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Frances Harrison
BBC, Teherán
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La clave del triunfo de Ahmadinejad fue su mensaje a la clase baja.
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Los resultados de las elecciones en Irán fueron sorprendentes. La mayoría de los observadores no pensaron nunca que Mahmoud Ahmadinejad pasaría de la primera vuelta de hace una semana.
Después, todos vaticinaban un cabeza a cabeza con su rival, el ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani.
Ahora el alcalde de línea dura de Teherán desafió todos los pronósticos con una cómoda victoria sobre el más conocido y moderado Rafsanjani.
Pero la verdad es que la mayoría de sus electores no lo eligieron por su ideología. De hecho muchos ni siquiera la tuvieron en cuenta.
El punto clave fue que Ahmadinejad apeló a la clase baja. Y es que pese a que Irán goza de una gran riqueza petrolera, también posee una alta taza de desempleo, para no mencionar el aumento de los últimos años en la diferencia entre ricos y pobres.
Los menos favorecidos ven con suspicacia cómo crecen el consumismo y los gastos de la élite de Teherán, mientras que ellos no ven los beneficios del boom petrolero.
Por eso parece que el electorado votó en contra del status quo, que no es más que un sinónimo de la profunda frustración económica que hay en el país.
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la verdad es que la mayoría de sus electores no lo eligieron por su ideología. De hecho muchos ni siquiera la tuvieron en cuenta.
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Y es que el ex presidente Rafsani es visto por muchos como una figura del establishment, un veterano clérigo que siempre ha estado en la cúpula de la revolución.
Quizás por eso los electores decidieron escoger una alternativa, un hombre joven que emplea el discurso tradicional de la revolución de distribuir la riqueza petrolera y renacionalizar otros recursos.
Pero para los liberales, el triunfo de Ahmadinejad es preocupante. Se espera que cuando asuma las riendas del país dará marcha atrás a algunas de las libertades sociales introducidas por los reformistas del gobierno anterior y que asuma una postura mucho más dura en las negociaciones nucleares con occidente.
Con su victoria todos los órganos del estado iraní quedan en manos de la línea ultra-conservadora del país.