El presidente cubano, Fidel Castro, acudió este lunes a la Catedral de La Habana acompañado de varios miembros de su gobierno para participar de la misa que se celebro allí por la muerte de Juan Pablo II.
Castro firmó el libro de condolencias.
|
Entre los que acompañaron al mandatario se encontraban el vicepresidente, Carlos Lage, el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, el canciller, Felipe Pérez Roque, y otros ministros del gabinete.
También estaban presentes el cuerpo diplomático y representantes de las iglesias protestantes, ortodoxa y el presidente de la Comunidad Judía.
Castro, vestido de traje negro, se sentó en la primera fila, junto a Caridad Diego, la encargada de asuntos religiosos del Comité Central del Partido Comunista.
Ésta es la primera vez que el presidente cubano asiste a la Catedral de La Habana desde que en 1959 acudió al matrimonio de su hermana y es la tercera misa en que participa desde el triunfo de la revolución.
El templo y la plaza de la Catedral estaban abarrotados de fieles y público en general.
Este fue el primer acto público en el que se encontraron bajo el mismo techo el presidente cubano y James Cason, jefe de la oficina de intereses de Estados Unidos en Cuba.
Llamado a diálogo
El cardenal Jaime Ortega y Alamino, que ofició la misa, se detuvo en la entrada y también al abandonar el atrio para saludar a Fidel Castro y ambos, con mucha seriedad se limitaron a darse la mano.
 |
Dijiste antes de regresar a Roma que las medidas económicas restrictivas desde fuera del país eran injustas y éticamente inaceptables y eso te ganó para siempre la gratitud y el cariño de todos lo cubanos
|
La homilía del cardenal Ortega fue muy moderada, dedicándose casi exclusivamente a hablar de la figura del Papa Juan Pablo II, de las características de su pontificado y de su visita a Cuba en 1998.
Mucho más duras fueron las palabras del Nuncio Apostólico, quien expresó que hay aspectos de la vida de la sociedad en los que es conveniente "un diálogo con todos los grupos que integran el pueblo cubano".
El líder del opositor Movimiento Cristiano Liberación, Osvaldo Payá, trató infructuosamente de llegar a la catedral junto con su familia para rendirle honores al Papa difunto.
Horas antes, el mandatario había firmado el libro de condolencias de la Nunciatura, en el que escribió una página completa que alaba, entre otros aspectos, la condena papal del embargo económico de EE.UU. a Cuba.
"Dijiste antes de regresar a Roma que las medidas económicas restrictivas desde fuera del país eran injustas y éticamente inaceptables y eso te ganó para siempre la gratitud y el cariño de todos lo cubanos", indicó Castro.
"Fueron vanos los esfuerzos de quienes quisieron usar tu prestigio y tu enorme autoridad espiritual contra la causa justa de nuestro pueblo en su lucha contra el gigantesco imperio", escribió el presidente.