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Martes, 29 de noviembre de 2005 - 22:49 GMT
Bush insiste en inmigración

Carlos Chirinos
BBC Mundo, Washington

Presidente de EE.UU., George W. Bush, en El Paso, Texas.
La seguridad fronteriza no ha sido un asunto redituable para Bush.
Desde el lugar de los acontecimientos, en El Paso, Texas, en la frontera con México, George W. Bush repitió este martes lo que había dicho la víspera en Tucson, Arizona: que la única manera de reforzar la seguridad fronteriza es flexibilizando la política migratoria con un plan de visas temporales.

En dos días el mismo tema, que para algunos estaba congelado tras dos años sobre la mesa y sin haber convencido a muchos.

Para algunos el presidente busca cambiar la pauta política y alejarla, al menos por un tiempo, del tema de Irak, que en los últimos meses se ha convertido en un pulsante dolor de cabeza para Bush.

Antes del respiro político que significa para Washington el largo feriado del Día de Acción de Gracias, la Casa Blanca lucía virtualmente ahogada por la polémica en torno a la guerra en Irak.

Supuesta manipulación de la Inteligencia con la que se justificó la invasión. Creciente costo humano y monetario de la operación. Denuncias de torturas y ahora de supuestos centros clandestinos de detención.

La oposición demócrata parece haber reconocido un interesante filón electoral y alimenta las exigencias de algunos de que el gobierno empiece a pensar en una estrategia de salida de las tropas.

A otra cosa

Con un estimado de 11 millones de inmigrantes trabajando sin la documentación necesaria, la migración es un tema delicado y que despierta pasiones
Por eso pareciera lógico que el presidente quisiera cambiar la tonada y recordarle a la ciudadanía, y a los factores políticos en Washington, que hay otro mundo más allá de Irak.

Sin embargo, lo hizo apelando a un tema que no le ha reportado muchas ganancias políticas: seguridad fronteriza y reforma migratoria.

Con un estimado de 11 millones de inmigrantes trabajando sin la documentación necesaria, la migración es un tema delicado y que despierta pasiones.

"Inmigración es un caso que está bien caliente, no hay duda de eso. Y el presidente lo ha dicho en millones de ocasiones que hay que buscar una solución", dijo a BBC Mundo, Hessy Fernández, portavoz del partido republicano en el Congreso.

Además, el tema de protección de fronteras ha adquirido una nueva dimensión, tras los atentados de septiembre de 2001. Muchos temen que entre los millones que pasan por la frontera sur cada año se pueda colar algún extremista con malas intenciones.

¿Por qué ahora?

Efigie del presidente de EE.UU., George W. Bush.
La oposición ante la guerra en Irak va en aumento.
El problema es que en el tema inmigratorio el gobierno no ha alcanzado grandes éxitos políticos, sobre todo si se considera que desde hace casi dos años Bush presentó un plan de visas temporales que no parece haber logrado suficiente apoyo.

Entonces, si Bush lo que busca es oxigenarse frente a la opinión pública, ¿por qué de repente recurre a este tema?

"En realidad no fue de repente", aseguró Fernández. "El presidente siempre ha dicho que sigue comprometido en promover políticas que promuevan la inmigración legal, ordenada y segura".

Pero Fernández reconoció que hay que convencer a muchas personas en el Congreso antes de que empiecen las discusiones para eventualmente adoptar una nueva ley migratoria.

Año electoral

Pero otro problema es que 2006 es año electoral para los congresistas. Y para los representantes o los senadores la línea del partido no es necesariamente la vía más útil para convencer a los votantes locales.

Mientras la industria y el comercio podrían favorecer la "regularización" de una fuerza de trabajo que le es necesaria, los ciudadanos temen que mayores facilidades migratorias atraigan más personas del sur de la frontera
En estados fronterizos el tema migratorio se vive entre roces, recelos y hasta algún racismo. Los inmigrantes desplazan mano de obra local no calificada.

La gente se queja de que presionan servicios públicos por los que ellos pagan con sus impuestos. Y hay el añadido del difícil diálogo intercultural, que no siempre es fluido.

Sin embargo, son los empresarios estadounidenses los que contratan esos inmigrantes.

Mientras la industria y el comercio podrían favorecer la "regularización" de una fuerza de trabajo que le es necesaria, los ciudadanos temen que mayores facilidades migratorias atraigan más personas del sur de la frontera.

En ese balance deberán moverse la Casa Blanca y los congresistas que aspiren al favor popular.

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