Decenas de miles de católicos congregados en la Plaza de San Pedro presenciaron la breve aparición que hizo un frágil Juan Pablo II, desde su ventana del Vaticano, para ofrecer la bendición del Domingo de Resurrección.
Muchos de los presentes derramaron lágrimas al ver que el Papa no podía hablar.
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Muchos de los presentes derramaron lágrimas cuando el Pontífice de la Iglesia Católica fracasó en su esfuerzo de pronunciar unas palabras a la multitud.
Sus ayudantes, que le habían acercado un micrófono para hablar, se lo retiraron y Juan Pablo II se llevó las manos a la cara, en visible señal de frustración.
Entonces, el Papa hizo una señal de la cruz.
"Sabiendo cuánto sufre y lo difícil que es para él hablar, fue precioso ver su esfuerzo. Me conmoví mucho", declaró un joven procedente de Boston a la agencia de noticias EFE.
Ejemplo de fortaleza
"Es un maravilloso ejemplo de fortaleza para nuestra iglesia", agregó.
Previo a la emotiva escena, su mensaje de Domingo de Resurrección fue leído por su secretario de Estado, el cardenal Ángelo Sodano.
En el mensaje, Juan Pablo II lanzó un llamado hacia el fin de los conflictos mundiales y pidió que los pobres y enfermos sean recordados durante las oraciones.
El Papa siguió cada letra escrita del mensaje con la versión escrita que tenía en sus manos.
Después de quedar unos 15 minutos mirando a través de su ventana, observó el resto de la misa por la televisión desde su estudio en el Vaticano.
Juan Pablo II, quien padece del mal de Parkinson, fue sometido a una operación de traqueotomía el 24 de febrero y su estado de salud preocupa a millones de católicos de todo el mundo.
Salud
Antes de leer su mensaje, el cardenal Sodano, quien ofició la misa en nombre del pontífice, le pidió a Dios mucha salud para el Papa, que en mayo cumple 85 años de edad.
"Hoy está más cerca de nosotros que nunca", dijo Sodano.
Es la primera vez, desde que comenzó su papado en 1978, que Juan Pablo II no puede hacer llegar directamente su tradicional mensaje de Pascua.
Con la alocución, conocida con el nombre latino de Urbi et Orbi ("A la ciudad y al mundo"), y las salutaciones en más de 50 idiomas, el Papa solía culminar los cuatro días de servicios en el Vaticano por la Semana Santa.