Cada año, decenas de latinoamericanos pasan la navidad en Belén, lugar donde nació Jesús.
Según la tradición cristiana, en la Iglesia de la Natividad nació Jesús.
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Hay cosas que nunca cambian, pase lo que pase alrededor. En medio de los conflictos entre
israelíes y palestinos, también se ve afectado el
flujo de turistas y peregrinos a Belén, que este
año es evidentemente mayor que los anteriores.
Pero lo permanente, lo que se capta siempre
igual, sin diferencia alguna, es la emoción de
los que llegan a los lugares sagrados y se
sienten privilegiados, más que nada, de poder hacerlo cerca de Navidad.
Este es el espíritu que captamos claramente
también en estas fiestas, al hablar con diversos
latinoamericanos en la Basílica de la Natividad.
Algunos llegaron como turistas y ven en el lugar
un sitio de interés "cultural"- como comentara a
la BBC un colombiano que aclaró "soy masón, pero
respeto mucho esto".
Otros , aunque no se
consideren realmente peregrinos desde el punto de
vista religioso, se emocionan al llegar al lugar
en el que nació Jesús y sienten que viven algo
singular.
Como Rita, una salvadoreña que cuenta
sentir que al llegar a Belén , vuelve a su niñez
"cuando todavía iba a Misa los domingos, con mis padres".
Un sueño cumplido
Pero están también quienes vienen motivados por
un sueño de siempre, como en misión que sabían
que alguna vez deberían cumplir.
Lourdes Lozada de
México, lo había esperado mucho tiempo. "Esto es
algo muy especial, de esas cosas que no se borran
nunca" cuenta poco después de entrar a la
Iglesia de Santa Catarina.
Un grupo de monjas y
muchas otras mujeres -vemos pocos hombres en el
lugar- reza y canta con gran solemnidad.
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Yo
soy muy creyente, y llegar aquí es algo que me dejará
una hermosa huella para siempre
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Sandra, también de México, es otra de las
convencidas. Le notamos los ojos vidriosos y le
preguntamos casi retóricamente, si es por la luz.
Se ríe suavemente y cuenta cuánto le llega al
corazón el lugar.
Mientras observamos al grupo de
latinoamericanos, cada uno de los cuales aguarda
su turno para entrar a la Gruta de la Natividad y
tocar con sus propias manos la Estrella de plata
pura que indica el sitio exacto en el que, según
la tradición nació Jesús, el guía turístico,
Adnan Ayesh-musulmán que domina perfectamente el
idioma español y la temática cristiana del lugar-
explica en detalle lo que todos ven.
La joven mexicana con la que hablábamos, no
tiene palabras para explicar lo que siente. "Yo
soy muy creyente, y llegar aquí, donde nació el
Señor, que vino para todos, es algo que me dejará
una hermosa huella, para siempre. Esto será
imposible de olvidar".
Segundos después de hablar
con la BBC, se agacha para tocar la estrella de
Jesús. Cada uno espera ansioso y respetuoso su turno.
Aumenta el turismo
En un intervalo entre las explicaciones del
guía, surge un canto. Rosa María, una monja
oriunda de Argentina que sirve en un orfanato en
la aldea Irtas, entona el Ave María con una de
las miembros del grupo con la que termina
abrazándose luego emocionada, aunque no se habían
visto antes jamás.
Está en Tierra Santa hace
siete meses y es de la congregación las Hermanas
del Huerto, activas especialmente en Uruguay y
Argentina.
"El Señor nos trajo un mensaje de paz
y amor, que hace mucha falta en esta tierra. Tenemos que saber transmitirlo y concretarlo"- dice muy segura.
Afuera, Belén está vestida de fiesta. Numerosos letreros luminosos y figuras de Papá Noel adornan las calles.
En los negocios, grandes
cantidades de objetos cristianos y recuerdos de
Navidad.
Este año, el movimiento de turistas
y peregrinos es mucho mayor que en los anteriores
y aunque sigue habiendo quejas por el desempleo y
la construcción de una barrera israelí de
seguridad, las cifras indican que esta Navidad
terminará con un resumen mejor.
El año pasado, el 2004, habían llegado a Belén
algo más de 110.000 turistas y peregrinos, frente
a tan solo 27.000 del 2003.
Pero en el 2005, hasta
octubre vinieron más de 218.000 y en noviembre se
agregaron otros 30.000.
"Sentimos la mejoría, es
evidente, aunque siempre querremos más", dice Sam
Makari, un guía árabe cristiano de Jerusalén, que
llega a Belén acompañando a la familia Mackintosh
de Guadalajara en México.
Los encontramos en el
negocio de Ziad Bandai y Adnan al-Korna,
cristiano y musulmán respectivamente, socios en
una tienda de recuerdos cristianos.
"Se puede vivir juntos y hay que esperar que todo mejore"
dicen ambos en su gran local.
Algo especial
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Es muy diferente estar aquí que leer
la Biblia en la Iglesia. Esto, sin duda, es muy especial
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La familia Mackintosh -el padre Antonio, su esposa Rosalina y
los tres hijos, José Antonio, Michel y Reyes-
están felices por hallarse en Belén en estos días
tan singulares.
"Esto toca las fibras de la
religiosidad"- dice el padre. La esposa, que temía
antes de venir por lo que se sabe de esta zona,
está ahora tranquila y ya no se preocupa.
También a ella se le llenan los ojos de lágrimas cuando
trata de expresar lo que siente.
Los hijos creían
en un principio que este viaje sería quizás una
aventura. Ya estando aquí, comprenden que es
mucho más.
"Es muy diferente estar aquí que leer
la Biblia en la Iglesia", dice el mayor en nombre
de los tres. "Esto, sin duda, es muy especial".