La noticia de que un sismo de 8,7 grados en la escala de Richter sacudió la costa occidental de Sumatra provocó una rápida respuesta entre las comunidades del sudeste asiático que habían sido afectadas por el maremoto de diciembre.
A diferencia de entonces, ahora funciona un incipiente sistema de alerta temprana en el Océano Índico. Esta vez, el riesgo de que se produjeran olas gigantes fue rápidamente comunicado a toda la región por el Centro de Alerta de Tsunamis de Hawaii.
En cuestión de horas, las comunidades costeras de Sri Lanka, India y Tailandia fueron advertidas del peligro, y los residentes se trasladaron a zonas más altas.
¿Pero por qué en esta ocasión el terremoto no causó un tsunami?
Según el sismólogo John McLosky, de la Universidad de Ulster, la razón reside en la intensidad del terremoto.
Se ha mantenido la misma inestabilidad geológica que provocó el maremoto del año pasado.
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"Por cada unidad de escala de Richter la energía se incrementa en un factor de 30. Esta vez tuvimos probablemente de 12 a 15 veces menos fuerza. Y esto es crucial porque cuanto más energía se libera, mayor es la posibilidad de que se sacuda el lecho marino", explica.
"El otro factor importante es que el sismo tuvo su epicentro en un punto más profundo en el océano, por lo que afectó menos a la superficie".
"De modo que un terremoto de 8,7 grados no siempre genera un tsunami. De hecho, las olas gigantes que se vieron en diciembre son afortunadamente muy, muy raras", añade McLosky.
Lo que ha quedado en claro es que se ha mantenido la misma inestabilidad geológica que provocó el maremoto del año pasado.
De hecho, los más recientes temblores podrían incluso aumentar las posibilidades de que en poco tiempo se produzca otro gran terremoto en la región.
El equipo de McLosky, que había pronosticado un sismo de esta naturaleza tras el tsunami, actualmente investiga el riesgo de que se registre un segundo sismo en la provincia indonesia de Aceh en los próximos meses.