Si es hallado culpable, Libby podría ser condenado a hasta 30 años de prisión,
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Un fiscal especial acusó a Lewis Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney, de cinco cargos de obstrucción a la justicia, perjurio y falso testimonio en el caso que se sigue por la filtración a la prensa de la identidad de la agente de la CIA, Valerie Plame.
El fiscal Patrick Fitzgerald anunció los cargos siguiendo las recomendaciones del gran jurado.
El pliego de cargos no menciona a Karl Rove, uno de los más cercanos asesores del presidente George W. Bush y quien también se ha visto implicado en el caso. Sin embargo, se supo que Rove continúa bajo investigación.
Libby podría llegar a enfrentar hasta 30 años de prisión si es hallado culpable y podría pagar una multa de US$1.250.000.
Poco después de conocerse las acusaciones formales, Lewis Libby renunció a su cargo. La Casa Blanca aceptó inmediatamente la renuncia.
En su comunicado, el vicepresidente Cheney señala que aceptó la dimisión con "profundo pesar", describió a Libby como uno de los "individuos más capaces y talentosos que he conocido" y recordó que los acusados en su gobierno "son inocentes hasta que un jurado encuentre pruebas de lo contrario".
Cheney termina diciendo que Libby tiene derecho a que se le dé la oportunidad de defenderse, y que no es apropiado que comente sobre el caso.
Caso Plame
El fiscal investiga si hubo una decisión deliberada de filtrar a la prensa el nombre de Plame como una represalia contra su marido, el diplomático Joe Wilson.
Wilson, ex integrante del Consejo de Seguridad Nacional, viajó a Níger en 2002 para investigar informes de que Saddam Hussein intentaba comprar uranio a ese país africano.
Wilson declaró a su regreso que no creía en la veracidad de esos informes, debilitando así los argumentos de Bush de que el entonces presidente iraquí planeaba fabricar una bomba nuclear.
A pesar de las declaraciones de Wilson, Bush se refirió específicamente a un posible nexo Hussein-Níger en su discurso a la nación en enero de 2003.
Poco más de una semana después, el periodista Robert Novak dijo en una de sus columnas que un "alto funcionario" le había informado que el viaje de Wilson había sido instigado por su esposa, "una empleada de la CIA que trabaja en armas de destrucción masiva".
Con el informe, se reveló la identidad de un agente secreto, algo que constituye un delito federal.