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Jueves, 26 de mayo de 2005 - 16:38 GMT
Darfur: la guerra desaparecida
Refugiados vendiendo comida en la parada de autobús
Más de 2 millones de personas acampan en las afueras de Jartum.

Mientras que la comunidad internacional discute qué hacer con el conflicto en la región sudanesa de Darfur, los refugiados continúan con sus vidas.

El periodista Peter Brems viajó recientemente a Sudán, donde habló con algunas de las personas que tuvieron que dejar sus hogares por la violencia.


Transporte en Jartum
Creo que ya no le puedo llamar vida. Desde que empezó la guerra en Darfur, todo lo que estimaba fue destruido. Ahora, mi vida es un edificio en ruinas. Puedes vivir en él, pero no es tan divertido.
Yusuf, refugiado sudanés

Hacen 50ºC en la sombra, y la temperatura sigue aumentando. Las calles polvorientas de Jartum están tan silenciosas que da miedo. Tan sólo la plaza frente a la elegante mezquita de Kabir está repleta de gente.

Es el final de la semana y llegó el momento de las oraciones del viernes.

Musulmanes en vaporosas túnicas blancas se lavan sus manos y pies antes de ingresar a la casa de dios. Otros holgazanean en la sombra bebiendo refrescos.

A lo lejos, un grupo de policías armados con palos observa a la multitud.

Vine hasta aquí para reunirme con Yusuf, un hombre joven de un pueblo remoto de la turbulenta región de Darfur.

Incluso en Sudán, Yusuf es un personaje llamativo: delgado como una jirafa, de ojos fieros y una tez azulada.

Mientras nos movemos hacia la sombra, empieza a contarme su vida.

Baño en Darfur
Nada funciona en los campamentos, nisiquiera los baños.

Creo que ya no le puedo llamar vida", suspira. "Desde que empezó la guerra en Darfur, todo lo que estimaba fue destruido. Ahora, mi vida es un edificio en ruinas. Puedes vivir en él, pero no es tan divertido".

Cuando le pregunté a Yusuf sobre su vida en Darfur, sus ojos se esombrecieron. Poco a poco empezó a hablar.

"Vengo de una familia pobre. Teníamos algunas cabras y una vaca. Cultivábamos papas y caña de azúcar y algunas veces hasta hacíamos nuestro propio tabaco. La vida era buena, pero no me di cuenta de ello entonces. Sólo empecé a extrañar mi antigua vida cuando mi padre me mandó a Jartum, hace cinco años. 'El futuro está allí', me dijo. 'Ve a la capital a hacer un poco de dinero y cuando regreses te buscaremos una buena esposa'".

Sin retorno

Refugiado sudanés
La gente pregunta quién es esa criatura blanca y extraña...

Yusuf fue a Jartum, pero nunca regresó.

En el 2003, la situación en Darfur se deterioró. Las milicias árabes empezaron a cepillar los pueblos, saqueaban todo y mataban a miles.

"No pude regresar", se lamenta Yusuf. "Las carreteras estaban cerradas, y -de todas formas- la situación estaba muy peligrosa en Darfur. Aún cuando quería regresar, no podía. Y, después de todo, ¿qué queda para regresar? Mi pueblo fue destruido, mi padre está muerto y mi madre y hermanas están viviendo en un campo de refugiados".

Yusuf susurra, está un poco apenado con la gente que para este momento nos rodea. Después de una semana en Sudán, me he acostumbrado a esto.

A cualquier parte que vaya, la gente se acerca para hacer preguntas y hablar, o sólo para contemplar a la criatura blanca y extraña que está entre ellos.

Afuera de la sede amurallada de las Naciones Unidas, los extranjeros son todavía una rareza en Sudán. Incluso en Jartum.

