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Miércoles, 9 de noviembre de 2005 - 02:06 GMT
El gigante Bloomberg
Matt Wells
BBC, Nueva York

Anticipándose al maratón anual de Nueva York, el domingo, el alcalde Michael Bloomberg entró majestuosamente a una concurrida calle de Brooklyn en una limosina descapotada, justo cuando el sol atravesaba la niebla matutina. Todo el mundo lo aclamaba.

Michael Bloomberg haciendo campaña.
El logro de Bloomberg está en resaltar la efectividad en el trabajo, no el color o la clase.
Es una metáfora perfecta para lo que ha estado ocurriendo en la carrera, mucho menos competitiva, por la alcaldía más famosa del mundo.

Una generación atrás, un alcalde republicano no habría sorteado el camino en un bastión demócrata de los condados de la periferia, 36 horas antes del día de la elección, sin recibir al menos algunos abucheos.

El singular logro de Bloomberg -argumentan muchos aquí- ha sido implementar en la alcaldía de Nueva York un estilo de trabajo centrado en la efectividad, no en la clase o en el color de la piel.

Él ha abierto las puertas a una nueva era de un gobierno tecnocrático, que se basa en resultados, reemplazando así la trasnochada retórica partidista.

Las encuestas en estos últimos días no podían ser más funestas ni para el candidato demócrata, Fernando Ferrer, ni para su partido en general. Bloomberg le lleva la delantera por 30 puntos.

Para poner esto en perspectiva, el mayor margen de victoria de su loado antecesor, Rudy Giuliani, sobre un débil candidato demócrata, en 1997, fue de 18 puntos.

Los últimos estudios incluyeron en las estadísticas esta comparación al asegurar que incluso si Rudy compitiera en las elecciones de este martes, el alcalde Bloomberg terminaría con una ventaja de 20 puntos.

¿Cómo es entonces que el adusto magnate millonario de los medios, quien hasta 2001 era demócrata, se las ingenió para eliminar la competencia de la elección?

Malos momentos olvidados

A mediados de su primer período en la oficina, la situación era muy diferente.

Fernando Ferrer.
Fernando Ferrer sólo es respaldado por un grupo étnico.
Entonces su índice de aprobación era del 24%, después de que aumentó los impuestos sobre las propiedades y le declaró la guerra a los fumadores de cigarrillo.

Confrontado con un déficit de US$6.000 millones, "Gloomberg" -como lo llamó un tabloide, en un juego de palabras con "gloom", un sustantivo que denota pesimismo- llevó la plusvalía a la ciudad en un año y sin aumento de impuestos punitivos.

La ciudad, donde el registro de los demócratas superaba a los republicanos cinco a uno, dejó de quejarse de sus supuestos instintos de aguafiestas y de intelectualoide, y se dio cuenta de que este judío, antiguo operador de Wall Street, estaba manejando a Nueva York tan bien como lo había hecho con su imperio mediático.

Hubo algunos problemas técnicos en el camino, como la ambiciosa competencia por las Olimpíadas, centradas en el divisivo plan para el estadio West Side.

También molestó a los demócratas con su alegre bienvenida a la Convención Nacional Republicana el año pasado.

Pero parece que, con más de 50% de los demócratas preparados para votar por él este martes, los malos tiempos se han olvidado.

Nuevas reglas

El alcalde habrá invertido más de US$70 millones de su propio dinero en la carrera electoral, en una tormenta de publicidad a través de cualquier medio imaginable.

Nueva York.
La criminalidad bajó y el empleo subió en Nueva York con Bloomberg en la alcaldía.
En contraste, la campaña de Ferrer difícilmente alcanzaría los US$10 millones.

En el pasado, cuando no existían límites para los políticos y las donaciones para las campañas no eran controladas de una manera tan estricta, el partido Demócrata habría usado su formidable maquinaria para obtener los votos el mismo día de la elección.

Un signo de cuanto se ha debilitado el poder basado en las líneas étnicas puede verse en los datos de las últimas encuestas.

Ferrer, de ascendencia puertorriqueña, lidera sólo a un grupo étnico. Incluso allí, un tercio de los hispanos aseguró que apoyaría a Bloomberg.

La campaña de Ferrer ha intentado presentar a Bloomberg como un mega rico seguidor de Bush, a quien no le importa la justicia social en la ciudad quizá más competitiva del planeta.

Bajo el mantra de "Dos Nueva Yorks" y con el eslogan de "Él no es como Mike, él es como tú", Ferrer no ha logrado que sus ataques fuera de moda peguen.

Es como si Bloomberg hubiera cambiado las reglas del juego, y los demócratas no pudieran ni siquiera encontrar el nuevo libro de instrucciones.

Respuesta controlada

"No doy nada por seguro", dijo Bloomberg el sábado. Sigue en la lucha, de sol a sol, sin dejar nada a la casualidad.

En contraste, las declaraciones de Ferrer tienen un tono de desesperación.

Probablemente (Bloomberg) será recordado como uno de los mejores alcaldes en la historia de Nueva York
New York Times
"Estoy haciendo lo que puedo para presentar mi caso ante el mayor número de newyorkinos posibles", le dijo a sus seguidores en Staten Island.

El diario New York Times no anduvo con rodeos en sus palabras para referirse a un segundo período de Bloomberg cuando dijo que: "probablemente será recordado como uno de los mejores alcaldes en la historia de Nueva York".

Lo reprobó por su "obsceno" e ilimitado gasto en la campaña, pero la mayoría de los habitantes de Nueva York no comparten esta molestia. Predomina la visión pragmática que dice que él está gastando su propio dinero, no el de los newyorkinos.

Las notas en los exámenes de las escuelas están mejorando, el empleo es alto, la criminalidad ha alcanzado unos niveles históricos bajísimos, el tema de vivienda no es percibido como el gran problema que era hace cuatro años.

11 de septiembre

La era Bloomberg comenzó como un histórico punto bajo en Nueva York.

Michael Bloomberg en el subterráneo.
El alcalde ha incentivado a los newyorkinos a que continúen con sus rutinas diarias.
La ciudad acababa de perder cerca de 3.000 habitantes, el 11 de septiembre de 2001.

El miedo y la incertidumbre controlaban a la colectividad y un alcalde diferente pudo haber tenido problemas para lidiar con esta situación.

En un marcado contraste con el amplio uso que su partido adoptado realizó sobre los ataques del 11-S en la convención del año pasado, Bloomberg ha opuesto resistencia a la promesa de que sólo él puede mantener a la ciudad a salvo de otro ataque.

Su respuesta a la amenaza actual de un ataque terrorista ha sido comedida y sin histeria.

Desde su casa se dirige al trabajo en subterráneo, instando a los newyorkinos para que mantengan sus rutinas.

Luce tan seguro como lo puede ser cualquier cosa en la política, que la gente en Nueva York se ha dedicado a sus negocios bajo la batuta del alcalde Mike, por lo que lo estarán colocando en la alcaldía por un segundo y último período.

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