Cascos en la rendición de Berlín, en 1945.
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"Ni cuando se cumplieron los 40, ni siquiera los 50 años del fin de la guerra existió un interés tan desmedido por el tema", declaró Burkhard Asmus, el curador de la exposición "1945 - la guerra y sus consecuencias" , inaugurada ayer en el Museo Histórico Alemán de Berlín.
Quienes vivieron el nazismo en Alemania son ahora ancianos, pronto también morirán los últimos sobrevivientes del Holocausto.
La clara conciencia de que los testigos de esa época desaparecerán en poco tiempo más parece conferir a estos 60 años del fin de la guerra un significado excepcional.
La tarea de la exposición no es fácil: se trata de ver la evolución de Alemania desde su capitulación -el 8 de mayo de 1945- hasta nuestros días.
Basta recorrer algunas de las salas para ver lo retorcido y conflictivo del proceso: después de todo, el fin de la guerra significó también la división de Alemania en dos países en principio enemigos y que se adjudicaban dos posiciones autónomas frente a la responsabilidad por la guerra.
Dos Alemanias, dos relatos
Banderas blancas de rendición en Berlín, 1945.
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Para la República Democrática Alemana el problema parece haber apenas existido: los herederos del Holocausto estaban al otro lado del muro, que nombraron "barrera de protección contra el fascismo".
La Alemania comunista se quería ver a sí misma como el hogar de aquellos que lucharon contra Hitler, de la resistencia al nacionalsocialismo.
Para la República Federal Alemana la tarea fue bastante más compleja. Los aliados decidieron
"reeducar Alemania en la democracia", como declaraban los panfletos estadounidenses de la época , desmilitarizarla y limpiarla de las ideas nazis.
Pero con la confrontación con el bloque comunista, las ideas pacifistas debieron ceder otra vez al militarismo: la Alemania Federal debió entrar a la OTAN ya en 1955, bajo la protesta de miles de alemanes.
El proceso de 'des-nazi-ficación' nunca llegó a completarse. Miles de miembros del nazismo siguieron trabajando en Alemania, incluso médicos que habían tomado parte en los llamados "experimentos" con judíos mantuvieron su trabajo e incluso sus puestos en las universidades.
Como una suerte de ironía de la historia, la Alemania que había provocado la devastación europea y la suya propia, logró, apenas 20 años después, convertirse en una de las mayores potencias económicas del mundo.
De actores a víctimas
Mujeres sentadas frente a las ruinas de un Edificio en Berlín, 1945.
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El primer gran vuelco fue durante la rebelión estudiantil de 1968, que buscó aclarar la responsabilidad de sus padres en el nazismo.
Uno de sus líderes fue el actual ministro de exteriores, Joschka Fischer. Desde esa época comenzó realmente la confrontación colectiva de los alemanes con su pasado.
En 1985 el entonces presidente alemán Richard von Weizsäcker dió el gran vuelco. En un acto ese 8 de mayo que no se sabía bien cómo llamar, Weizsäcker habló de la celebración del "aniversario de la liberación del fascismo". Poco después surguió el nombre de "dictadura nazi" para la época del nacionalsocialsmo en los libros escolares alemanes.
La reunificación alemana en 1989, que convirtió al país de la noche a la mañana en el más poblado de Europa, hizo surgir otra vez las suspicacias europeas.
Cuenta la leyenda que al saberlo Francoise Mitterand, entonces primer ministro francés, dijo
"quiero tanto a Alemania que prefiero que hayan dos" .
La reunificación significó un giro enorme en la política exterior alemana, que comenzó a tratar de ser un protagonista autónomo en el escenario mundial.
Los desplazados alemanes de Polonia también comenzaron a fines de los 90 a reivindicar sus pérdidas. Las noticias sobre la destrucción de ciudades como Dresden, las brutalidades del Ejército Rojo durante su avance en Alemania, largas y reprimidas señales del padecimiento de los alemanes que apenas habían sido escuchadas antes comenzaron a oírse.
¿Se puede ahora confiar en los alemanes?
Esa pregunta se la hacen estos días los redactores del prestigioso semanario alemán Die Zeit.
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Algunos europeos, especialmente los británicos, parecen consideranrnos como criminales sicópatas que llevan 60 años bajo libertad condicional
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Por lo menos la reconciliación de los alemanes con sus vecinos europeos parece haberse sellado. Especialmente Polonia, seguramente el país que más sufrió las atrocidades nazis, parece tener excelentes relaciones con el actual gobierno alemán, para no hablar de Francia, su ahora más estrecho socio.
"Pero algunos europeos, especialmente los británicos, parecen considerarnos como criminales sicópatas que llevan 60 años bajo libertad condicional", me comentó un amigo alemán luego de las acusaciones de ex nazi al Papa Benedicto XVI por algunos medios de la prensa británica.
Brutalidades de otras épocas o de otras culturas apenas parecen impresionarnos. Los hombres que participaron en el nazismo, sin embargo, tienen las mismas raíces culturales que nosotros, los occidentales modernos, y por eso parece ser tan difícil explicar o integrar al nazismo en la historia, en nuestra historia contemporánea.