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Domingo, 24 de abril de 2005 - 18:40 GMT
Benedicto XVI, el oso y su fardo

Fernán González
BBC Mundo

Benedicto XVI en el Vaticano
Benedicto XVI da sus primeros pasos al frente de la iglesia católica.

En la misa solemne que dio inicio a su pontificado, Benedicto XVI definió su responsabilidad como "cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana". Sus palabras hacen recordar una leyenda medieval con la que él mismo se ha identificado.

Cuando era cardenal, Joseph Alois Ratzinger, quien fue arzobispo de Munich y Frisinga (Freising, en alemán), antes de ser nombrado en 1981 Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, tenía un blasón en el que se destacaba un oso con un fardo.

El animal está presente en la leyenda de San Corbiniano, el primer obispo de Frisinga, un monje que predicó el evangelio en Francia y en Alemania, con especial dedicación en Baviera, la región de donde es oriundo el actual Pontífice.

Cuenta la historia que un oso mató el caballo de Corbiniano de camino a Roma. El santo lo reprendió y como castigo le puso el fardo que hasta ese momento llevaba el caballo. En su autobiografía, Ratzinger se compara con el oso, que debió llevar la carga hasta la Ciudad Eterna.

Cuán pesado es el "fardo" que lleva sobre sí el ahora papa Benedicto XVI depende en gran medida de cómo entiende su misión.

Ideas

En la homilía de su entronización, Ratzinger dijo que no expondría un programa de gobierno porque ya explicó las ideas que definirán su pontificado en el mensaje del pasado 20 de abril.

Si aquella homilía un día después de ser electo es la pauta de su ministerio, entonces hay que pensar que la Iglesia pondrá énfasis en la prédica del evangelio. ""Quiero proseguir preocupado únicamente de proclamar al mundo entero la presencia viva de Cristo", dijo ante los cardenales en la Capilla Sixtina.

Benedicto XVI también se refirió en esa ocasión a la unidad de todos los cristianos, una tarea emprendida por su antecesor Juan Pablo II que no alcanzó los frutos deseados.

En su mensaje del 20 de abril, el nuevo Papa destacó entre sus prioridades el papel de los jóvenes a los que calificó, como Juan Pablo II, de 'futuro y esperanza de la Iglesia'

En su mensaje del 20 de abril, el nuevo Papa destacó entre sus prioridades el papel de los jóvenes a los que calificó, como Juan Pablo II, de "futuro y esperanza de la Iglesia", la importancia de la comunión y el diálogo con otras civilizaciones emprendido por sus predecesores.

Cuatro días después, Ratzinger, como respuesta a las especulaciones sobre la posibilidad de que dirija a la Iglesia con mano de hierro, señaló que está abierto al diálogo.

"Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor", dijo en su homilía de este domingo.

Estas palabras parecerían confirmar la tesis de que Ratzinger Papa será más dialogante que el Ratzinger cardenal, el guardián del dogma católico, enemigo implacable del disenso en el seno de la Iglesia.

Sin embargo, algunos analistas no ven contradicción en estas palabras y otros mensajes recientes, muy severos, del entonces Decano del Cuerpo Cardenalicio y Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe.

Homilías

El pasado Viernes Santo, el cardenal Ratzinger denunció durante la conmemoración de las Estaciones de la Cruz lo que calificó de "suciedad en la Iglesia".

Se pudo haber referido no sólo a los casos de pedofilia de sacerdotes si no también, según un diario italiano, a otros serios problemas como el no cumplimiento de los votos de celibato, el mal manejo de los fondos de los fieles e incluso la violación del secreto de confesión.

Joseph Ratzinger, deja Baviera para dirigirse al Vaticano.
El cardenal Ratzinger dejó Baviera en 1982 para dirigirse al Vaticano.

Todo esto estaba contenido en un informe que circuló entre los cardenales en los días previos al cónclave, señala el periódico. El documento habría contado con la aprobación de Ratzinger, quien pronunció otras dos importantes homilías antes de su elección.

La primera fue en los funerales de Juan Pablo II. En ella, brillantemente escrita, rindió tributo a su predecesor y amigo.

En la segunda, durante la misa celebrada antes del comienzo del cónclave el pasado lunes 18 de abril, instó a los católicos a afirmarse en su fe y no dejarse llevar por las corrientes del marxismo, el liberalismo, el libertinismo, el colectivismo, el individualismo radical, el ateismo, el vago misticismo religioso, el agnosticismo y el sincretismo.

Condenó con vigor lo que calificó de dictadura del relativismo para la que nada es definitivo y cuya única medida es la satisfacción del ego.

Estos mensajes podrían ser señales de que el pontificado de Benedicto XVI se caracterizará por un énfasis en el cumplimiento de los principios de la fe católica por parte de los fieles, comenzando por sus sacerdotes. Como alguien lo definió, se dirá a los católicos que hay que serlo de palabra y práctica.

Muchos creen que el Papa emprenderá un proceso de rescate de los valores cristianos en Europa, cada vez más inmersa en el secularismo. En ese sentido, su elección del nombre Benedicto podría ser simbólica, al tomar como inspiración a San Benedicto de Nursia, el creador de las ordes monásticas que cristianizaron a una Europa bárbara y sin rumbo, salvándola de la anarquía en la Edad Media.

Su nombre también podría ser referencia a Benedicto XV (1914-1922) quien abogó por la paz durante la Primera Guerra Mundial, una contienda que calificó de inútil.

Sin embargo, a diferencia de Juan Pablo II, el nuevo papa no se caracterizaría por pronunciamientos políticos sino se concentraría en cuestiones de fe y doctrina.

El pontificado del "humilde obrero en la viña del Señor", como él mismo se define, acaba de comenzar.

El Papa Ratzinger, aclamado por los fieles en la Plaza de San Pedro, deviene cada vez más ante los ojos del mundo un hombre afable que sonríe y saluda con confianza.

Comienza a verse el políglota, capaz de pasar de un idioma a otro sin dificultad y se le advierten ciertas dotes de comunicador sin llegar, todavía, al carisma de Karol Wojtyla, el papa de las multitudes.

Lejos de la imagen de "rotweiler de Dios" que le atribuyen los críticos, se proyecta como un profesor paciente y como abuelo benévolo.

El tiempo dirá quién es realmente Benedicto XVI. Como el oso de Corbiniano tiene sobre sí una carga, en su caso enorme.

Según la leyenda, el santo liberó al oso de su fardo cuando llegó a Roma y no se supo más de él. En su narración autobiográfica publicada en 1997, figura ya importantísima en la Iglesia, Ratzinger dice no saber cuando llegaría su liberación.

Para él y más de un sexto de la población del planeta, solo Dios puede ahora liberarlo de tamaña responsabilidad.



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