popular tenga la fuerza suficiente para hacer grandes reformas y eso es lo que él (Bush) está proponiendo en ciertas áreas, principalmente en el seguro social", dice Vásquez.
Propuestas como la reforma del seguro social, de la ley de inmigración así como el Acuerdo de Libre Comercio con América Central no gozan de respaldo, no sólo de parte de la opinión pública, sino también del Congreso, pese a que está controlado por el Partido Republicano.
Irak como problema
La violencia cotidiana en Irak y el peligro que representa para los miles de soldados estadounidenses destacados allí, es el principal flanco que explotan los críticos del presidente George Bush.
Para muchos, ya es hora de que sus jóvenes duerman en su propia casa.
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Unos 1.766 militares estadounidenses han muerto en Irak, según cifras del Departamento de Defensa de los EE.UU., lo que refuerza las voces de quienes piden el regreso de las tropas.
Paralelamente unos 25.000 iraquíes habrían fallecido por la violencia desatada tras la invasión estadounidense, según el grupo británico BodyCount (Conteo de Cuerpos).
"Los estadounidenses se están cansando de la guerra -le dijo a BBC Mundo el Coronel Stephen Donehoo, analista de asuntos de defensa- porque no ven una estrategia por parte de esta administración para resolver los temas de Irak que hay que resolver para que el gobierno iraquí pueda tomar control de su propio país y nuestra tropas puedan regresar".
"Ya nadie lo siente como si fuera una guerra, como lo que se sintió el 11 de septiembre de 2001", asegura Donehoo.
Así, al verse obligado a hacer "énfasis" en la situación en Irak, el presidente Bush gasta fuerzas y tiempo que podría dedicar a promover el resto de su agenda.
Daño colateral
Adicionalmente, un "daño colateral" de la guerra en Irak le complica el panorama a la Casa Blanca, que intenta capear un creciente escándalo político que involucra al principal asesor del presidente Bush, Karl Rove.
"Despida a Karl", exigen estos estadounidenses indignados.
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Rove es señalado de ser la fuente que hace dos años identificó para la prensa a Valerie Plame, entonces una agente encubierta de la CIA, en represalia por las críticas que públicamente hizo su esposo, el embajador Joseph Wilson , a la decisión de ir a la guerra en Irak.
El caso está siendo investigado por un tribunal especial ya que, según la ley estadounidense, dar a conocer el nombre de un agente de la CIA es un delito.
Originalmente la Casa Blanca negó una posible participación de Rove en el caso, ahora pide esperar al desarrollo de la investigación.
Pero el daño estaría ya hecho, según aquellos que consideran que el presidente perjudicó un poco más su capacidad de persuadir a la ciudadanía al haberle ofrecido apoyo a Rove desde el primer momento.
"Cuántas veces hará Karl Rove comer sus palabras al presidente Bush y destruir su credibilidad antes de que Rove haga el honorable gesto de dejar la Casa Blanca", se preguntaba el senador demócrata John Kerry, el hombre que estaría en la presidencia si en noviembre del 2004 la historia hubiera sido otra.
Ronald Reagan como ejemplo
Al empezar su segundo mandato el presidente Bush salió con fuerza a promover la reforma de la seguridad social, un sistema diseñado en las primeras décadas del siglo XX y que estaría acercándose al colapso, según quienes promueven los cambios.
En innumerables eventos el presidente ha abogado por la reforma, advirtiendo que, según sus cálculos, para mediados de siglo el sistema no podría "cumplir con la promesa" de garantizar una "pensión digna" a los trabajadores estadounidenses.
Para Ian Vásquez, del Instituto Cato, Bush ha perdido ese debate porque se ha centrado en explicaciones demasiado "técnicas" sobre el problema.
"Hay que vender la idea como la hubiera vendido el presidente (Ronald) Reagan a través de hablar sobre conceptos con los cuales se puede identificar el público, y Bush no ha hecho eso. Él ha enfatizado el tema técnico de cómo cuadran los números y por esas vía se pierde cualquier debate", asegura Vásquez.
CAFTA
El presidente Bush se ha convertido en el principal promotor del Tratado de Libre Comercio con América Central y República Dominicana, el CAFTA-DR.
Sin embargo, la Casa Blanca luce con dificultades para vender las bondades del proyecto, que por estos días espera el voto definitivo de la Cámara de Representantes.
El gobierno ha empeñado todos los recursos para vencer la oposición con la que cuenta entre sectores agrícolas, sindicales y hasta grupos de derechos humanos.
No obstante, Bush no parece contar aún con respaldo suficiente entre los congresistas republicanos, temerosos del impacto que pueda tener en el empleo en sus circuitos electorales. Y en su propia estabilidad laboral, aquellos que aspiran a seguir en el Congreso.