Soldado sudanés
A la policía no le gustan las aglomeraciones. Si ven un grupo de personas, de inmediato piensan que va a haber problemas. En Sudán, primero se pega y después se pregunta. Así ha sido por décadas
Yusuf, refugiado sudanés

La multitud que está al lado de nosotros se ve inofensiva, por lo que Yusuf continúa con su historia. Pero de repente, todo sale mal. Hay gritos y empujones, la gente corre en todas las direcciones.

Yusuf toma mi mano y corremos tan lejos de la conmoción como lo permiten mis pies en el calor abrasador.

Media hora más tarde, mi corazón sigue palpitando como loco. Nos sentamos en una tienda árabe pequeña, rodeados de joyas de oro, fuera de vista.

"A la policía no le gustan las aglomeraciones", suspira Yusuf. "Si ven un grupo de personas, de inmediato piensan que va a haber problemas. En Sudán, primero se pega y después se pregunta. Así ha sido por décadas".

Muralla de papeles

Hombre leyendo un periódico
¿Se pueden informar los sudaneses a través de los diarios?

Dos días después de mi encuentro con Yusuf, voy al Ministerio del Interior. Quiero pedir autorización para viajar en un avión de la ONU a Darfur. Es el comienzo de una odisea de cuatro días. Camino entre el calor y el polvo de un ministerio al otro, esperando horas y horas en habitaciones con aire acondicionado, bebiendo cientos de tazas de té dulce.

Hay infinitos formularios para rellenar, papeles para fotocopiar, estampillas para coleccionar, y más papeles para llenar y fotocopiar.

La burocracia sudanesa es legendariamente un desafío, pero no esperaba que fuera tan mala.

"Es para alejarnos de Darfur", dice un periodista en medio de la desesperación. "¿Por qué crees que sólo informamos desde los campamentos de refugiados en la frontera, en Chad? Es muy efectivo. Casi nunca se ven imágenes desde Darfur. Es muy difícil, con todo el papeleo".

¿No puede estar tan mal, no?

Jóvenes refugiados
Vinimos a Jartum hace dos años, cuando la situación se empeoró. Ahora vivimos en un campamento. Es horrible y sucio, pero de alguna manera sobrevivimos
Jóvenes refugiados

Después de cuatro días, me rindo. Darfur está escondido detrás de una muralla sólida de papeleo, y por esto decido entrevistar a refugiados.

Esto no es tan difícil. Los campos de refugiados alrededor de Jartum son el hogar de por lo menos dos millones de ellos.

En el bazar de Omdurman, en las afueras de Jartum, conozco a un grupo de jóvenes refugiados de Darfur.

Parecen una pandilla muy alegre, y feliz de hablar conmigo. "Vinimos a Jartum hace dos años, cuando la situación se empeoró. Ahora vivimos en un campamento. Es horrible y sucio, pero de alguna manera sobrevivimos", dicen.

Cuando les pregunto qué piensan sobre la guerra en Darfur, se impone un largo silencio.

Isla en el Nilo, Jartum
No hablamos mucho sobre Darfur. Por todo lo que yo sé, es como si estuviese tan lejos como Timbuktú. ¿No me puede preguntar sobre otra cosa?
Dueño de un hotel

"No sabemos mucho sobre eso", dice uno de ellos. "Casi no hay información en los diarios. La televisión sudanesa sólo transmite mentiras, todo el mundo lo sabe".

"¿Cómo podemos obtener información, entonces, de lo que sucede en casa? Tratamos de pasar el día, esperando que los rumores no sean ciertos y las cosas no estén tan mal. No pueden estar tan mal, ¿no?"

Me alejo de ellos, confundido. Es como si el gobierno sudanés hubiese hecho desaparecer una guerra entera. Como si la hubiese desaparecido con palabras mágicas y ya, como si no estuviese allí.

"No hablamos mucho sobre Darfur", me dice el dueño de mi hotel más tarde.

"Por todo lo que yo sé, es como si estuviese tan lejos como Timbuktú. ¿No me puede preguntar sobre otra cosa?"



ESCUCHE/VEA
Darfur. ¿Tragedia olvidada?
BBC ENFOQUE 16 06 05



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