Los disturbios se han extendido a otras ciudades.
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El ministro del interior francés, Nicolas Sarkozy, declaró que los problemas detrás de las ocho noches de violencia en los suburbios pobres del norte de París han sido descuidados por 30 años y "necesitarán tiempo antes de ser resueltos".
Sarkozy había sido acusado de exacerbar la situación al llamar a los alborotadores "escoria", declaración que provocó la furia en algunos sectores franceses que comenzaron a pedir su renuncia.
En los últimos hechos de violencia, más de 500 automóviles, una estación de buses y un almacén de alfombras fueron incendiados.
Por primera vez los disturbios se expandieron a otras zonas con alto número de inmigrantes, especialmente en los alrededores de Marsella.
La ciudad de Dijon también fue escenario de violencia callejera y algunos disturbios esporádicos se registraron en el sur y oeste de Francia.
Líderes musulmanes piden respeto
Sarkozy parece haber moderado su lenguaje luego de las críticas.
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Los enfrentamientos se concentraron nuevamente en el departamento de Seine-Saint-Denis, particularmente en la localidad de Aulnay-sous-Bois.
Las autoridades enviaron 1.300 policías para patrullar concesionarios de autos, centros comerciales y dependencias del gobierno en Seine-Saint-Denis.
En tanto líderes musulmanes en la capital francesa han exhortado a los políticos a mostrar respeto por las comunidades de inmigrantes.
El jefe del consejo musulmán francés, Dalil Boubakeur, dijo que los inmigrantes no deberían ser consignados a viviendas dilapidadas que definió como vergonzosas.
Tintes políticos
Un almacén de alfombras arde en llamas en París durante los disturbios.
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El ministro del Interior Nicolas Sarkozy se reunió el miércoles con las familias de los dos adolescentes cuya controvertida muerte dio pie a las protestas.
El funcionario prometió que se llevará a cabo una investigación exhaustiva sobre el deceso de los muchachos, quienes murieron electrocutados en una sub-estación eléctrica de Clichy-sous-Bois, cuando presuntamente trataban de esconderse de la policía que los quería arrestar por provocar desórdenes.
Por su parte el primer ministro francés, Dominique de Villepin, se presentó ante el Senado para asegurar a los legisladores de que restaurar el orden público es su primera prioridad.
Según la corresponsal de la BBC en París, Tamsin Smith, la comparecencia del primer ministro también habría buscado mitigar los temores de que las peleas políticas internas dentro del gobierno podrían estar socavando los esfuerzos por poner fin a los disturbios.
De Villepin y Sarkozy son fervientes rivales políticos, y según la corresponsal de la BBC el lenguaje incendiario del ministro del Interior podría tener que ver con sus aspiraciones durante las próximas elecciones presidenciales.