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Ranyah Sabry
BBC El Cairo
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Manifestantes han muerto y bebés han nacido en el campamento.
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Mona, una madre de tres niños, es una de los 4.000 desesperados refugiados sudaneses y solicitantes de asilo sin suerte, que acampan afuera de la sede de la Agencia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) en la capital egipcia desde hace tres meses.
"Incluso si uno de mis hijos muere, no nos moveremos hasta que nuestro caso se resuelva", dice Mona, quien en noviembre llegó incluso a iniciar una huelga de hambre.
La policía egipcia ya irrumpió en el campamento donde los refugiados yacen al aire libre sobre cobijas, sin agua potable ni servicios higiénicos.
La única protección que los manifestantes tienen son sus pancartas dispuestas en el jardín, instando a la ACNUR a resolver su estatus de refugiados.
También utilizan sus maletas como separadores y tres ramas de árboles para colgar la ropa.
Desde que se inició la protesta, siete personas han muerto, tres bebés han nacido y cuatro mujeres han sufrido abortos espontáneos.
Otras diez personas han muerto durante redadas policiales.
Temor a la persecución
En este dibujo dice: "Refugiado sudanés y ¿Quién nos puede salvar?".
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La suspensión de la ayuda por parte de Naciones Unidas a aquellos a quienes se les rechazó la solicitud del estatus de refugiado fue lo que provocó la protesta.
La agencia dijo que sólo podía asistir a los grupos extremadamente vulnerables después que su programa de asistencia atravesara presiones extremas en los últimos años.
Si bien no todos los manifestantes tienen las mismas exigencias, unos quieren ayuda y otros asilo en otro país, la mayoría no quiere volver a Sudán a pesar de la firma de un acuerdo de paz que terminó con la guerra civil de 21 años.
Algunos piensan que aún no es seguro regresar y otros creen que si lo hacen serán ejecutados por traición.
Muchos de ellos quieren dejar Egipto por, según dicen, el mal trato del que son objeto.
"Muchos de nosotros entramos a Egipto de forma ilegal. Los egipcios nos acosan hasta cuando usamos el trasporte público. Ellos no nos quieren aquí", dice un refugiado.
Un voluntario en el campamento dice que con un desempleo del 25%, egipcios y refugiados compiten por trabajos, lo que hace la situación aún más complicada para todos los involucrados.
Vulnerables
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Nos quedaremos aquí hasta que la ACNUR nos saque de Egipto o moriremos. La huelga de hambre nos va a matar más rápido
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Según la Ley internacional, los refugiados a quienes se les negó asilo podrían ser deportados por las autoridades egipcias.
El ACNUR expresó su preocupación por la cantidad de personas vulnerables acampando frente a su sede, pero indicó que tiene las manos atadas ya que no puede cambiar las políticas que determinan el estatus de refugiado y la asistencia para reasentamientos.
"Creo que lo que va a suceder depende de los manifestantes. Hemos hecho muchos esfuerzos para que entiendan qué es lo que podemos y lo que no podemos hacer en referencia a sus exigencias", dijo la portavoz de ACNUR en El Cairo, Layla Jane Nassif.
A su vez añadió que no siempre es claro si todos los que acampan son sudaneses u oportunistas.
Comiendo granos
Pero los manifestantes están decididos a continuar.
"Nos quedaremos aquí hasta que la ACNUR nos saque de Egipto o moriremos. La huelga de hambre nos va a matar más rápido", dijo un huelguista sudanés.
Mientras tanto aquellos refugiados que están recibiendo ayuda dicen que es inadecuada.
"La ACNUR ofrece un programa de integración pero sin vivienda, sin educación, ni trabajo. Hemos estado comiendo frijoles por semanas", dice Napoleón de 40 años.
En noviembre, él arriesgó su vida al saltar sobre guardias de seguridad
para llegar al carro de Kofi Annan quién estaba de visita en El Cairo.
Niños y mujeres participan en la protesta.
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Napoleón le hizo llegar una carta al secretario general solicitando su reubicación en un país de África occidental.
"Es nuestro derecho bajo la Convención de Ginebra de 1951 buscar asilo en un país que pueda alojarnos", dijo.
La esposa de Napoleón es una de las mujeres que dio a luz durante la protesta.
"No lo he bañado desde que nació", afirma refiriéndose a su tercer hijo. "Sólo lo he limpiado con aceite pero estoy orgulloso de que haya nacido aquí y aquí se quedará hasta que podamos garantizarle un mejor futuro".