"Es la gran oportunidad para mostrar al continente que las mujeres podemos gobernar y para ayudar a mi país a recuperarse de conflictos brutales".
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Las mujeres estamos listas para hacer historia
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Ellen Johnson-Sirleaf se autoproclamó vencedora en las elecciones presidenciales de Liberia y pasaría a la historia por varios motivos.
Esta experimentada política de 67 no sólo se convertirá en la primera mujer presidenta en la historia de África. Su elección es el resultado de comicios pacíficos, una verdadera victoria en un país devastado y desangrado luego de 14 años de guerra civil.
Con más del 90% de los votos contados aparece como la amplia ganadora de los comicios.
Abuela, viuda, madre de cuatro hijos, Johnson-Sirleaf cuenta con impresionantes credenciales académicas y tres décadas de experiencia en gestión financiera, tanto en el gobierno como en el sector privado e internacional.
Sus mejores cartas, sin embargo, pueden convertirse en el mayor obstáculo en una nación en la que miles de jóvenes -entre ellos 100.000 ex combatientes- resienten a la pequeñísima élite educada a la que identifican con la trágica historia de su país.
La promesa que no fue
La historia de Ellen Johnson-Sirleaf no puede entenderse sin mirar hacia la historia de su país, una nación fundada en 1847 por ex esclavos de Estados Unidos, con la esperanza de crear una nación libre y próspera en el oeste del continente africano.
Recursos naturales no faltaban, en este territorio rico en piedras preciosas, maderas y caucho. La promesa degeneró sin embargo en décadas de corrupción, violencia y resentimiento. Los descendientes de los primeros fundadores estadounidenses, conocidos localmente como "americo-liberianos", formaron una élite que dominó durante décadas a más de diez grupos étnicos nativos.
Los "americo-liberianos" constituyen hoy un 3% de los tres millones de liberianos y Ellen Johnson-Sirleaf es parte de este grupo selecto.
Harvard, gestión y exilio
La futura presidenta de Liberia, quien nació el 29 de octubre de 1938, hizo su carrera universitaria en Estados Unidos, donde se graduó en la Universidad de Colorado y logró su maestría en administración pública en la prestigiosa Universidad de Harvard.
Weah contaba con el apoyo de miles de jóvenes ex soldados.
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Luego de sus estudios, regresó a Liberia donde ocupó el cargo de ministra de Finanzas en el gobierno del presidente William Tolbert durante la década de los 70. Un golpe de estado -liderado por un militar en nombre de la "liberación de los nativos"- puso fin al gobierno de Tolbert.
El militar, Samuel Doe, ordenó que 13 ministros fueran atados a postes telefónicos, enterrados y fusilados. Johnson-Sirleaf logró escapar, pero regresó ocasionalmente a Liberia para protestar contra el régimen brutal de Doe. En varias ocasiones fue encarcelada, ganándose por su temple el apodo de "dama de hierro".
En el exilio, la ex ministra ocupó varios cargos en el Banco Mundial y en Naciones Unidas, además de instituciones privadas. Su país descendía entretanto en la guerra civil y fue precisamente al comienzo del conflicto que Johnson-Sirleaf cometió lo que muchos liberianos consideran el peor error de su carrera.
En su oposición acérrima a Doe, apoyó brevemente al joven líder de la insurgencia, Charles Taylor, quien desató un largo período de caos en el país, con bandas de hombres armados que saqueaban y violaban sin control. Taylor también "institucionalizó" el uso de niños como soldados.
En otro capítulo sangriento, Doe fue eventualmente capturado por un aliado de Taylor, Prince Johnson, quien mató al ex mandatario en frente de una cámara, cortándole en primer lugar las orejas.
País quebrado
Tras la guerra civil desde 1989 a 2003, el país que hereda Johnson-Sirleaf es una nación quebrada, sin agua potable o servicios regulares de electricidad y con apenas 200 kilómetros de caminos pavimentados.
Sin electricidad ni agua potable. Liberia espera.
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La probable mandataria prometió dar electricidad a la capital en un período de seis meses, una tarea cuyo costo se estima en unos US$200 millones. El desafío es enorme: el actual presupuesto del gobierno asciende a US$80 millones.
También ha asegurado que una de sus prioridades será integrar a los más de 100.000 ex soldados, muchos de los cuales consideraban al rival de Johnson-Sirleaf en los comicios -el ex futbolista George Weah- su mayor esperanza.
Con el eslógan "no conoce los libros, votaré por él", los jóvenes veían en Weah todo lo que la presidenta-electa no representa: un rostro nuevo, sin educación formal, que podría ofrecer un nuevo comienzo.
Ellen Johnson-Sirleaf tiene ahora la oportunidad única de ofrecer ese comienzo a su país desgarrado. Y asegura estar pronta para ello.
"Las mujeres estamos listas para hacer historia", dijo recientemente. "Y los hombres están dispuestos a trabajar con nosotras".